25 de abril de 2021

BCN Film Fest 2021

Repaso a lo que hemos visto en el BCN Film Fest.

Quinta edición del BCN Film Fest, el certamen de cine de Barcelona que cada vez está dejando de ser la novedad y asentándose como una de las citas ineludibles del panorama festivalero del país. Este año ha dado el pistoletazo de salida con Una joven prometedora, una de las películas más relevantes del año, nominada a 5 Oscar (siendo favorita en guion original y mejor actriz) y estrenada comercialmente ya en salas. Su estatus y sus reconocimientos (crítica y premios) son absolutamente merecidos. No es una película perfecta, tampoco aspira a ello, pero sí es la película que la historia precisaba y la que mejor se adecua a las inquietudes y aspiraciones artísticas de su joven directora debutante, Emerald Fennell. Apunten su nombre: también es una estupenda actriz, ha interpretado a Camila Parker Bowles en la serie The Crown, y previamente fue la showrunner de la segunda temporada de Killing Eve.

Una joven prometedora a estas alturas, con pocos días en cartel, ya es un clásico contemporáneo de la rape and revenge. Una película singular que, no es que hace 10 años no hubiese estado en los Oscar, es que tampoco hubiese existido tal y como es: una muestra de los cambios de corriente del pensamiento de las nuevas generaciones y una excelente ficción post movimiento MeToo. Hace 15 años la inmensa mayoría hubiésemos reído, silenciado o mirado para otro lado ante la violación de la protagonista, «ella se liaba con todos, se lo buscó o está exagerando». Fennell construye una comedia negra furiosa, visceral y retorcida a través de una venganza en clave empoderamiento femenino frente a la cultura de la violación, la cultura del silencio y, por extensión, todo el sistema heteropatriarcal que culpabiliza a las víctimas, premia al agresor y entierra los problemas.

La película es uno de los mejores debuts de los últimos años y Fennell emerge como una nueva voz para seguir muy de cerca. Insistiendo en que el filme no es del todo redondo, sí es de aplaudir su puesta en escena estridente, la exquisita selección musical, el montaje de varias secuencias y los giros de guion, tan efectistas como efectivos en su voluntad de sorprender, provocar y rabiar. Por otro lado, en el epicentro de todo este mejunje, tan desternillante como desolador (quizás lo peor sea su mensaje desesperanzador), está Carey Mulligan. Una de las mejores actrices de su generación que, finalmente, vuelve a tener un papel protagonista a la altura de su talento, tras personajes secundarios en grandes películas o cabezas de cartel en filmes olvidables. Su magistral interpretación contribuye a que Cassie se convierta en un personaje icónico desde la primera y sensacional escena. El Oscar debería ser suyo sin ninguna duda, por la trascendencia del papel, de la propia película y, por supuesto, por su brillante labor. Una joven prometedora es una película retorcida y estimulante y, de hecho, a la vista de su polémico final (servidor, muy favor de él) también es una película genuinamente provocadora. El cine debe propiciar debates estimulantes como éste. Lo que nunca debe ocurrir es tildarla de oportunista o reducir su excelencia a la «enésima película de venganzas».

Mamá María

El BCN Film Fest, en su vocación de posicionarse como un festival de relevancia y referencia, ha tenido este año la presencia de dos estrellas internacionales: Johnny Depp e Isabelle Huppert. Ella ha presentado la comedia francesa Mamá María, una suerte de cruce entre Breaking Bad y la clásica comedia popular del país vecino. Huppert interpreta a una traductora especializada en árabe que trabaja codo con codo con la policía para desarticular redes de narcotráfico o terrorismo. Por causas del destino termina envuelta en el meollo delictivo y se convierte en La Daronne, el objetivo más buscado por las fuerzas de seguridad de Francia. Una divertida comedia de enredos, tan endiabladamente entretenida como olvidable a los pocos días de haberla disfrutado. Una cinta sin pretensiones y con algún chiste reaccionario de más, añejo, pero tan arraigados en el cine popular francés. La trama central se mueve en todo momento en los lugares comunes que no deparan sorpresa alguna. De este modo, lo mejor de esta simpática comedia es, sin lugar a dudas, Isabelle Huppert. Ella es la reina de la función y brinda otra de sus estupendas actuaciones. Verla desplegar su vis cómica es una recompensa suficiente para disfrutar de este filme.

Uno de los platos fuertes de esta quinta edición del festival barcelonés ha sido El olvido que seremos, la última película del laureado Fernando Trueba. La adaptación de la novela autobiográfica de Héctor Abad Gómez clausuró el último Festival de San Sebastián y conquistó el Goya a la mejor película iberoamericana. Un premio inmerecido frente a una competencia muy superior (La llorona y El agente topo) y por unos méritos más bien escasos. Quizás el único sea el estupendo trabajo interpretativo de Javier Cámara, camaleónico en este papel del ilustre colombiano, tan bonachón y afable que roba el corazón de cualquiera. Y esta baza es la que juega Trueba con los peores trucos lacrimógenos que uno pueda conocer. Todo aderezado con una de las peores BSO que servidor recuerda. No obstante, El olvido que seremos comienza como un drama de corte clásico, con una buena historia paternofilial y con lecciones sobre la vida, la muerte y las desigualdades sociales. Lo peor es su segunda mitad: un despropósito, a medio camino entre lo telenovelesco y el mesianismo con un mártir. En definitiva, una película desacompasada en todo momento, plomiza a ratos y totalmente fallida (y ridícula) en sus minutos finales.

El olvido que seremos

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