agosto 15, 2020

Entrevistas: La vida de Adèle

Adele

Abdellatif Kechiche y Adèle Exarchopoulos, una Palma de Oro en CAH.

La vida de Adèle, la película revelación en el pasado festival de Cannes, llega esta semana por fin a las carteleras españolas en medio de una gran polémica por las declaraciones de sus actrices protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux, contra el director de la misma, el tunecino Abdel Kechiche. A pesar de que oficialmente la relación entre Adèle y Kechiche se ha arreglado, y de que de hecho han estado posando juntos en el photocall y los hemos visto fumando y riéndose, la realidad es que las tiranteces siguen ahí y por eso las entrevistas que han concedido a los medios para presentar la película han sido por separado, para evitar preguntas “incómodas” sobre este tema ante los dos.

En primer lugar, nos ha recibido la jovencísima protagonista de La vida de Adèle, Adèle Exarchopoulos, que ha empezado la entrevista un poco apática pero a medida que avanzaba se ha relajado y nos ha hablado de sus experiencias en la película y de sus próximos proyectos entre muchas otras cosas:

¿Conocías el cómic de Julie Maroh, El azul es un color cálido, antes de hacer la película?

Adèle Exarchopoulos: No, yo pasé un casting para optar al papel y me cogieron. Lo que me gustó mucho de la película fue el personaje de Adèle y después leí el cómic, aunque ya sabía que era una adaptación libre.

¿Fue complicado rodar todas esas escenas de sexo que salen en la película?

A.E.: Si supieras todas las veces que me han preguntado eso…No fue muy complicado, para nada fue lo más duro de hacer, formaba parte de la actuación y muchas veces era un placer.

¿Te dio miedo enfrentarte a un personaje tan intenso a nivel emocional?

A.E.: No, justamente fue una suerte. Era difícil al principio pero Léa (Seydoux) estaba allí para apoyarme en este enfoque cronológico. Es verdad que para una actriz hacer un papel que pasa desde la adolescencia en el instituto, a ser maestra y toda la educación sentimental que supone, es un papel inesperado.

Precisamente por interpretar un personaje tan intenso durante cinco meses, ¿qué estrategia seguiste para desconectar de él?

A.E.: Hay que descansar y tener pequeños placeres personales, pero sí es cierto que cinco meses es mucho tiempo y lo que era duro era no ver el final del rodaje. Tres semanas antes del final de rodaje no sabíamos cómo iba a ser el final.

¿Cuál fue tu primera reacción al ver la película por primera vez?

A.E.: Es duro porque no puedes ser objetiva. Es algo muy personal para mí porque es una aventura humana que me ha aportado muchísimo y con la que he aprendido también muchísimo. Creo que todos los actores cuando van al estreno de una película suya siempre piensan “mierda, no ha incluido esa escena que me gustó tanto hacer”, pero después uno se da cuenta de que el director ha hecho lo más adecuado para la película.

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¿Cómo fueron los procesos de comunicación con Abdel (Kechiche) para crear ese universo de intimidad tan intenso?

A.E.: Abdel, cuando tiene que trabajar con sus musas, con sus actrices, siempre ultima una especie de relación personal y es alguien que te comprende espiritualmente. Desde el principio ya estaba prevenida porque mi agente me dijo “¿te sientes capaz de hacer todo lo que implica una pasión amorosa, estar desnuda, etc…?”, y a veces iba todo el mundo de broma cuando venían las escenas de desnudos y claro, hay dos cámaras por lo menos, entonces molesta un poco pero al mismo tiempo desacraliza la escena completamente. De todas formas, Abdel en Francia es un genio al que te dan ganas de darle todo con tu actuación.

¿Cómo fue tu relación con Léa Seydoux al compartir con ella tantas escenas sexuales y emocionales con esa intensidad?

A.E.: Sólo nos vimos una vez antes de empezar a rodar y la primera escena que rodamos juntas fue una escena de sexo. Cuando una se encuentra de repente con otra persona desconocida “en pelotas” ayuda a desinhibirse, porque si no se pasa por unas convenciones de educación e hipocresía. Tienes dos mujeres y dos actrices tal cual, y con Léa nunca tuve que forzar nada, vino naturalmente. Para mi ha sido como una hermana mayor, hemos sido muy cómplices. Somos dos actrices de edades diferentes, nos hemos ayudado mucho. A veces en los rodajes hay relaciones muy efímeras, la gente luego ya no se ve más, pero nosotras nos hemos ido juntas de vacaciones, nos hemos hecho muy amigas. De hecho la echo en falta aquí en la promoción de la película.

¿Qué fue lo más difícil de interpretar un personaje tan complejo?

A.E.: Justamente la evolución desde el principio en el instituto hasta que llega a ser maestra. De hecho fue muy duro interpretar las escenas como maestra entre los niños que son tan espontáneos y tan naturales, y encontrar mi sitio allí, ser autoritaria al mismo tiempo que maternal. Los niños son muy ricos pero tienen unos puntos de referencia, unas rutinas, las siestas, las horas…y yo no tenía las pautas ni la autoridad.

¿Qué relación hay entre tu personaje en la película y el del cómic?

A.E.: No tienen nada que ver. El personaje del cómic es todavía mucho más intenso y sufre hasta el final, mientras que el mío no.

¿Cómo llegaste a La vie d’Adèle?

A.E.: Pasé un casting. Me gustan las películas de Abdel, su forma de rodar las comidas, el hecho de que empiezan en una historia simple y acaban en una historia emocionante, las cosas que cuenta le pueden suceder a todo el mundo, honra a las mujeres y siempre ha puesto de relieve a todas sus actrices, se han visto recompensadas y sus carreras han despegado. Yo sabía que él me iba a hacer ir más allá de mis límites y eso es muy interesante.

¿Esperabas la repercusión que está teniendo la película? La Palma de Oro en Cannes, que se erija como abanderada de los derechos del matrimonio homosexual en Francia…

A.E.: No, no pensaba que la gente fuera a hablar tanto de la película.

Spielberg fue quien dijo el nombre de la película en Cannes, ¿esperas que te llame para trabajar con él? ¿Esperas una carrera en Estados Unidos?

A.E.: No me esperaba un éxito así. A Spielberg le encantó la película. Si me llaman no voy a decir que no.

Comentaba Léa Seydoux que para ella la escena más difícil de rodar fue la de la ruptura. En esas escenas previas a la ruptura, ¿cómo te sentiste psicológicamente para afrontarlo?

A.E.: Sabíamos que era una escena muy importante, incluso en el cómic lo es. Es la destrucción de todo lo que han compartido, entonces había que actuar como si fuera una especie de derrumbe, de tener la impresión de que todo se cae. Agradezco que estuviera Léa porque compartimos muchas cosas y me puso en situación, porque ella respiraba de forma distinta, se dirigía a mí como no lo había hecho antes. Para mí lo más difícil fue hacerme la inocente cuando sabía que al final me iban a abofetear, me iban a echar…

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¿Qué hay de la polémica que se ha suscitado con Léa y Abdel?

A.E.: Me estaba preguntando cuál de vosotros iba a ser el que haría esta pregunta (risas). Creo que ya se ha dicho todo. Es una aventura humana y en una aventura humana con tanta pasión hay altibajos. Se han dicho cosas en la prensa que estaban algo deformadas y Abdel se lo tomó muy a pecho. Luego nos dimos cuenta de que era mucho mejor lavar los trapos sucios en familia porque la gente exagera mucho. Yo no conocía a la prensa… El problema está zanjado, pero lo peor es que todo el mundo me lo recuerda.

¿Volverías a trabajar con Abdel? ¿Tenéis algún proyecto juntos?

A.E.: De momento no. Él tiene otros proyectos ahora y yo también necesito trabajar con otra gente, aunque quizá si nos volveremos a encontrar más tarde. Abdel es complejo, como todo el mundo, pero siempre me ha empujado hacia arriba. Tiene una pasión que lo devora todo y que a veces es difícil seguirle.

¿Es verdad que Abdel trabaja muy duro?

A.E.: Hace muchas tomas, porque de hecho un rodaje no dura cinco meses. Deja tu imaginación libre para hacer propuestas, improvisaciones y siempre espera el momento justo en el que todo venga de las emociones. A veces una se enfada con él por repetir tanto pero también sabe que jamás dejará una toma que no esté bien. Él hace películas sobre lo humano basadas en los actores.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

A.E.: Voy a hacer una película con Sara Forestier, que actuó con Abdel en La escurridiza, y se estrena como directora con esta película. Hago el papel de una joven tartamuda.

Abdel dijo en su momento que la polémica podía haber perjudicado la película, pero sin embargo ha tenido más éxito, ¿para ti como actriz qué es más importante, que vaya mucha gente a ver la película o que la prensa pueda haber distorsionado la visión de la misma?

A.E.: Para mí lo más importante es ser honesta conmigo misma y yo saber la verdad.

Se ha comentado que la película va a tener una secuela, ya no basada en el cómic, que se ambientará diez años después, ¿cómo ves tú a Adèle diez años después?

A.E.: Realmente prefiero que otros se adueñen del personaje. Sí estoy segura de que nunca olvidará a Emma aunque afortunadamente amará a otras personas, se enamorará de una manera distinta, de un hombre o de una mujer… no lo sé. De todas las relaciones se aprende, se llega siempre con una mochila que vas llenando de experiencias.

¿Conoces a algún director español con el que te gustaría trabajar en el futuro?

A.E.: Con Pedro Almodóvar. También tiene una manera especial de mimar a las mujeres.

¿Tienes miedo de que un personaje tan grande y tan fuerte como Adèle condicione los próximos proyectos que te lleguen?

A.E.: Ya lo estoy viendo, la gente va a comparar y ahora que voy a hacer una película con Sara Forestier, que es como un poco de la misma familia, para mi es un punto a favor pero quizá la gente lo considere un riesgo. No puedo pararme a ver lo que la gente dice ni tomar decisiones en función de eso.

¿Has sentido emociones con tu personaje en la película que no hayas sentido en la vida real todavía debido a tu juventud?

A.E.: Pues sí he llegado algunos estados que nunca había experimentado antes. Eso es típico de Abdel, que te empuja a situaciones y a emociones que no sabías que podrías tener.

Abdel retrata las escenas de las comidas con cierta vulgaridad que no son frecuentes que un director retrate, ¿cómo reaccionaste ante esto?

A.E.: Este tipo de escenas ya está en todas sus películas. Me decía “ponte a comer que voy a rodar”. Para él la glotonería es una parte muy importante de sus películas, le aporta ritmo a la película. La película puede ser un gozo o un refugio. Me traumatizaron los kebabs (risas) porque cuando rueda escenas de comida lo hace desde el principio hasta el final, desde que te traen la comida hasta que la terminas, y la escena del kebab se rodó a las 8 de la mañana y nos dieron 6 kebabs. Al terminar la escena nos íbamos a vomitar y volvíamos a comer otro.

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– ¿Qué ha aportado el personaje de Adèle a tu vida personal?

A.E.: Sobre todo la experiencia del rodaje. Quizá es tan personal que no sé expresarlo con palabras.

¿Quedó algo del personaje en ti cuando acabó el rodaje?

A.E.: Todos los recuerdos.

Tras la bellísima Adèle, ha llegado el turno del director de la película, Abdel Kechiche, quien ha sido mucho más elocuente con palabras muy duras hacia la coprotagonista del film Léa Seydoux, y con algunas respuestas sorprendentes sobre la película.

Para empezar, y para quitárnoslo ya de en medio, ¿nos podría contar qué ha pasado después de Cannes donde había tantos besos y de pronto le han llegado a llamar sádico? Por otro lado, también ha habido polémica con la autora del cómic, Julie Maroh, que le acusa de que las escenas sexuales están hechas para un público masculino heterosexual, ¿qué nos puede contar sobre esto?

Abdel Kechiche: Parece que estoy en un consejo de disciplina (risas). Tengo la sensación de pasar delante de un tribunal, aunque a veces es necesario pasar por un tribunal para explicarse. De hecho, entre todos estos asuntos habrá uno que irá a los tribunales. Antes de llegar allí, porque la justicia siempre tarda mucho en dictar sentencia, voy a empezar con el caso de Julie Maroh, la autora del cómic. Julie puso como condición para hacer la película verla antes de Cannes, para saber si le gustaba y estaba de acuerdo con ella. Organicé un visionado en París y preferí dejarla sola viendo la película. Cuando salió me escribió una carta en la que me decía cuánto le había gustado la película, cómo se había reconocido en la película aunque la historia era completamente distinta a la suya, cuánto le había emocionado y cómo le hubiera gustado que yo estuviera allí para llorar en mis brazos. Lo que ocurrió después, este cambio de orientación, esta deslealtad y falta de sinceridad, creo que fue voluntad de llevarse la atención mediática para que se hable de su cómic y de sus obras futuras, hacerse un poco la estrella. Eso me parece una auténtica falta de sinceridad y no lo necesitaba porque ha vendido muchos más cómics gracias a la película de los que hubiera vendido sin ella. Si hubiera sido sincera podría habérmelo dicho por escrito y no haberlo dicho públicamente. Dice que yo no estaba legitimado para rodar escenas de amor entre mujeres porque no había lesbianas en el plató. En primer lugar ella no sabe si había lesbianas o no, tampoco tiene el monopolio del amor femenino, es una chica joven que no se ha acostado con todas las mujeres de la tierra, y su discurso es peligroso además porque insinúa que hay un colectivo incompatible y una manera de amar incompatible en nuestra sociedad, entonces me parece peligroso para su compromiso. Creo que de este tema ya he dicho bastante.

Sobre el otro tema, hay una polémica que empezó en Cannes primero con unos técnicos que nunca aparecieron. Trabajo con los mismos técnicos desde hace cinco películas, son amigos muy íntimos míos los que están en el plató y siempre va todo fenomenal con ellos. Y luego lo que dices, que después de tantos besos, de los premios, surja una metamorfosis así, no se sabe cuando está mintiendo y cuando está diciendo la verdad, hay algo un poco esquizofrénico en todo esto. Si hubiera vivido (se refiere a Léa Seydoux) toda esa pesadilla, ¿por qué vino a Cannes? ¿por qué vino a la alfombra roja? ¿por qué subió llorando al escenario? No lo sé, pero cuando la relación es mala y se habla de sufrimiento, si se tiene una pequeñísima nobleza de alma no vienes a Cannes. Yo hice todo lo posible para que se encontrara lo mejor posible en la película, me pareció legítimo que me diera las gracias en público, en privado, delante de amigos, llorando, escribiéndome…incluso de manera excesiva , la había revelado a sí misma como actriz según ella, aunque el rodaje fuera difícil y particularmente con ella porque los personajes eran difíciles. Me parece además indecente hablar de sufrimiento cuando te dedicas a este oficio, pero Léa Seydoux no es consciente de la realidad que nos rodea donde hay tanta gente que sufre, primero porque no tienen ningún trabajo, por hacer trabajos difíciles, trabajos muy mal remunerados, y Léa Seydoux que gana con un anuncio 4 ó 5 millones de euros me parece vergonzoso que hable de sufrimiento. Es la pura expresión del egoísmo frente al sufrimiento que nos rodea. Este cambio ilógico yo la atribuyo no sólo a una forma de egoísmo sino a una voluntad de utilizar la promoción que pago yo, los billetes de avión que yo le pago, su cara en las revistas para darle valor a la película, que trate de destruir la película y ser ella la protagonista haciéndose la víctima, me parece algo perverso. Me parece de una perversidad enorme actuar así y hay que preguntarse quién es el manipulador y quién el perverso en este asunto. Por otra parte, creo sinceramente que gente a su alrededor la ha empujado a actuar así haciéndola creer que es en su beneficio, pero la realidad es que es en beneficio de ellos porque hay personas a las que les molesta el cine que hago y que quieren ahogar todo lo que hago, hacer que pierda credibilidad y por eso estamos aquí explicándonos como si estuviera en un tribunal olvidándonos de lo que pensaba cuando hice la película, contar una historia de amor, de juventud, que hiere por su emoción, y ya no nos emociona la película, sino una especie de “estrellita” fragilizada por su director. Pero el que ha salido más perjudicado he sido yo y la película. Vomito sobre esta gente que está a su alrededor y sé quiénes son, y tengo que precisar que no se trata en ningún caso de su abuelo (Seydoux es nieta de Jerome Seydoux, uno de los productores más prestigiosos del cine francés), que a pesar de las diferencias que tiene conmigo sobre la visión de esta profesión, nunca actuaría así no tengo ninguna duda.

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Después de esta polémica, ¿un director puede llegar a renegar de su obra o considera que puede hacer que vaya más gente a verla al cine?

A.K.: Creo que una obra tiene que ser vista con una mentalidad sana, y aquí se ha hecho todo lo posible para que no sea así. Evidentemente la película ya no me pertenece desde que se difunde pero la desgracia en esta historia es que tampoco pertenece al espectador, porque incluso es como un parásito que invade su mente y le impide vivir la película.

La película está basada en el cómic pero se ha titulado La vie d’Adèle. Chapitre 1 & 2, ¿tienes pensado hacer más capítulos? ¿qué ves del cómic en esa futura continuación?

A.K.: No veo nada del cómic en la continuación. El personaje de Adèle es totalmente opuesto al personaje del cómic que tiene miedo de vivir, pero Adèle tiene unas ganas reales de vivir. No se inspira en el personaje del cómic, está inspirado en un gran número de personajes que he conocido o que ya estaban en mis películas, con mujeres con libertad de espíritu, combativas.

En todas sus películas las protagonistas son las mujeres, ¿qué le aporta el universo femenino para reflejarlo tanto?

A.K.: Es difícil de contestar. Preguntar a un pintor por qué pinta mujeres o preguntar a un novelista por qué coge personajes femeninos. Tal vez haya una explicación psicológica, podría decirte vagamente que me fascina el principio femenino, entonces me interrogo sobre ese principio y deseo presentarlo.

En este caso, en La vie d’Adèle que se cuenta una historia de amor que podría ser de cualquier tipo de pareja, ¿son dos mujeres porque ayuda a la estética de la película o por qué?

A.K.: Si, me parece muy hermoso estéticamente hablando, pero también más misterioso, más intrigantes. Pero entre dos hombres también podría haber sido intrigante, quizá más. No era una voluntad de provocar, sino de mostrar que el amor no tiene sexo, puedes amar a una mujer, a un hombre…me parecía interesante que el espectador pudiera identificarse con los personajes al margen de su sexo o su condición sexual. El amor es mucho más libre.

¿Por qué descartó el tema de la relación social y familiar de Adèle en cuanto a la reacción ante su lesbianismo en pro de la historia de amor?

A.K.: No quería cargar más a los padres de Adèle. Esas escenas nos habrían hecho tomar distancia para el espectador con respecto a los personajes, no se identificarían con los personajes sino que se convertirían en jueces.

Tengo entendido que el primer montaje era de 3 horas y 40 minutos, ¿era consciente de que la película iba a ser tan larga teniendo en cuenta que los dramas intimistas no lo suelen ser?

A.K.: Cuando hago una película trato de no preocuparme por la duración, sino de escuchar lo que me pide y eso es algo inconsciente. Este ritmo puede resultar extraño pero tengo la sensación de ser más sincero. La duración real es la que he presentado.

¿Esperaba la reacción que ha tenido la película?

A.K.: Sinceramente cuando terminé la película estaba todavía inmerso en el trabajo y no me planteaba cómo iba a ser recibida, me preparaba para defenderla en caso de ataque. Estás tan en caliente cuando vas a dejar que una película viva, que no me esperaba que los ataques iban a llegar de la manera que lo han hecho, entonces no he podido vivir con tanto placer ni en tanta plenitud el reconocimiento que ha tenido la película.

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–  Hacer una película de amor de dos mujeres en un momento en el que Francia está con una gran polémica con el tema, ¿puede servir para cambiar la orientación social?

A.K.: Evidentemente era consciente cuando hacía la película, pero no quería hacer una película militante ni que se limitara a un discurso y caer en la trampa de su mismo discurso para convertirse en una película de colectivo, porque no hay necesidad de defender una causa. Era un peligro hacer una película militante, abordar frontalmente esta causa como lo hace el cómic, quería que fuera mucho más abierta, que llegara al espectador independientemente de su orientación sexual. La película en sí es una película comprometida pero no quería que se hiciera de una manera frontal. El discurso visible es contraproducente.

Quería que nos hablara de la estética de la película y de la omnipresencia del color azul en casi prácticamente la totalidad de los planos.

A.K.: No he contabilizado el número de planos donde hay un elemento azul. Es involuntario. En todo caso la estética está más desarrollada que en el resto de mis películas, de armonizar los colores con un azul dominante con una flor, un jarrón, un cenicero…me he preocupado más que en el resto de mis películas pero no hasta el punto de pensar que en cada plano debía haber algo azul. Tendré que volver a ver la película (risas).

¿Por qué esa deleitación por la comida? De hecho, Adèle nos ha dicho que después de tanta toma de la escena del kebab, le produce un poquito de rechazo.

A.K.: Estoy seguro de que volverá a comer kebab, ayer lo comió y hoy también. La ceremonia del comer es como una tradición, también aquí en España, es un momento en el que liberas algo y me emociona mucho, no me canso de ver una boca comiendo cuando come con apetito.

A la hora de crear este universo íntimo, ¿cómo fue su dirección de actrices?

A.K.: Son momentos muy íntimos los que se muestran, es difícil hablar de ello. Desde el punto de vista del trabajo abordé esas escenas como las otras. Cuando les pido a los actores que coman, trato de que tengan ganas de comer y cuando no tienen hambre lo dejo y sigo al día siguiente. Lo mismo hago con las escenas de sexo, espero a que tengan ganas y cuando ya no tienen ganas lo dejo.

¿Esa forma de rodar no pone nerviosos a los productores?

A.K.: Sí (risas), pero tengo la suerte de tener colaboradores que, aunque están muy nerviosos, me animan a seguir haciendo lo que siento.

¿Las elipsis tan grandes que hay en la película estaban pensadas antes o forman parte del montaje?

A.K.: La que hay entre las dos épocas estaba prevista. En otras no era necesario montar dos escenas porque no tenían tanta importancia para la historia.

Ya que tiene tan pocas similitudes con la novela gráfica, ¿por qué una adaptación y no un guión original?

A.K.: Tenía un guión inspirado en un personaje de La escurridiza pero no estaba satisfecho con este guión, es un personaje que tiene un encuentro que transforma su vida y el cómic ha sido muy estimulante para llevarlo a cabo.

¿Qué vio en Adèle Exarchopoulos para darle este personaje?

A.K.: Es evidente (risas). Una actriz para un papel como este tiene que ser resplandeciente, es alguien con quien vas a pasar mucho tiempo y tiene que ser alguien de quien te puedas colgar durante mucho tiempo.

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