El reflejo demenciado
Aun incluso en la era de las propiedades intelectuales imprescindibles para dar luz verde a un proyecto o las franquicias infinitas, el cine fantástico o de terror sigue siempre sus propias reglas. No hay otro género o nicho de mercado que consiga ofrecer tan amplios beneficios económicos partiendo de tan exiguos recursos, ni plataformas mas indicadas para dar voz a nuevos realizadores. No en vano, es bajo el paraguas del terror que ya empieza a consolidarse una generación de creadores visuales nacidos en Youtube que han dado el salto a la realización cinematográfica. El director de esta ópera prima que nos ocupa, de apenas 20 años, consigue así llevar al medio cinematográfico su propio fenómeno online apoyado por A24. Tras reventar las taquillas estadounidenses, Elastica Films busca repetir fortuna con Backrooms, adaptación a largometraje del creepypasta o webserie de Youtube del propio Kane Parsons con Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve en el reparto. La propuesta, sumamente coherente con lo que prometía su marketing, es interesante y efectiva. El manejo del tono y la angustia enrarecida es de un aplomo admirable, y la sencillez de su concepto central es determinante para sumergirse en su universo y estremecerse con su potencial terrorífico. Nada en ella consigue ir más allá de lo que su sinopsis, tráiler o homólogo online ya sugerían, pero sus réditos bien la confirman como una de las propuestas de terror mas conseguidas del año.
La idea base que abre el tarro de las esencias del miedo y el arrojo al abismo es el del espacio físico como reflejo de las monstruosidades inexplicables del subconsciente. El desconcierto vulnerable de los lugares sin lugar, de los escenarios ubicuos. De los no espacios, los espacios transitivos que, cuando no conducen a ninguna parte, detonan el miedo hacia la falta de sentido. Universos infinitos dentro del nuestro donde amenazas invisibles se esconden detrás de cada esquina y cada callejón abre una nueva salida pero no garantiza el retorno. Tierra de oportunidades para pacientes terapéuticos y almas descarriadas, que consta como espacio empírico gracias al registro videográfico de la videocámara de baja resolución, textura reconocible del imaginario del cine de terror del nuevo milenio.

El trabajo de dirección artística, que da vida al laberinto de asépticos pasillos de iluminación incandescente y paredes desnudas con mobiliario en disolución, es apabullante, de condiciones plásticas hipnóticas. Espacios que se van deshilvanando en encuadres abiertos con ópticas de gran angular, edificando el pavor desde la duda de aquello que pueda hacer presencia por cualquier esquina. En segundo nivel de fortalezas encontramos el diseño sonoro y, como cabía esperar, la entrega dramática del siempre excelente Chiwetel Ejiofor. La presencia anómala de Reinsve en estas latitudes se salda con un desempeño mas modesto, si bien adquiere protagonismo por la fisicidad de su entrega en el tercer acto.
La rareza ineludible se da la mano en esta versión cinematográfica con un esbozado discurso psicológico, dotando al conjunto de un rasgo de cine-diván. La dinámica de sesión entre Chiwetel y Renate encuentra ecos y correspondencia cuando ambos se sumergen en los pasadizos desconocidos, y el vínculo aberrado entre recuerdos y objetos reflejados en las trastiendas tenebrosas abre una fuga indefinida que quizás pueda dar una mayor complejidad conceptual y psicológica a un universo al que seguramente volvamos dado el bombazo en taquilla y lo abierto que concluye el relato.

Una vez consumada esa traslación al medio de expresión audiovisual mas prestigioso, resulta cuanto menos paradójico comprobar que la capacidad mas revulsiva del material de partida sigue estando en sus texturas y códigos formales y narrativas de origen. La textura del found footage de la videocámara de baja resolución apenas es un pegote estilístico intermitente, y las ambiciones de profundidad terapéutica de su tercer acto nunca llega a ser profundizada. Su explosividad perturbadora se diluye al integrarse con los códigos convencionales de la puesta en escena de A24, y aquello que en 20 minutos funciona como un tiro deviene algo simple y reiterativo dilatado durante 100 minutos.
Inquietante, psicologista y fecunda en posibilidades, Backrooms hace las veces de punto de entrada a un universo diegético de frondoso potencial estremecedor. El impacto que deja su visionado es demasiado efímero como para corresponder el entusiasmo de parte de la crítica especializada, y sus primeros 20 minutos dejan la sensación de que podríamos haber tocado cotas mas altas, pero todo aficionado al cine fantástico disfrutará profusamente con esta presumible primera entrega de tan inesperada posible franquicia.
