septiembre 15, 2020

Críticas: Operación U.N.C.L.E.

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United Network Command for Law and Enforcement.

Por si no fuera suficiente repunte del cine de espías surgido de series de televisión sesenteras, pasadas por el tamiz de la espectacularidad del siglo XXI, que la nueva entrega de Misión Imposible nos trae este verano, uno de los máximos exponentes de esa mezcla de espectáculo audiovisual al servicio de una historia clásica como es Guy Ritchie se lanza al género con la adaptación de otra de las series míticas de aquellos años. The man from U.N.C.L.E., o El agente de CIPOL como se tradujo en España, desarrollaba la idea de una colaboración conjunta entre los servicios de inteligencia estadounidenses y soviéticos en plena Guerra Fría, para combatir unidos a un enemigo mayor.

Un repaso por las causas que llevaron a las dos grandes superpotencias mundiales a enfrentarse ideológica y políticamente en un conflicto no bélico pero con igual, o incluso mayor, grado de tensión entre ellas, conforma los títulos de crédito de Operación U.N.C.L.E. como prólogo para contextualizar la historia que estamos a punto de ver. Napoleon Solo, una suerte de James Bond norteamericano igual de elegante a la par que canalla, abandona el sector americano del Checkpoint Charlie berlinés con la intención de hacer pasar al lado occidental a la hija de un científico alemán a quien la C.I.A. sigue la pista temerosa de que su intelecto se halle al servicio del último reducto nazi empeñado en continuar el legado de Hitler. Al mismo tiempo, un agente del K.G.B. busca también a la chica con la misma intención. Una lucha sin cuartel se desata entre los dos exponentes de ambos lados del muro. Dos bestias pardas frente a frente. Dos enemigos surgidos de dos sistemas irreconciliables que son obligados a trabajar juntos para que su objetivo común sea derrotado.

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Sin ese halo anacrónico que Guy Ritchie imprimía a sus dos entregas de Sherlock Holmes y que las convertía en una sucesión de artificios más preocupados por epatar que por encajar dentro de la historia, en Operación U.N.C.L.E. esa artificiosidad forma parte de la misma impostura que la premisa de una buddy movie entre un ex ladrón de guante blanco norteamericano y un rígido agente soviético del K.G.B. tiene de entrada. Con el toque chic de aquellos años 60, entre vestidos mini de Dior, Vespas y el glamour de los villanos (siempre) multimillonarios, la estilización pasa a ser absolutamente necesaria tanto en la estética como en la propia acción para que el conjunto posea una coherencia perfecta. Secuencias como la de la huída y posterior rescate mientras suena Che vole questa musica stasera de Peppino Gagliardi dan fe del progreso narrativo del cine del británico que, cual Ravel incorporando instrumentos uno a uno en su Bolero, crea escenas en las que va introduciendo elementos y conjugándolos para crear un crescendo que desemboque en un clímax categórico.

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Así, algunas de las señas de identidad del cine de Ritchie, como el montaje frenético o el análisis de los barrios bajos londinenses, pasan a un segundo plano en esta Operación U.N.C.L.E. para que el guión se desarrolle con la fluidez necesaria para tomar conciencia de la historia que tiene entre manos. La elección además del trío protagonista resulta tan acertada como a priori podría amenazar con unas actuaciones demasiado acartonadas. Al contrario, el abandono del proyecto a última hora de Tom Cruise precisamente por Misión Imposible: Nación Secreta, dejó en manos de Henry Cavill la difícil misión de interpretar a un Napoleon Solo con la desvergüenza y la clase necesarias para emular a Robert Vaughn, hecho que no sólo consigue sino que es capaz de realizar convincentemente. No obstante, es el contraste entre la vitalidad del personaje de Alicia Vikander y la disciplina, cuando no se descontrola, que Armie Hammer imprime a su Illia Kuryakin lo mejor del aspecto artístico que no hace más que completar quizá la película menos descontrolada de su director.

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