julio 4, 2020

Críticas: El corredor del laberinto

Maze Runner_07772

Perdidos en la distopía.

Las distopías son uno de los subgéneros de mayor aceptación dentro de la literatura juvenil de este siglo XXI. Franquicias como Los juegos del hambre, Divergente y sus correspondientes adaptaciones cinematográficas dibujan futuros que están lejos de ser el paraíso terrenal y convierten a los chavales en los grandes salvadores del universo. La mayoría de estos fenómenos generacionales suelen ser sagas compuestas por varios libros que tratan de fidelizar a su multitud de lectores.

El corredor del laberinto es la nueva pesimista visión del porvenir con la que Hollywood trata de conquistar a todos aquellos que se encuentran en la pubertad física y/o mental. Adaptación de la primera entrega de una serie de novelas escritas por James Dashner, la cinta sigue los pasos de Thomas, un chico que llega en un montacargas a un lugar poblado por jóvenes de su edad. Rodeando el particular descampado donde viven, se encuentra un laberinto que se mueve periódicamente y que cuenta con unos extraños seres que se encargan de cazar a todo el que intenta cruzarlo. Desde un primer momento, el protagonista, que solamente recuerda su nombre y algunos leves fragmentos de su vida anterior, se propondrá encontrar una salida de esta curiosa prisión, aunque se tope con la oposición de ciertos miembros de la comunidad.

Maze Runner

El argumento de este blockbuster vuelve a ser, como otras distopías juveniles, un peculiar pastiche.  En esta ocasión se dan cita elementos de un clásico literario como El señor de las moscas, la serie  de televisión Perdidos o una película como Cube, entre otras influencias. El filme triunfa en los momentos de acción, especialmente en los que tienen lugar dentro del laberinto al que hace referencia el título. Se nota que Wes Ball, cineasta que debuta en la dirección de largometrajes con este filme, tiene una amplia experiencia en el mundo de los efectos visuales y la dirección de arte, que deja patente en la asombrosa creación del enrevesado pasadizo que tienen que cruzar los protagonistas y el diseño de las criaturas que se encuentran en él. También demuestra una especial habilidad y elegancia a la hora de filmar batallas y espectaculares carreras.  Una pericia de la que ya hizo gala en Ruin, un corto de animación sobre un humano montado en una moto que huía de una nave que pretendía liquidarlo en un planeta Tierra post-apocalíptico.

Lástima que el guión de Noah Oppenheim, Grant Pierce Myers y T.S. Nowlin no logre en ningún momento crear personajes y situaciones interesantes.  No hay verdadero conflicto entre los que quieren entrar en el laberinto y aquellos que se oponen, mientras que la sociedad creada por adolescentes resulta demasiado ordenada y limpia para ser fruto de la unión de unos chavales en plena época de rebeldía y efervescencia hormonal. Tampoco la inclusión en el último tramo de un representante del género femenino provoca demasiado revuelo sexual en una comunidad compuesta mayoritariamente por hombres. No obstante, el espectador evita tener que soportar la consabida y edulcorada trama romántica tan habitual en este tipo de productos. Por otra parte, el recurso final a la distopía parece forzado por el deseo del autor de la novela, y por extensión de los productores del largometraje, de crear una franquicia.

Maze Runner_05619

Respecto al apartado interpretativo, Dylan O’Brien cumple como bueno con escasas fisuras, mientras que la guapa Kaya Scodeliario trata de sacar adelante un personaje sin apenas desarrollo. Lo mismo se puede decir de Will Poulner, que tiene que dar vida a un antagonista algo desnatado, y Thomas Brodie-Sangster, que intenta dotar de algo de carne a su desdibujado rol de líder provisional del grupo. En definitiva, El corredor del laberinto es otra inocua e insípida distopía juvenil que solamente brilla fugazmente en las escenas de acción.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *