julio 11, 2020

Críticas: Black Coal

Black Coal

La soledad era esto.

Black Coal quedará para la posteridad como aquella película que le robó el Oso de Oro de Berlín 2014 a Boyhood, el largometraje de Richard Linklater. No obstante, pese a no tener la trascendencia de la cinta del estadounidense, el filme de Diao Yinan es una más que interesante muestra de cine negro que se centra antes en los personajes y su particular entorno que en la trama más o menos enrevesada tan propia del género.

El realizador chino deja claras sus intenciones desde las primeras imágenes. Un montón de carbón y un paquete, que pronto descubriremos que contiene una de las extremidades de un cadáver, parecen ponernos sobre aviso acerca de una cinta oscura que aborda los aspectos menos brillantes del ser humano. Ya el mismo título internacional, Black Coal, Thin Ice, deja claro que nos encontramos ante un trabajo donde la suciedad  y la frialdad del paisaje influyen en unos protagonistas tristes y solitarios.

La cinta sigue los pasos de un detective de policía recién divorciado que se encarga de un curioso crimen donde el cuerpo de la víctima, cruelmente desmembrado, ha quedado repartido entre diversas minas de carbón. Cinco años después del suceso, en 2004, el agente, que no ha podido superar la separación de su mujer y los trágicos acontecimientos que cerraron de manera violenta el caso, comienza a investigar a la viuda del presunto asesinado, una trabajadora de una tintorería que se ha visto vinculada a varios homicidios.

Black Coal 2

Diao Yinan utiliza una trama propia del thriller para abordar las historias de unos personajes que están a la deriva y encuentran en el alcohol, el sexo y el crimen su particular salida a su aburrimiento existencial. Todo ello tiene lugar en una de las ciudades de provincias del norte de China, donde el frío y el evidente retraso tecnológico respecto a poblaciones más importantes incrementan más si cabe la sensación de hastío. En algún momento, esta visión nada turística del país recuerda al retrato que realizara Jia Zhang-Ke en la estupenda Un toque de violencia, aunque las intenciones de Yian sean más intimistas y menos políticas que la de su compatriota y compañero de generación.

Sin embargo, aunque el guion se guarda las habituales sorpresas para el desenlace, el libreto destaca por su particular atención al detalle, que permite que el espectador más avispado pueda intuir la importancia de algún personaje en principio secundario que va ganando peso a lo largo de la trama. Por otra parte, a pesar de dibujar un panorama desolador y encontrarnos ante una cinta de horribles crímenes, el cineasta chino se revela como un artista bastante comedido al visualizar la violencia y la sangre, una característica especialmente evidente en una escena donde el espectador intuye más que presencia un asesinato. En este sentido, cabe destacar la sobriedad y elegancia de un realizador que nunca se recrea en el gore ni cae en el esteticismo vacío. Igualmente acertado se muestra en la dirección de unos estupendos intérpretes, que logran trasmitir el malestar que consume por dentro a sus personajes. Mención especial merece Liao Fan, ganador del premio al mejor actor en el Festival de Berlín, que encarna de manera precisa a ese detective violento y alcohólico que se obsesiona con el caso que dejó sin cerrar un lustro atrás.

Black Coal 3

Pese a todo, Black Coal dista de ser perfecta debido a su abultado metraje y a cierta morosidad que puede acabar con la paciencia del espectador poco habituado al cine oriental de autor. Estos defectos no impiden que  la tercera cinta de Diao Yinan sea un paso más en una carrera como realizador, iniciada con los largometrajes Uniform y Night Train, que parece empeñada en reflejar la soledad en el mundo moderno.

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