20 de septiembre de 2021

Críticas: Free Guy

La revolución digital era esto.

La toma de conciencia de la propia identidad. La búsqueda de un mundo mejor y la promesa de hallar la felicidad anhelada. El viaje homérico de Ulises a Ítaca ha sido reinterpretado miles de veces en películas, novelas, series… El enésimo Ulises es Guy, un figurante en un videojuego con millones de usuarios en todo el mundo. Él es el protagonista de Free Guy, la refrescante revisitación de este arquetípico bajo el artificio del blockbuster bien armado. La película es rehén de muchas referencias de obras similares, pero tiene suficiente entidad propia, un universo nuevo con potencial y un estupendo Ryan Reynolds al mando.

Un protagonista que no encaja en la rutina de la vida ordinaria y un protagonista que vive engañado en un mundo ficticio y descubre su verdadero propósito. ¿Les suena? Sí, La LEGO película meets El show de Truman. Son las dos referencias más obvias, pero Free Guy es mucho más que la unión de tan dispares películas; es una comedia muy divertida y disfrutable en todo momento. Y tiene corazón, sin resultar empalagosa, incluso cuando se deviene en una clásica rom-com. Servidor es el primer sorprendido, pues los anteriores trabajos de su director, Shawn Levy, son comedias irregulares (Noche loca, Ahí os quedáis) o películas condenadas al olvido directo (Acero puro, Los becarios, La pantera rosa).

La acción se desarrolla en el interior de un videojuego y Guy trata de convertirse en un personaje principal y dejar de ser un simple trabajador del banco en el que se halla una misión para evitar un atraco. Con la ayuda de Millie, artificie de la idea original del videojuego, intentará desprenderse de su cometido funcionarial y destapar las sombras del imperio orquestado por Antoine (un autoparódico, cómo no, Taika Waititi). Así pues, el villano resulta ser un multimillonario enriquecido con el trabajo de otros, que convierte en franquicia todo aquello que logra el éxito. Es decir, Free Guy puede entenderse como una lucha contra el capitalismo y una defensa del individuo y la libertad colectiva. Pero siempre con humor, referencias desternillantes (ojo a un cameo antológico) y dosis de acción que culminan en un tercer acto vibrante.

Más allá de las interesantes lecturas de su narración y sus mensajes, ya presentes en las dos películas citadas anteriormente y en otras como Ready Player One o ¡Rompe Ralph!, por citar un par más, que se desarrollan en el interior de un videojuego y armonizan el mundo real y ficticio; Free Guy es por encima de todo una comedia de altura, con buen ritmo y personajes carismáticos. Empezando por el propio Guy, interpretado por un Ryan Reynolds en su salsa, divertidísimo y demostrando una vis cómica estupenda. A su lado, Jodie Comer, la brillante Villanelle de Killing Eve, completa un dúo protagonista glorioso y ambos tienen mucha química.
Free Guy no es una gran película, pero sí es un blockbuster la mar de disfrutable y una comedia divertidísima. No posee una potente idea original, pero tiene suficiente personalidad y sabe jugar con sus referentes sin convertirse en una mera copia. Un buen cóctel de acción, humor y romance.

 

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