mayo 28, 2020

Críticas: La gran familia española

La gran familia española - Cinema ad hoc

Daniel Sánchez Arévalo se zambulle en las relaciones familiares.

Cuando AzulOscuroCasiNegro se estrenó a principios de 2006, lo que los espectadores de cortos tan estimulantes como Física II o Profilaxis ya habían pensado comenzaba a confirmarse: el madrileño Daniel Sánchez Arévalo se presentaba como uno de los directores españoles a tener más en cuenta de cara al futuro inmediato. Si Gordos supuso una confirmación atípica, con una película tan irregular como repleta de riesgos bien asumidos; de Primos podía decirse lo contrario, al ser una comedia tan eficaz y definida como en cierta medida indigna de su talento si atendemos a los dos títulos anteriores. Así, la sensación con la que llegábamos a La gran familia española, una de las películas nacionales más esperadas del año –no sólo por el público– era la de encontrarnos ante un cineasta que con cada título había dado un pequeño paso atrás, aunque siempre dando sobradas muestras de su personal mirada.

Aprovechando aún el rebufo del descomunal éxito de público que supuso Primos, La gran familia española es una comedia melancólica que ahonda en la misma línea que tan bien le funcionó entonces, con grandes similitudes tonales: personajes cercanos, entrañables, bien definidos y que verbalizan sus omnipresentes miedos y traumas. En esta ocasión se centra por completo en el núcleo familiar, muy presente en su filmografía pero que nunca había sido el corazón de ninguno de sus largometrajes –sí lo fue del corto Traumalogía–. Opta también por explorar la línea coral que siempre ha ido puliendo, contando con la mayoría de los intérpretes habituales de su cine.

La gran familia española (Quim Gutiérrez) - Cinema ad hoc

La excusa argumental es la coincidencia de la celebración de una atípica boda –los novios tienen 18 años y están prometidos desde la infancia para cumplir uno de los deseos del padre de él, emular la familia de Siete novias para siete hermanos– con la final del Mundial 2010 que ganó España. Aunque toda la promoción está lógicamente centrada en el partido, pronto comprobamos que su presencia es un trasfondo latente que provoca que el espectador se identifique con los personajes, cuyas peripecias se hallan muy lejanas a la celebración del mismo.

De hecho, durante la primera mitad, Sánchez Arévalo se harta de explotar todos los recursos que tiene a su mano para provocar esta cercanía. No le tiembla el pulso al poner a bailar a sus protagonistas al son del Feel So Close de Calvin Harris en una escena que bordea el ridículo, incluir varias secuencias cercanas al videoclip o contrastar el drama familiar con la comicidad del personaje de un deficiente mental, que poco a poco deja de ser el recurso pesado que supone al comienzo para convertirse en entrañable. Se mueve de maravilla en ese terreno, aunque por momentos sea inevitable pensar en lo que ha podido dejar atrás en aras de ese populismo.

La gran familia española (3) - Cinema ad hoc

También se revela como un enorme director de actores, algo por lo que se ha caracterizado desde sus comienzos. El elenco de una propuesta tan coral como La gran familia española despunta a un nivel altísimo, desde los habituales Quim Gutiérrez, Antonio de la Torre o Héctor Colomé hasta un Roberto Álamo que consigue que el personaje más complicado sobre el papel no provoque vergüenza ajena. Pero lo que más destaca son sus descubrimientos: si Primos nos brindó una gran interpretación del desconocido Adrián Lastra, aquí son los jóvenes Patrick Criado, Arantxa Martí y Sandra Martín quienes sorprenden por su descaro y naturalidad.

Así, la segunda mitad presenta el estallido de los soterrados conflictos emocionales con una agilidad envidiable, sirviéndose inteligentemente de los puntos álgidos del desarrollo del partido, en la mente de todos, para otorgar cercanía y empaque a una coralidad que se llega a antojar excesiva. Las escenas más complicadas son resueltas con un balance que tiende más hacia la sinceridad que hacia el artificio, a pesar de esa cierta tendencia –en ocasiones peligrosamente cercana a lo inverosímil– de los personajes a verbalizar y convertir en obvio hasta el más mínimo detalle.

La gran familia española (Quim Gutiérrez) - Cinema ad hoc

La gran familia española no deja conclusiones para el recuerdo, pero funciona a la perfección y evita que la carrera de un cineasta notable pueda sentirse en retroceso. Y es que no hay muchos con su habilidad para embelesar creando situaciones y personajes que, a menudo, no escapan en su fondo de la complacencia más elemental. El mérito de Sánchez Arévalo sigue siendo muy plausible: el hipotético y presumible éxito de la película no se deberá únicamente a la mastodóntica promoción de Antena 3, sino también a la eficacia de su sello.

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