junio 2, 2020

Atlántida Film Fest: El lugar del hijo

El lugar del hijo portada

Abrimos el Atlántida Film Fest con la ganadora del Festival de La Habana.

Hace apenas un mes veíamos en la Sección Oficial del Festival de Cine de Berlín la película argentina La tercera orilla, un afortunado esfuerzo por hacer patentes los rescoldos del patriarcado que persisten en la sociedad argentina de nuestros días. La cinta que nos ocupa comparte buena parte de los objetivos de aquélla pero paradójicamente se construye mediante la contraposición de términos, es decir, si en el film de Celina Murga la figura paterna era el orbe alrededor del que giraban todos los elementos presentes en ella y su presencia física era una constante, un referente, un pozo gravitatorio, en el de Manuel Nieto el discurso se construye a través de la ausencia, de los efectos que ésta provoca cuando un universitario y activista estudiantil, Ariel (Felipe Dieste) debe hacerse cargo del fallecimiento de su padre.

La parálisis

No será sólo la agresividad de ese medio machista el que condicione las opciones de Ariel, una semiparálisis que ralentiza su expresividad vocal y gestual es utilizada para reafirmar una alienación con respecto a todo lo que le rodea, un efecto sin duda buscado por el director y que refuerza su pesimista discurso. Pese a no ser mencionada explícitamente es obvia a lo largo de muchos momentos no sólo en lo evidente (cuando Ariel habla, etc.) sino también como elemento del que se aprovechan los demás, como si esa limitación expresiva fuese un baldón que le impide ser un hombre completo y reclamar su lugar en ese escalafón patriarcal. Un cristal, no por translúcido menos real, separa a Ariel de los demás, separación que se muestra gráficamente en el film cuando se nos presenta a nuestro protagonista mirando la fiesta universitaria a través del deformante vidrio de una puerta. A un lado él, al otro sus compañeros que hablan, beben, ríen etc. él puede unirse pero sabe que nunca será un elemento más del grupo, de la colmena. Nadie se lo dirá pero seguirá estando al otro lado.

El lugar del hijo

La huelga

Quizá ese conocimiento de estar fuera del grupo social, de ser un caso aparte, condiciona y reafirma las convicciones políticas de Ariel, siempre en búsqueda de hallar ese sitio al que hace referencia el título del film. Pese a ello se encontrará con que aquí la ideología aquí es una esfera plenamente alejada del mundo real, una sombra de una mueca, los encierros universitarios algo así como una excusa que camufla a los estudiantes/diletantes más preocupados por el consumo de alcohol y drogas. Las dos confrontaciones de Ariel con la realidad proletaria (con los obreros en huelga de hambre y con el personal encargado del ganado en la finca familiar) mostrarán su lejanía con respecto a una clase social cuyos intereses dice defender y que, en realidad, no conoce en absoluto. En el caso de los peones dicha distancia especialmente notable: en lo físico, en lo expresivo, en el aroma a amenaza permanente que el director plasma en lo que, probablemente, sean los mejores momentos de la película. Al igual que los Social Revolucionarios eran molidos a palos en las aldeas decimonónicas rusas, Ariel quedará marcado por el conflicto urbano-rural. El lugar del hijo no está tampoco entre aquéllos a los que supuestamente representa.

Uruguay

Al final, la historia de Ariel parece una hábil sinécdoque para representar un país, Uruguay, en el que la desafección entre dos mundos, el que pervive en la tradición paternalista sujeta a la tierra y el intelectual urbano de la capital Montevideo, es tan evidente que cualquier intento de conexión entre ambos supone una certeza de fracaso. Tras ver la muy interesante película con la que abrimos nuestro recorrido por el Atlántida Film Fest nos damos cuenta que todo es abstracción, utopía, que en El lugar del hijo no existe el lugar del hijo.

El lugar del hijo 2

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