20 de enero de 2022

Terrormolins 2021: Crónica 3

De homenajes y conspiranoias se alimenta el cine.

Si hubo un día lleno de giros inesperados de guion ese fue el jueves de TerrorMolins 2021. Y no hablo de películas en las que no veamos claramente hacia dónde nos quieren llevar, hablo de unas sesiones dobles que llevan de lo espamódico a la corrección sin despeinarse, una tarde-noche de atracción de feria para no olvidar.

Porque la tarde comenzaba fuerte con el debut de Dasha Nekrasova, que bajo el título The Scary of Sixty-First crea una historia de blanco o negro, nunca medias tintas, pero que al finalizarla, es imposible reducir tu opinión personal sobre ella a algo concreto. Nublada está mi idealización todavía. La directora, también parte del trío protagonista, sucumbe a la estética y el desfase mordisqueando la historia de Jeffrey Epstein hasta despedazarla. Para ello nos metemos de lleno en el mundo de las conspiraciones, las paranoias y las drogas con receta médica a través de dos chicas que comienzan a vivir juntas en un lujoso piso de Manhattan, uno con una fuerte carga sobrenatural, y una intrusa que acecha el lugar.

A partir de aquí todo vale: su imagen granulada y el color saturado, los zooms amenazantes y sus movimientos de cámara y las extremas actuaciones de una de las protagonistas cuando se encuentra poseída (ojo a ese orgasmo al estilo de Adjani en La posesión de Zulawski llevado a la sordidez, resultando en el premio a Mejor actriz para Betsey Brown en Molins) son solo el aderezo setentero a esa nueva necesidad de investigar una figura hasta la extenuación. De este modo nos lleva, a través de una lisérgica búsqueda de la verdad, a confabular sobre ricos depravadores sexuales que se mezcla con el fetichismo de la casa real inglesa y las facilidades de internet, para degenerar progresivamente y sin control en una historia de terror fetichista y de grandes grandes intereses monetarios en pleno auge navideño. Una espiral que seduce y atormenta para dejarnos con la duda de saber realmente qué hemos experimentado una vez finalizada la función.

Coming home in the dark

Nos vamos a la contención autoral de James Ashcroft con la neozelandesa Coming Home in the Dark, cuyas apabullantes imágenes están cargadas de cierta tristeza cuando la tensión no te deja apoyarte ni en las motivaciones de unos ni en la de otros, cuando el bien y el mal no encuentran una línea real que les separe. La película va un paso más allá de la historia de familia idílica que se encuentra fatídicamente con dos ladrones despiadados. En sus primeros minutos es cruel y directa, y nos promete un torbellino creciente de incomodidad, pero Ashcroft quiere darle un sentido a la forma de actuar de sus personajes, destacando con acierto que no necesariamente justifica los hechos, que realmente no existe un “yo soy así por mis vivencias”, y que las mentiras protectoras nunca son una solución. Nos encontramos ante una narración seca, oscura, con puntos de violencia entremezclados con esa reflexión acaparadora y sorprendente que te lleva a cierta extenuación dentro de unos argumentos sencillos que evocan errores y el fruto de la maldad. Coming Home in the Dark se llevó premios a Mejor dirección, guion, actriz protagonista y Mención especial a mejor actor por la imprevisible presencia de Daniel Gillies. El debut de Ashcroft sin duda promete.

Lo inevitable

Cae la noche y la tensión crece. ¿Qué comentar de Lo inevitable? Obviando el chiste fácil, diremos que otro tipo de autoritis hizo acto de presencia en el festival. Fercks Castellani se nos presentó como un hombre de referentes, y hasta aquí las formalidades. Avancemos que la película del director argentino no es una comedia, ni siquiera una involuntaria, pero no es fácil tomar en serio lo que propone. Esto ocurre porque quizá ya lo hemos visto antes, aunque da pie a elogios cuando hay una clara voluntad de fotocopiar como fue, por ejemplo, la Psicosis de Gus Van Sant. Digamos que a Castellani le apasiona Shyamalan, pero por respeto al tipo de cine que hace el indio, no se puede hablar claramente de la película referente, para no desvelar todo el pastel, para no ensuciar el visionado de aquel que se atreva a acercarse a ella. En un posible final de la humanidad, el director nos emplaza en la oscuridad de un bosque denso en una noche lluviosa. Sin duda acierta en su escenario y ambientación, pero es quizá la esperanza de que el espectador formule las preguntas adecuadas su verdadero error. Durante largo rato las conversaciones se repiten al ritmo de una imperativa radio apocalíptica (y aquí aparece el fanatismo por Orson Welles), hasta que el interés se va desvaneciendo hasta despertar la acción hacia el final, rompiendo así con la filosofía Shyamalan, que siempre da alicientes por seguir de cerca su historia, sea cual sea el inesperado final. También perturba en cierto modo el papel elegido para las mujeres, cuando queriendo resaltar su importancia y libertad, consigue el efecto contrario, siendo confusa su defensa. Lo que en su cabeza era maravilloso, no llega a plasmarse íntegramente en la imagen, convirtiéndose, inevitablemente, en un embrollo tedioso y anodino.

Del plagio mal al homenaje mejor que bien. Philip Gelatt y Morgan Galen King conseguían llevar una película de animación por primera vez a la competencia de TerrorMolins. The Spine of Night es una fantasía de espada y brujería que evita efectismos, novedades o mezclas inoportunas. No necesita reinventar el género, solo permitir que resurja con un incendiario argumento. Con la voz de Xena, la princesa guerrera alentando a su protagonista a descubrir los límites del tiempo y el poder —sí, una mujer lidera esta aventura—, nos adentramos en un mundo de magia oscura, envidias y poder que se enfrenta a cruentas desigualdades, duras batallas y violencia extrema. Vibrante y quimérica, a través de la rotoscopia reinterpreta una épica de luces y sombras (además de flores azules) que se disfruta sin ambages. Sin duda, gran merecedora del premio a Mejor película Bloody Madness.

Y así, confusos, paranoicos y rememorando viejos tiempos llegábamos al fin de una jornada de primeros encuentros.

The spine of night

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