agosto 13, 2020

3XDOC 2015 (II)

Picture of light

Segunda crónica del 3XDOC.

Tras dos películas en las que la imagen y la contemplación eran el medio para explicar las sensaciones que el ser humano percibe en su búsqueda de la felicidad y del sentido de su vida, llegó el turno en la retrospectiva de Petter Mettler de ver Picture of light en la que la experiencia de contemplar las auroras boreales es el fin al que llega tras una larga explicación narrada en off. Mettler acompaña a una expedición de seis hombres para filmar las auroras boreales hasta el pequeño pueblo de Churchill en la región canadiense de Manitoba. Todos los preparativos, sus motivaciones, los inconvenientes atmosféricos que sufren en el camino y su larga espera hasta que llegue una noche en la que poder verlas, se van recogiendo paso a paso durante todo el documental como una especie de diario narrado sobre la aventura de estos hombres para ser testigos de un fenómeno atmosférico visualmente prodigioso. Así mismo, va entrevistando a los ancianos habitantes de Churchill y reuniendo testimonios sobre las leyendas y supersticiones que las auroras boreales han generado a lo largo de la humanidad. Todo ello le sirve a Mettler para poner en situación al espectador y hacerle pasar por todas las dificultades por las que pasa la expedición, para finalmente dejarle disfrutar con la visión única de las auroras boreales recogidas por el equipo de filmación, sin una sola palabra que interrumpa la visión espectacular del cielo del Ártico.

El brau blau
El brau blau

Todo lo contrario ocurre en El brau blau de Daniel V. Villamediana. Apenas alguna palabra se escucha más allá de los interludios en los que una voz en off va recitando poemas durante los 63 minutos que dura la película del director vallisoletano, que fue presentada en el Festival de Locarno de 2008. El brau blau no es un homenaje al mundo taurino, es la historia de una obsesión, de un único objetivo vital que no sabemos de dónde viene y que ocupa cada pensamiento y cada acción del protagonista. Un hombre frente a una forma de vida que no es la suya pero que anhela por encima de todo. Un hombre solo que ensaya los movimientos del toreo como si fueran pasos de baile, que se fabrica un ruedo a base de tiempo y sufrimiento, que intenta sentir en su propia piel las cornadas que un torero podría sufrir, y que arriesga su vida sin ni siquiera ponerse delante de un toro con el único objetivo de convertirse por un momento en aquello que desea. La distancia física que la cámara de Villamediana toma con respecto al protagonista, de nuevo Víctor Vázquez, nos muestra de manera objetiva todos los rituales que sigue y su proceso de perfeccionamiento del que considera un arte por encima de cualquier otro aspecto, de una manera en la que la imagen se convierte en belleza más allá de lo que esté representando.

El evangelio
El evangelio

También Víctor Vázquez es uno de los protagonistas del cortometraje El evangelio, junto con Minke Wang, quien también tenía una breve aparición en La vida sublime. Ambos comparten una mesa plegable en una playa para debatir sobre la vida frente a un vaso de vino. En lo que parece una charla improvisada, Víctor y Minke comienzan hablando sobre la necesidad de éste de escribir en contraposición a la de buscar emociones que tiene el primero, acaban debatiendo sobre la diferencia de entender el amor y las relaciones entre chinos y españoles y, sobre todo, sobre la conveniencia o no de amar a un determinado tipo de mujer u a otro. Una charla interminable en la que la conversación de bar entre el arquetipo de hombre seguro de sí mismo y de la supremacía de su sexo y el representante de una mente bohemia y abierta a otras culturas y formas de ver la vida, se traslada a un espacio abierto en el que los dos se encuentran frente a frente echando un pulso cultural del que uno de los dos saldrá vencedor.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *