25 de octubre de 2021

Festial de Toronto 2021: Crónica 1

CAH cubre Toronto por primera vez.

La primera impresión fue de jolgorio, de histeria, de absoluta felicidad. Entiendo que muchos de nuestros lectores no entenderán la magnitud, para quien estas líneas suscribe, de una acreditación online por vez en primera en un Festival como Toronto. La presencialidad por tema laboral y sobre todo económico es siempre inviable. Corrí como siempre a hacer mi cuadrante de programación y ni siquiera estaba aún. Pero ya había algún chivatazo y caerían películas de Michel Franco, Nadav Lapid o Bruno Dumont.

La espera se hizo larga y tortuosa. Un sinfín de correos electrónicos, en inglés por supuesto, que no hacían sino ponerme más nervioso, instalado en el «verás como no me entero con la plataforma». Hasta que llegó el enlace mágico, me pidió un usuario y una contraseña y voilá. Ahí sí vinieron las carreras, las impresiones, las fichas, hasta realizar un esquema de las al menos dos películas y una sesión de cortos de cada día hasta que me fuera a San Sebastián, dejando por el camino, aunque intentando no provocarlo demasiado, las relaciones humanas, con mi pareja, con mis amigos, con mis compañeros de trabajo, con mis padres y con mi hermano. Todo por un objetivo, ver y disfrutar, cuantas más películas mejor en uno de los festivales más importantes del mundo. Estos días se sucederá alguna crónica de lo que me depara el festival canadiense, intentando que compartáis un poco de mi enfermedad cinéfila y de que tengáis ganas de ver alguna de las películas de las que os hablo. Toronto ha comenzado.

Vengeance is mine, all over pay cash fue la ganadora en Locarno y en el festival suizo les gusta innovar, tanto que a veces ni entramos en sus dinámicas ni en sus narrativas, otras nos queremos tirar por la ventana y otras, quizás las menos, para qué voy a engañaros, nos encontramos con pequeñas joyitas que sabemos que no tendrán carrera comercial alguna, pero que permanecen desde el principio, en el fondo de nuestros corazones. En el caso de la película que nos atañe, aunque empieza con fuerza y apunta maneras por una narrativa entre la serie B de las películas de acción, el humor sexual y el alto voltaje de escenas románticas exacerbadas y en ocasiones ridículas; se pierde por el camino de un argumento demasiado lineal. Una película indonesia de venganza que hará las delicias de Tarantino y que sitúa el listón de los festivales de cine en un paradigma interesante entre la excelencia, la novedad y el mero disfrute y entretenimiento.

Murina

Murina ganó la Cámara de Oro del Festival de Cannes o lo que es lo mismo, el premio a la mejor ópera prima del certamen. Es un debut de una directora croata producido nada más y nada menos que por el cinéfilo mayor Martin Scorsese. Antoneta Alamat Kusijanovic dirige en un idílico paraje de playa, este tenso thriller dramático que se erige como manifiesto empoderador de la joven libre. Los límites y trasvases del patriarcado más burdo y exagerado en los ojos de una joven seducida por los paisajes en los que se encuentra y por el amigo de sus padres. La soledad más incipiente y la necesidad de ruptura con un padre omnipresente, castrador y manipulador.

La caja es la segunda película del director venezolano Lorenzo Vigas, quien consiguió un sorprendente León de Oro en Venecia hace unos años con su ópera prima Desde allá. La caja ha concursado en el certamen italiano también y después de pasar por Toronto, lo hará por San Sebastián en la sección Horizontes latinos.
Vuelve a demostrar técnica y una mano con la narrativa admirable. Demuestra también que sabe dirigir a actores con maestría. Sirve de contrapunto al cine de Amat Escalante. Es, como diría Luis Martínez, un descenso a los infiernos de la vida (y la muerte) en México. De las peores calañas y la codicia, de la supervivencia y el azar.

La caja

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