agosto 13, 2020

Críticas: Luces de París

"La Ritournelle" de Marc Fitoussi

A flote.

Marc Fitoussi no es un director recién llegado al negocio del cine, pero sí a nuestras pantallas porque se estrena ahora su cuarto largometraje después de haber filmado tres más desde el año 2007. Un breve repaso a su filmografía lo sitúa como un cultivador de la comedia con buen oficio y usando guiones propios. Sus actrices fetiche son Sandrine Kiberlain, algo menos conocida por aquí que Isabelle Huppert, la protagonista de Luces de París. En este largometraje Fitoussi se acerca a una pareja de ganaderos que cría vacas en una granja de Normandía. Frente al carácter más tranquilo de Xavier, el marido interpretado por Jean-Pierre Darroussin, se encuentra su esposa, Brigitte, más curiosa, inquieta y divertida. Tras la visita del hijo de ambos y, posteriormente, la invitación a una fiesta organizada por un grupo de jóvenes en la casa más cercana a su granja, Brigitte decide viajar sola a París un par de días para acudir a la consulta del médico y para ir de tiendas. Una vez llega a la capital, ella buscará a un treinteañero que conoció en la fiesta, además de coincidir con algunas personas como son un vendedor callejero indio llamado Apu, o un conferenciante danés que coincide con ella en el mismo hotel, dos personajes de paso por la ciudad tan perdidos como ella.

PARIS FOLIES 4

El autor del film propone un argumento que podría seguir la senda de distintas formas de comedia. Quizás de la romántica. Tal vez la generacional con ese contraste entre veinteañeros y una pareja de mediana edad. O de refilón esa vertiente cómico social que se aprecia en recientes títulos franceses como pueden ser Intocable o  la más costumbrista La jaula dorada. Incluso la otra elección que podría haber escogido el director es la del enredo algo alocado de otros éxitos cinematográficos galos. Marc Fitossi conoce perfectamente todos esos resortes para dotar de ritmo y forma a su película, de hecho es la cuarta que dirige dentro de un género tan difícil como el cómico en su ejecución. Consciente de esa caligrafía, su primer paso consiste en escribir un guión perfecto en su armazón pero con una estructura libre y sorprendente en su realización. Un conjunto de situaciones en los que los personajes actúan, respiran y caminan sin la sensación de comportarse motivados por un destino superior, sino por sus propias dudas, errores, aciertos y decisiones. Por una parte Brigitte con un papel más activo, movida por sus deseos e impulsos con una lógica veraz y alegre. Por otra su marido, en un rol más observador, pasivo pero con la misma capacidad de evolución que su mujer. Aunque ambos sean los máximos protagonistas del film, aparecen siempre arropados por un conjunto de personajes secundarios con un tratamiento personal muy cuidado, actúen en una o varias secuencias. Se percibe cariño hacia cada uno de esos caracteres, tratados con gran respeto y la profundidad que pueden dar de sí una o dos secuencias de desarrollo, otorgándoles buenos diálogos y mejores gestos.

Marc Fitoussi busca una comedia de sabor agridulce sin eludir temas graves como la infidelidad, la crisis de un matrimonio de mediana edad, el fin de los sueños de juventud o el amor romántico que da paso al cariño. Por supuesto que consigue esa mezcla de dulzura y amargura pero logra además una comedia de narrativa impecable que deja un buen poso anímico, que empatiza con todos sus personajes, que circula libremente saltándose la lógica de los tres actos porque con sus giros, o con los cambios de planes de Brigitte, destila vida y vivencias sin llegar a ser nunca grave o moralista.

Las luces de París a las que alude el título en español, se quedan reflejadas en los escaparates, en fondos desenfocados o en las ventanillas de los coches como ejemplifica ese trayecto con el taxista que habla de empresas y oficinas igual que si se tratara de monumentos turísticos. Incluso la Torre Eiffel  o el río Sena son trampantojos que se asoman como forillos al fondo del plano. Decorados que enmarcan esta cantinela o estribillo al que alude el título original francés (La ritournelle) que funciona como una partitura silenciosa para dar consistencia emocional y evocadora a todo el metraje.

"La Ritournelle" de Marc Fitoussi

Otras películas quedan marcadas por imágenes y sonidos pero en Luces de París la memoria crece cada vez que recordamos el carácter burlón, prácticamente en un registro chaplinesco, del papel errante de Isabelle Huppert. De esa inmensa calidad humana de la mirada cuando la observa su marido. O durante la visita al hijo en el teatro para ver cómo  ensaya unas piruetas, una visión que dice mucho más del amor fraternal que cualquier frase o diálogo. Y seguimos recordando cómo fluye el guión, como evoluciona guiado por la mano invisible de unos personajes demasiado humanos que son los que marcan el ritmo de las escenas. Dos supervivientes enamorados que llegan a su interior más secreto, flotando sobre unas mar estancado y purificador.

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