agosto 11, 2020

Críticas: Misericordia (Los casos del Departamento Q)

Misericordia

Cuando lo inverosímil y lo absurdo van acompañados de lo acartonado

En ocasiones, los directores de cine que se aventuran en sus primeros trabajos cinematográficos procediendo de la industria de las series de televisión acaban contaminando a sus obras de reminiscencias formales de este tipo de seriales. Éste parece el caso del danés Mikkel Nørgaard, quien adapta una novela de Jussi Adler-Olsen con la intención de crear una franquicia que no sabemos si llegará a España pero que en Dinamarca ya se estrenó su segunda parte titulada Profanación.

Si bien la iluminación de todo el filme que nos atañe está bien cuidada, creando una emoción sensorial muy oscura y gélida, acorde con el espacio y con los protagonistas del relato, no es posible eludir hacer referencia a la poca armonía y al montaje algo zafío en ciertas ocasiones a la hora de articular el desarrollo de la película, antojándose casi como un telefilme de sobremesa con algo más de presupuesto de lo habitual. La baza principal a la hora de elaborar el contenido de la película se basa en un montaje paralelo donde los saltos temporales son reiterados, fusionando las pesquisas de los detectives con el conocimiento del propio espectador de lo ocurrido en la vida de la víctima que investigan. Dicha fusión resulta algo tosca, ya que los investigadores conocen muchos menos datos de los que se le ofrecen al espectador, datos a que su vez se revelan, como ya hemos indicado anteriormente, a medida que se van descubriendo nuevas pistas del caso.

Misericordia 2

Y si la premisa en la construcción ya se presenta algo chirriante, el caos absoluto se apodera de la ficción cuando nos desplazamos hacía el corazón del asunto. El detective atormentado, poco hablador, traumatizado por experiencias pasadas con fatídicas y mortales consecuencias, se eleva como el antipático antihéroe con problemas familiares que busca sumergirse en el trabajo para olvidar su desastrosa vida personal. Para seguir con los tópicos, será destinado a un departamento casi anecdótico con un compañero que intentará erigirse como la cara amable y que provocará una confrontación de actitudes y métodos mil veces vistos por todos los que alguna vez hayan decidido entretenerse con cualquier producto policíaco. Por supuesto, tampoco faltarán las broncas del jefe y sus amenazas de apartarlo de un caso por hacer las cosas siguiendo un protocolo diferente al establecido, de hecho, lo más escabroso del asunto se reduce a que todas las facetas, ya sean detectivescas como cotidianas de Carl, adoptarán un aura difícilmente verosímil. Serán así las escenas que traten de plasmar el día a día las que se antojarán mucho más artificiosas y frías que las escenas más absurdamente inverosímiles, como son todas las que le ocurren a la víctima del caso que investiga Carl, y que no vamos a desvelar por respeto a los lectores pero en las que la frontera entre lo inverosímil y lo absurdo es muy diluida. Esto último no sería del todo malo si el acompañamiento visual y auditivo se centrara en la misión de crear escenas poderosas o apelara a las emociones físicas del espectador, sin embargo, todos estos anhelos que le pedimos se desinflan al lucir una dirección básica que rechaza el mínimo atisbo de originalidad salvo contadísimas ocasiones.

Misericordia 3

Sin tratar de desvelar nada que el espectador medianamente atento no sea capaz de percibir desde el minuto uno del filme, cabe destacar lo atropellado de su resolución final, que busca crear una tensión fácilmente predecible, donde el cúmulo de casualidades y de clichés pueden llegar a provocar algún que otro sonrojo vergonzante. Y en cuanto se intenta encontrar un subtexto o algún comentario sobre la sociedad danesa, nos hallamos tan sólo con el accidente traumático del malvado del filme, asistiendo a una recreación estilizada vista desde la subjetividad de éste, que si bien resulta altamente potente desde el punto de vista de la estética y de la pericia técnica, no ofrece ninguna profundización en su odio hacía las mujeres y su posterior homosexualidad, mostrando tan sólo pinceladas desligadas que nos ahuyentan de la verdadera psique del trastornado, difuminando el único aspecto que podría haber resultado interesante de la producción. Para acabar de rematar el asunto, contamos con escenas aisladas profundamente desagradables de cara al espectador, por si no fuera poco tormento el haber seguido las aventuras de estos dos policías que forman este olvidable departamento Q.

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