agosto 14, 2020

Entrevistas: Irene Gutiérrez

Irene Gutiérrez

Hablamos con la directora de Hotel Nueva Isla.

Hotel Nueva Isla es una coproducción hispano cubana de bajo presupuesto que transcurre en el interior de un hotel en ruinas donde resiste su último morador, Jorge de los Ríos, quien dedica sus días a buscar las reliquias de quienes lo habitaron antes de la llegada de la Revolución cubana. Su directora, Irene Gutiérrez, española residente en La Habana desde hace tres años donde dirige la cátedra de cine documental en la Escuela de cine de la Universidad de La Habana, ha venido para presentarnos la película y con ella hemos tenido ocasión de charlar sobre ella largo y tendido.

Acabas prácticamente de venir de Rotterdam donde se ha estrenado la película, ¿cómo ha sido la acogida por el público del festival?

Irene Gutiérrez: Muy buena. Hubo dos pases con lleno completo, no nos lo esperábamos porque había 400 títulos entre largos y cortos y teníamos el miedo de que una película tan pequeña se perdiera. Lo más interesante es que el público holandés es muy cinéfilo, difícilmente abandona la sala, había cosas que se las tomaban con muy buen sentido del humor y en su mayoría permaneció después en las sesiones de preguntas y respuestas y lejos de preguntar sobre Cuba que era lo que pensábamos, preguntaban sobre la película, sobre cómo la hicimos, cómo conocimos a Jorge, cómo él interactuaba con nosotros, sobre la historia del hotel, etc…eso fue muy bonito. Y hay una cosa muy interesante y es que en el festival la película no fue etiquetada ni como documental ni como ficción, allí las películas no están etiquetadas, son películas. Cuando preguntamos al seleccionador del festival por qué estaba allí nuestra película al ser tan artesanal nos dijo que era porque tenía punto de vista, estructura y mucho amor, y claro nos sentimos muy orgullosos y agradecidos de estar allí.

Entonces si lo que se muestra en Hotel Nueva Isla es real, ¿podría definirse más como un documental?

I. G.: Es un híbrido. No creo en la diferenciación, de hecho yo manejo una cátedra de documental y todo el tiempo le digo a la escuela que creo que hay que unir las cátedras de documental y de ficción y hacer una sola cátedra de dirección. El cine al final son películas, todo documental tiene una parte de ficción y toda ficción tiene algo de documental y creo que Hotel Nueva Isla responde a eso. Evidentemente es una película de base documental, no hay personajes sino personas reales, la historia es real, pero durante todo el año que duró el proceso el trabajo consistió en cómo no contar la película como si Jorge hablara de sí mismo sino en hacerlo de manera más cinematográfica. Hicimos pequeñas puestas en escena que eran cosas muy simples porque no teníamos guión, sino que acontecían cosas en un momento dado y al día siguiente pensábamos en cómo filmar eso que hablaron el día anterior o lo que Jorge nos había contado de manera cinematográfica. Eso lo probábamos y si funcionaba bien, si no lo volvíamos a repetir, como teníamos un año entero para probar…

¿No poníais entonces la cámara para captar la rutina de Jorge al natural?

I. G.: A veces sí y a veces no. Hay cosas que en ese momento estaban ocurriendo y poníamos la cámara, hay otras cosas que Jorge hace todos los días para las que esperábamos a tener buena luz y un buen lugar para rodarlas porque La Habana es muy ruidosa. Filmamos casi todo de noche.

Jorge de los Ríos, el protagonista, falleció el año pasado, ¿llegó a ver la película terminada?

I. G.: Sí la vio pero no vio el último corte. Jorge era un hombre muy exigente consigo mismo y con nosotros y cuando le enseñamos lo que teníamos nos dijo “yo quería encontrar errores míos de actuación y quería encontrar errores vuestros y no los veo, ya puedo morirme tranquilo”. Lo decía bromeando porque no le tenía mucho apego a la vida, pero poco después se murió. De hecho queríamos haber filmado algo más con él durante el verano pero él ya estaba muy enfermo y muy delgado. Le dolía mucho la boca y nosotros vivimos con él todo el proceso de médicos pero no filmamos nada más.

He leído en la web de la película que la idea surgió a raíz de tus paseos nocturnos por La Habana haciendo fotografías, ¿cómo fue que llegasteis a conocer a Jorge de los Ríos y pensar en él como protagonista?

I. G.: En 2010 estuve como jurado del Festival de La Habana en la sección de documental. Todos los días veíamos una media de 4 películas y por las noches Javier Labrador (co-director de la película) y yo nos íbamos a hacer fotos por La Habana más escondida, y en esas caminatas hablando del cine que nos gustaba, con las cámaras a cuestas, trabajando con la luz tan precaria de La Habana…decidimos que queríamos hacer una película nocturna y sobre el barrio de Jesús María, que es un barrio marginal donde no entran muchas cámaras pero que al mismo tiempo está al lado del Capitolio. Es decir, es un lugar extraño porque es muy céntrico pero a la vez bastante cerrado a los extranjeros. Una de esas noches encontramos el hotel, nos fascinó su arquitectura y volvimos otro día por la mañana y nos encontramos a Jorge leyendo en la puerta.  Jorge transmitía un aspecto un poco de dandi, un poco quijotesco, era un hombre muy parco pero hablamos con él y nos subió al hotel para enseñarnos su cuarto, descubrimos que tenía todas sus paredes escritas y que tenía un mundo interior muy interesante y además el hecho de que perteneciera a una generación que había apostado por la Revolución nos gustó. En un primer momento teníamos a 3 personas más pero al final decidimos hacer la película sólo con Jorge y sin salir del hotel.

¿Fue fácil obtener los permisos tanto del gobierno cubano como la autorización de los habitantes del hotel para rodar allí?

I. G.: Tardamos 3 meses en conseguir la llave del hotel porque pertenece al Estado y es ilegal filmar allí. Había noches en las que estábamos rodando con Jorge y de repente se caía un trozo de pared, por eso evidentemente el Estado cubano no nos hubiera dado permiso para rodar allí, por seguridad. Además yo soy extranjera, si a mí me pasa algo en suelo cubano supondría un problema diplomático para mí y para la escuela de cine, de manera que yo entendía el riesgo que corríamos al no tener un permiso. Los vecinos además no querían perjudicarse porque al ser estatal es como un albergue en el que ellos tienen derecho a estar, entonces si hay problemas no les dejarían estar allí. Para ellos era una situación compleja y nosotros nunca quisimos ponerles en peligro. Después de cuatro meses de estar yendo allí, ya nos habíamos hecho como de la familia y tuvimos un acceso directo que nos fue facilitado porque sólo éramos dos personas en el equipo y porque éramos pareja. Fue fácil ganarse su confianza en ese sentido. Además llevábamos un equipo mínimo en una mochila y nadie los veía hasta que no estábamos dentro del hotel, y al rodar de noche era todo aún más íntimo.

El hecho de mostrar a un hombre que se aferra a seguir viviendo en un hotel en ruinas, me ha parecido como si fuera una metáfora de esa generación a la que pertenecía Jorge de los Ríos, que vivieron y creyeron en la Revolución y no quieren marcharse de Cuba a pesar de la situación, ¿os lo planteasteis de esta manera?

I. G.: Nosotros nunca hemos pensado en metáforas ni nos gusta hablar de ellas. Jorge vivía en el hotel y ésa era su vida, se puede pensar “un hombre con el pelo blanco, barba blanca, el hotel es Cuba, se está arruinando, lo destruye pero lo quiere, luego lo odia…” Nosotros tardamos mucho tiempo en comprender la rutina de Jorge, por qué buscaba esas cosas, por qué escribía en las paredes, qué era lo que escribía, si estaba arreglando el hotel o lo estaba destrozando, pero nunca emitimos un juicio de valor ni pensamos a priori sobre la metáfora. Esa era su forma de relacionarse con el espacio, de crear su propio universo y también de tener una ocupación todos los días buscando esos tesoros o las leyendas que quedaron atrapadas entre los muros de la gente que abandonó el hotel durante la Revolución. Que después funciona como metáfora, puede ser pero para mí es realmente un retrato de un hombre muy particular que perteneció a una generación muy particular. Jorge no se fue porque en los años 80 vivía muy bien, lo que pasa es que después llegó el “periodo especial” y todo cambió. En ese momento tampoco se quiso ir curiosamente por amor, porque se iba a casar y no necesitó irse a otro lugar. Sin embargo él tiene una hija en Miami, su hija mayor de la que aparece una foto en su cofre en la película, que de vez en cuando iba a verle y le preguntaba si quería irse pero él decía “¿qué voy a hacer yo a estas alturas ya en Miami? Este es mi lugar, yo me quedo aquí.” Su mundo se lo creó dentro del hotel, ni siquiera salía mucho. Para él no hubiera sido fácil irse, ni le apetecía vivir una vida capitalista en Miami.

¿Se ha visto ya la película en Cuba?

I. G.: Todavía no, ojala se vea. Tenemos muchas ganas pero depende de si la quieren en el Festival de La Habana o no, no sé si por temática pueda entrar y si lo hace seríamos muy felices. Si no entra haremos un pase en el barrio de Jesús María, porque además hicimos allí un taller de actuación para no actores y nos cedieron un local muy impresionante que el Estado la usa como Casa de la Cultura, y nos gustaría mucho presentarla ahí para la gente del barrio en homenaje a Jorge que por desgracia no podrá estar.

¿Os costó mucho conseguir la financiación para la película?  

I. G.: La financiación empezó a aparecer desde que se firmó un contrato de coproducción y la primera ayuda que salió fue del ICAA, cuando sólo era una producción española era más complicado. Lo lógico era tener una coproducción con Cuba porque era una película hecha allí y con equipo cubano. A partir de ahí fue un proceso muy largo de conseguir fondos pero se pudo pagar porque era una película muy barata, también nosotros hemos aprendido mucho de producción ejecutiva, de dónde acudir, fueron muy útiles los laboratorios de desarrollo de Buenos Aires, de Costa Rica, y luego ya por último conseguimos Sundance que fue una ayuda muy importante porque creo que es la primera ayuda de Sundance a una producción cubana al ser dinero norteamericano. Al ser mitad española pudimos pedir esta ayuda por España, y el resto de fondos, al ser mitad cubana, los pedimos por Cuba porque tenían que ser proyectos de Centroamérica y Caribe, así que tuvimos esas dos vertientes que nos ayudó mucho. Y ya al final surgió Ibermedia hace dos meses cuando la película ya estaba empezándose a editar. Lo mejor de los productores que he tenido es que nunca nos dijeron que no, y realmente era una locura que con el poco dinero que teníamos el rodaje durara un año pero fue una condición que les pedimos y nos dijeron que si podíamos estirar ese dinero en un año adelante con ello. Si no hubiéramos tenido tanto tiempo esta película no hubiera existido.

–  Después de Rotterdam, ¿cuál es el viaje que va a hacer Hotel Nueva Isla?

I. G.: En Rotterdam se hizo la premier y de hecho no lo esperábamos, el DCP estuvo listo una semana y media antes del festival o sea que todo fue muy rápido porque la película estaba muy reciente. Entonces estrenamos allí y a partir de ahí hubo gente que vio la película y empezaron a mandarme mails para ir a otros festivales como el Festival de Cine Latino de Toulouse, que va ahora en marzo en una sección que se llama Otra mirada que es donde se encuentra el cine más radical y donde mezclan por igual documental que ficción, es decir, un tipo de cine muy de autor. Después irá a JeonJu en Corea a competición internacional en el apartado de documental

¿Tiene ya distribución en España?

I. G.: No hay distribuidora ni agente de ventas ni nada. Esta película es muy pequeña, tiene un presupuesto muy bajo, un equipo de sólo dos personas, hecha con una cámara 5D con una lente que yo compré cuando tenía 20 años y ya está. Es una película muy pequeña que necesita de alguien que lleve todo el tema de festivales porque sobre todo en Cuba el acceso a internet es muy limitado y yo no puedo hacer las inscripciones desde allí, eso me vendría muy bien en ese sentido, pero distribución convencional en España de momento nada. Esperaré al Festival de Cine Europeo de Sevilla aunque la película tendría que esperar un año entero, pero tampoco tengo prisa, prefiero que la película viaje más fuera. Tenemos una oferta del Festival de Murcia para competir en internacional y en ópera prima.

¿Qué esperas del público cubano y del español cuando vean la película?

I. G.: Tengo muchas ganas de verla con público cubano porque comentan la película en voz alta durante las proyecciones y eso es lo mejor que te puede pasar, que vas a saber en el momento si la gente se va, si se ríe, si dicen “tremenda pinga”…y eso va a ser muy interesante porque es una película hecha en Cuba sobre personas cubanas. Y en España pues ojala que tenga un buen estreno sobre todo y que se pueda ver y compartir, porque al final el cine se trata de compartirlo y de que la gente critique lo que no le guste y aprender para seguir haciendo películas.

En un año da tiempo a todo tipo de anécdotas de rodaje, ¿qué fue lo más divertido?

I. G.: Fue muy divertido aprender a dirigir a un perro (risas), eso fue un reto grande. Trabajar con niños también, fue difícil trabajar con Marian porque ella era muy tímida, no habla prácticamente en la película, siempre miraba a cámara, pero bueno al final jugando con ella, bromeando, compartiendo comidas, fue abriéndose.

¿Cómo fue la relación con Jorge de los Ríos después de todo un año trabajando juntos?

I. G.: Al final creamos una especie de familia porque Jorge estaba un poco solo. Nosotros durante el rodaje insistimos mucho en que su hija fuera a verle, le íbamos a pagar el viaje incluso, sus otros hijos de otro matrimonio que estaban en Cuba también intentamos que vinieran al rodaje, no para filmarles si no querían sino para ver a su padre, pero no funcionó. Los últimos días de la vida de Jorge, al final Josefina, su novia, la gente que aparece en la película y nosotros éramos los únicos que estábamos con él. Lo que nos proporcionaba un poco de candor en nuestros corazones era el hecho de que, aunque fuéramos a rodar a las 2 de la mañana, él nunca nos dijo “no vengáis, no tengo ganas, prefiero dormir…” y el día que no íbamos al día siguiente nos echaba la bronca. Fue un año entero y se podía haber cansado, nos podía haber mandado al carajo con tanta toma, pero día tras día quería volver a filmar así que creo que él también disfrutó mucho de esa experiencia de poder aprender de sí mismo como alguien que está al otro lado de la cámara. Nunca entendió por qué nosotros consideramos que su vida y él mismo eran interesantes para hacer de él el personaje principal, y nosotros nunca entendimos porqué nunca nos dijo que no a nada a pesar de ser dos directores completamente novatos, creo que fue un intercambio muy bonito, de muchas incertidumbres en el camino, de confianza mutua e hicimos un poco familia. Grabamos mucho texto con él pero el corte final sin tanto diálogo corresponde mucho al carácter de Jorge, podía haber sido una película más explicativa o más clara pero es que a él no le gustaba hablar mucho. Era una persona muy solitaria, muy anacoreta, que incluso cuando empezó con el tema de los médicos tuvo que hacerse un DNI para que le pudieran atender porque no lo tenía. En Rotterdam yo sentí mucha pena de que Jorge no pudiera estar allí, me hubiera encantado, pero en parte sentía que estaba allí.

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