25 de octubre de 2021

Crítcias: No respires 2

Decidme que es broma.

¿Puede una secuela comerse o cargarse lo alcanzado por la original?

«Puede que no sea la primera secuela de terror que trata de transformar al monstruo en antihéroe, pero es difícil recordar alguna que atufe tanto» – William Bibbiani: The Wrap

Hace cinco años, el 1 de septiembre de 2016 para ser más exactos, comenzábamos la crítica de la predecesora en esta web con una pregunta: ¿Quién anda ahí? Y eso es precisamente lo que nos preguntamos: Quién está detrás de esta perversión, quién ha osado cargarse un buen inicio de saga y por qué lo ha llevado por otros derroteros completamente absurdos y ridículos. Un thriller psicopático, un slasher con gancho argumental reinventando el género, se ha convertido en una película de supervivencia con ínfulas de Terminator, una suerte de fantasía sobre seres indestructibles, que provoca alguna que otra risa.

No respires aunaba un popurrí de géneros valiéndose de una de las premisas de ese subgénero de terror que muchos amantes del cine de horror amamos: Las home invasion. Pocas cosas existen en el mundo que produzcan más congoja que ver tu espacio invadido, que verte asediado en tu propia morada por seres que desconoces y que amenazan tu vida, tu libertad, tu tranquilidad y tu sosiego. Muchos son los ejemplos espectaculares en el cine, pero nos quedaríamos sin duda con ese juego psicológico de Haneke en Funny games.

En No respires el punto álgido era la tensión contenida en esa casa, asediada por unos ladrones que querían robar a un pobre hombre ciego, sin saber que como ex marine, tenía su casa completamente preparada para situaciones así y que no iba a ser tan sencillo para los secuestradores salir de allí con vida. Dándole la vuelta a la tortilla.


Los diez minutos iniciales de No respires 2, aunque un poco forzados, nos llevan a esa sensación que nos provocó la primera película pero, conforme van pasando las secuencias, nos damos cuenta de que nos hemos confundido de saga. De que no hay, en esencia, nada de lo que hizo algo grande y diferente a su predecesora.

Las trampas, los sustos, son mucho menos elaborados, más facilones, no hay absolutamente ningún desarrollo narrativo de los personajes, algunos diálogos son meramente ridículos y, sobre todo, la trama principal de esta segunda película, el por qué los «malos» vuelven a la casa, es tan descabellado, tan risible, tan sumamente exagerado e increíble, que parece que nos encontramos ante una película más tipo Scary movie que ante una secuela de una película seria con Fede Alvárez nuevamente en las labores de producción.

Desconozco cómo se ha llegado a aprobar un guion así, desconozco cuales son las pretensiones para los creadores de la saga y si harán, esperemos que no, nuevas películas de la misma, pero lo que si sé es que a mí ya no me tienen. Disfruté de la primera película y fui a ver esta segunda esperando un intento de recobrar algo de la fuerza que me mantuvo interesado con ella. El único intento que he podido comprobar es el de querer cortarme las venas ante la pantalla. Con mucho, una de las peores secuelas de terror que recuerdo haber visto. No me queda ninguna duda de que con ese ciego no hay que meterse, más que nada porque le puedes tirar un bazooka, una granada, un arma de destrucción masiva, puedes dispararle a dos metros con un kalashnikov que seguirá vivito y coleando.

Disculpen ustedes este análisis menos exhaustivo que otras veces pero cuando no hay de dónde rascar, esto es lo que queda. Respiren, aunque llevemos mascarilla, no se dejen embaucar por los eslóganes ni los títulos.

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