agosto 11, 2020

L’Alternativa 2015: Día 1

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Primera crónica de L’Alternativa 2015.

Iniciamos La Alternativa en la sección panorama con dos propuestas, aparentemente muy parecidas entre sí, pero cuyo contenido y significado difieren notablemente. Aunque ambas producciones, Pueblo e Ingen ko pa isen, presentan a personajes solitarios en plena desubicación existencial y espacial; uno obligado a volver a su tierra y otro forzado a precisamente lo contrario exiliarse en busca de una vida mejor. Sin embargo, y como veremos a continuación, sus circunstancias (y el tono y objetivos respectivos de sendas producciones) no pueden ser más diferentes.

Pueblo, dirigida por Elena López Riera, nos sitúa en plena celebración de Semana Santa. En la oscuridad de un pueblo (cuyo nombre se omite para permitir cierta universalización del tema) vemos el deambular de un joven del que solo sabemos una cosa: que ha vuelto después de 4 años en París. Con esta sencilla premisa asistimos a la metaforización de un estado de un ánimo no solo de un joven sino de un país entero. Por un lado gentes celebrando una festividad, completamente ajenos a la situación de crisis que golpea al país, por otro al retorno del protagonista que sí ha vivido en propias carnes la dureza de la crisis pero que no encuentra su lugar ni en su exilio ni en su retorno. Pueblo es un cortometraje oscuro, desesperanzado, que juega a fusiones entre oscuridades globales e íntimas, al análisis de una situación global de crisis a través de un juego especular entre lo individual y lo colectivo, lo local y lo global. Quizás, en su debe, hay una cierta obviedad en el uso tanto de la iluminación como de los símbolos, aunque ello no es óbice para resaltar la inteligencia de una propuesta, modesta en recursos, pero suficientemente hábil en su explotación como para dejar el poso amargo que buscaba y requería.

Pueblo
Pueblo

De alguna manera esto choca con la siguiente producción visionada, Ingen ko pa Isen (No cow on ice), cuya visión del exilio exterior, de la búsqueda de trabajo de su director y protagonista Eloy Domínguez Serén en Suecia, ofrece claroscuros en cuanto al desarrollo y mensaje final. Cierto es que la pretensión primera, y en cierto modo explicitada durante todo el metraje, es mostrar las vicisitudes de alguien que, a pesar de sus estudios, se ve forzado a buscarse la vida fuera de España en busca de trabajo, muy por debajo de su calificación profesional por cierto. Sí, hay una clara vocación universal en ello, en mostrar la cara amarga del exiliado y así resaltar la crisis vivida en España y de cómo estamos en un déjà vu que nos retrotrae a casi 50 años atrás en la historia española.

Sin embargo, y a pesar de este arranque donde cobra mucha importancia el paisaje como elemento de frío y aislamiento, y la luz como forma de marcar la oscuridad y la tristeza que esta situación produce, paulatinamente entramos en una suerte de trayecto de cotidianidad, de examen minucioso de las peculiaridades del país nórdico, del aprendizaje del idioma y costumbres y las dificultades que ello conlleva. Amores, trabajo, vida y, por supuesto, el contraste con pasajes donde vemos a sus padres en Galicia, una cierta morriña no exenta de visión distanciada.

Ingen ko pa isen
Ingen ko pa isen

Todo ello no es necesariamente negativo pero por momentos parece alejarse del motivo principal del film, dotándolo de una cierta dispersión argumental que lastra de forma evidente el ritmo de la narración. Algo que se hace especialmente patente en su tramo final, donde se da rienda suelta a una especie de poética del paisaje y de la despedida que no acaba de cuajar, como si se tratará de un epílogo un tanto forzado que no aporta novedad alguna más allá de la sensación de añoranza inversa.

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