25 de octubre de 2021

Festival de San Sebastián 2021: Crónica 3

La belleza como lenguaje para retratar el terror y alcanzar la verdad.

Las primeras jornadas del Zinemaldia nos han dejado con una involuntaria pero maravillosa bilogía sobre el arduo camino para alcanzar la verdad y honestidad con uno mismo de dos personas, dos poetas, a través de la belleza de unas palabras cargadas de desamor y de dolor.

Dentro de la sección Perlas, y tras su paso por Venecia, Las ilusiones perdidas se postula ya como obra cumbre en la filmografía de su director, Xavier Giannoli. Revisión de la obra homónima de Honoré de Balzac, es una película exquisita en todos los sentidos con, además, una aproximación muy actual en todos sus temas, y eso que el libro está ambientado en el París de 1821, ahora hace justo 200 años. La historia sigue la llegada a París de Lucien Rubempré, un joven y prometedor poeta enamorado de la belleza e ingenuo defensor de la literatura más pura y fiel. Sin embargo, la sociedad parisina de inicios del siglo XIX, empantanada en un vil juego de lapidaciones verbales entre los liberales y el restablecido estamento monárquico, acabarán por corromper al protagonista.

“La avaricia empieza donde termina la pobreza”, escribe Balzac en el libro. Y es esa ambición desproporcionada que catapultará a Rubempré hasta lo más alto y lejos de su verdadero yo —y de sus ilusiones—, solo para luego hundirlo hasta la humillación y la desgracia. Impecable en sus formas, la cinta de Giannoli no pierde el atractivo en ningún momento y, a pesar de ser un tanto más larga de lo deseado —¿se burla él mismo de ello en la escena en que se pone en duda la duración de las obras de la época?—, seduce de principio a fin.

Y qué tour de force el de Benjamin Voisin al encarnar el descenso a los infiernos de Rubempré. Merecida corona para el actor, quien ya fue todo un descubrimiento el año pasado en Verano del 85, de François Ozon. Ahora brilla con luz propia en la piel de este joven poeta, arrastrado y vilipendiado por ese “nuevo” periodismo, interesado y cruel (dígase sensacionalismo, prensa amarilla o fake news), que hace ya más de 200 años que descompone nuestra sociedad.

Benediction

Otra podredumbre muy distinta es la que impregna toda la obra de Siegfried Sassoon, el segundo poeta que nos ocupa, este de carne y hueso, y protagonista de lo nuevo de Terence Davies, Benediction, una de las proyecciones más esperadas de la Sección Oficial del presente Festival de San Sebastián.

Terence Davies y esa mano de santo que tiene para filmar. Su película es una joya, tanto en lo visual como argumental, una bellísima narración de los terrores de Sassoon tras servir como soldado en la La Gran Guerra y sobrevivir para denunciar los horrores del frente y lo poco que hicieron gobierno y altos rangos militares del ejército británico para evitarlos.

Wound for red wound I burn to smite their wrongs;
And there is absolution in my songs.

Belleza y terror. A primera vista puede parecer un oxímoron, pero al igual que los poemas del protagonista, la cinta de Davies es sublime a la vez que sobrecogedora en todas sus expresiones. A través de una narración que difumina pasado, presente y futuro a través de los dolorosos recuerdos e imágenes mentales del protagonista, Davies retrata con maestría el empeño del poeta por encontrarse a sí mismo y aferrarse a sus convicciones políticas y personales en una época, los “felices años veinte”, en la que ser gay era considerado poco más que un vicio. De hecho, recordaba el director en la rueda de prensa, la homosexualidad no se legalizó en Reino Unido hasta 1967.

Primer gran papel para Jack Lowden, mimetizado en cuerpo y alma para dar vida a este hombre atormentado y en busca constante de una redención que nunca llega, atrapado en una “típica vida británica” y cada vez más alienado de un entorno que poco imagina la soledad de los «discapacitados» de este mundo, como los describió el poeta Wilfred Owen, amigo de Sassoon y compañero de tormentos. Qué desgarradora esa escena final, y qué congoja la que transmite Lowden en los últimos momentos con esa mirada, perdida entre imaginaciones y pesadillas, que se cuela en nuestra mente, y la perfora.

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