17 de junio de 2021

Críticas: 4 Días

Reconstruir el daño emocional.

La adicción a todo tipo de drogas ha nutrido el cine de los últimos años con títulos tan relevantes como Réquiem por un sueño, Dallas Buyers Club u Otra ronda. Son historias que hemos visto recreadas en incontables de ocasiones en ficciones de todo tipo, pero siempre resultan atractivas por la gran carga dramática que albergan, el lucimiento interpretativo que ofrecen a sus actores y la rabiosa actualidad de una realidad que no parece tener un final. Rodrigo García opta en la estimable 4 días por focalizar su acercamiento al tema desde la óptica del drama íntimo y sensible entre una madre y una hija, dos almas rotas por la adicción de la segunda.

Molly empezó a consumir opiáceos en el último año de instituto para recuperarse de una lesión muscular. Una cosa llevó a la otra y su vida diez años después ha derivado en un calvario particular de drogadicción y más de una decena de intentos en clínicas de desintoxicación. Su madre, Deb, dio la batalla por perdida hace años. La relación entre ambas es prácticamente inexistente y un hervidero de reproches en cuanto se ven. No obstante, todo parece indicar que Molly está dispuesta a que ahora sea el final definitivo. Necesita estar cuatro días limpia para poder acceder a un tratamiento y busca el apoyo incondicional de su madre.

Los 4 días del título serán la prueba de fuego no solo a la férrea convicción de Molly para dejar atrás su hundimiento personal, sino para la reconstrucción de los lazos sentimentales entre madre e hija. Recomponer su amor y confianza como si fuesen dos piezas de rompecabezas olvidadas en un garaje. Rodrigo García opta en todo momento por el drama más íntimo, propio en su filmografía, y alejarse en todo momento de lo morboso del asunto, de lo estridente en las reacciones de los personajes y se centra en cómo ambas conviven con este drama y cómo ello ha lastrado sus vidas hasta este instante de hipotética salvación. En un par de escenas, al director sí se le escapa de la manos el tono, pero nunca cae en los subrayados sentimentales o la lágrima fácil como, por ejemplo, en Beautiful Boy, siempre serás mi hijo, una película muy similar.

Dos semanas después de perder el Oscar por octava vez, Glenn Close ya presenta su candidatura para el próximo año para lograr la novena candidatura y finalmente poder ganar la preciada estatuilla. Es la actriz con más nominaciones y derrotas de la historia. Su talento y trayectoria profesional no merecen este agravio. Su papel de matriarca a las órdenes de Rodrigo García es otra gran muestra de su inmenso potencial interpretativo, un rol que le permite transitar por distintos registros y estados de ánimo y hacer gala de su naturalidad frente a cualquier reto. Es la cuarta ocasión que se pone al servicio del cineasta colombiano tras las magníficas Cosas que diría con solo mirarla y Nueve vidas y la fallida Albert Nobbs. En 4 días tampoco brinda su mejor interpretación, pero Close está estupenda, en una película digna (no como Hillbilly, una elegía rural este año) y bajo la batuta de Rodrigo García, uno de los directores que más la ha hecho brillar en la gran pantalla. Un servidor empieza aquí la campaña por el Oscar de Close. Quien también bien podría recibir candidaturas y premios por su labor es Mila Kunis. Su interpretación es mucho más vistosa y sorprende ver a la actriz en un registro de este calibre. Su trabajo es notable y demuestra tener mucho más talento del que ha podido demostrar en su filmografía previa, a excepción de Cisne negro.

4 días es un buen drama sobre un trillado tema (la drogadicción) centrado en una emotiva historia maternofilial. Rodrigo García maneja acertadamente todos los lugares comunes y arma un sólido drama que, de ningún modo, puede tildarse fácilmente de tv movie como algunos ya se han apresurado. Su cine (y sus capítulos en distintas series de televisión) posee una sensibilidad que pocos logran sin caer en el sentimentalismo más zafio. Aunque aquí abuse en exceso de la música, García siempre atina en el control del relato y deja respirar a sus protagonistas, sin ahogarlas en el dramatismo.

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