Superación de saldo
Si hay una narrativa que hizo, hace y hará las delicias del público mayoritario estadounidense, esa es la de la superación del pequeño que se hace grande, la escalada a la cima de la disciplina que se tercie de aquel que empezaba desde lo más abajo de la pirámide. Convención facilona que, de mano de la espectacularidad y popularidad de los relatos deportivos, ofrecen un filón provechoso del que emergerán títulos como el que Sony Pictures Animation estrena en pantallas de todo el planeta el próximo viernes 13 de febrero. Hablamos pues de Como cabras, realización de Tyre Dillihay y pueril intento de traducir al castellano un GOAT angloparlante que alude a un habitual juego de palabras de Internet, más concretamente del ámbito deportivo. Un entretenimiento funcional que exhibe el portentoso estado de forma de la animación actual en el entorno de los grandes estudios, pero tan mermada a nivel creativo como para no trascender la curiosidad más ligera. Un amasijo de códigos y situaciones gastadas, amén de regurgitados de otras tantas producciones recientes inequívocamente similares.
En la estela de la popular Spiderman: un nuevo universo, el presente largometraje apuesta también por la combinación de fondos 2D y personajes 3D con texturas de cómic y superficies rugosas, que preservan su fuerza cinemática pese a ser un estilo que, sobre la base de erigirse en rasgo de marca de Sony, está ya un tanto gastado. El poderoso acabado estético y tempo frenético del montaje (realzado por su conjunción con melodías de Hip-Hop) son los grandes activos de un largometraje que logra construir una mitología vistosa, donde a los animales antropomórficos de escala respetada se suman una ciudad liana frondosa que la distingue de una Zootrópolis a la que, no nos engañemos, se parece demasiado. Su condición de vistoso ejercicio de marketing de una plétora de marcas le permite afianzar un retrato estético preciso del universo del baloncesto (el rugebol no es otra cosa, se llame como se llame) como pocos mas explosivos se han visto recientemente en la gran pantalla. Con el suficiente carisma y descaro como para tener personalidad propia mas allá de su cristalina influencia de Space Jam.

Rescatando el demasiado reciente eco de Zootrópolis 2, integrar los rasgos de carácter comúnmente asociados a cada especie animal logra un eficaz efecto cómico a la hora de definir a los personajes. El personaje de la veterana estrella Jett Fillmore, orgullosa y frustrada víctima del individualismo y de la presión de las redes sociales, es el rasgo más seductor del recorrido, así como su interacción con el admirable protagonista interpretado por la cabra Will Harris. La dinámica entre el mito que se cae y el aficionado infantil convertido en maduro integrante del equipo es el corazón dramático de la aventura, y permite representar de manera elocuente las tóxicas dinámicas que se pueden producir en cualquier equipo cuando su rutilante estrella prioriza sus registros personales por encima de los éxitos de unos compañeros opacados a los que arrastra a la derrota. El cambio de paradigma que introduce Will al equipo al fomentar el compañerismo y el juego colectivo en detrimento de las individualidades es la enseñanza ética transmitida de manera mas convincente, por encima del trillado recorrido del pequeño que sueña grande contra todos aquellos que le descartaban sin siquiera haberle visto.
A menos que seas un infante de menos de 6 años de edad o que no hayas visto más de diez películas en tu vida, el recorrido de Como cabras es ajeno a cualquier tipo de sorpresa o idea novedosa. Otras películas de Sony, otras de Disney, películas de baloncesto o de Hip-Hop…nos encontramos ante una amalgama de títulos más populares y mejores. Pero el rasgo mas burdo del conjunto es como su tempo frenético fuerza a todo a tener un impacto liviano, y a sus conflictos a forzarse atropellados sin desarrollos convincentes. Un filme de partidos de baloncesto donde estos son desaprovechados, reducidos a montajes con instantes aislados y batallas reducidas a la expectación de los últimos puntos. La oportunidad de conocer en profundidad las diferentes ciudades de los partidos o los fieros integrantes de los equipos rivales se desperdicia por completo, y toda posibilidad de vivir en paralelo al protagonista su odisea para entrar en el baloncesto profesional, esto se resuelve de un plumazo de una manera tan poco creíble como sencilla y arbitraria. La moralina y el compañerismo motivacional de superficie es todo lo que sus espectadores podrán sacar en claro.

Si apelar a la cultura de la NBA no era suficiente, el equipo creativo de la película tomo la vergonzante decisión de empaparse del humor lingüístico de las nuevas generaciones en internet. Es por todos sabidos que estas chanzas caducan pronto, y la línea en la cual se pasa de utilizar este léxico con sentido a tropezar con una desfasada incomprensión de los términos es tan fina, que me permitirán la licencia de dudar que el paso del tiempo sea benigno con esta película. Varias escenas cómicas de uso de términos para apelar a los chavales mas entusiastas del chat provocaron que este magnánimo y sereno crítico desease arrancarse las orejas de cuajo.
Irreverente, moralista y atropellada, Como cabras procura marcar todas las casillas para cumplir como funcional y accesorio entretenimiento que permita enajenarse a los más pequeños de la casa mientras asimilan a vastas cucharadas un puñado de enseñanzas solidarias normativas. Aquellos que confiamos en las infinitas capacidades de la animación para hacernos soñar solo podremos suspirar alicaídos ante la sucesión inmisericorde de clichés de un exponente de mortandad creativa en todos los frentes.
