23 de mayo de 2022

Críticas: Competencia Oficial

Todos los egos son iguales.

Tras maravillar en 2016 con El ciudadano ilustre, los directores argentinos Gastón Duprat y Mariano Cohn vuelven a juntarse para codirigir una comedia y nuevamente con Óscar Martínez protagonizando al que se les unen Penélope Cruz y Antonio Banderas. En esta ocasión nos presentan una comedia negra y ácida, donde cuentan la aventura de un empresario millonario que acaba de cumplir 80 años y decide financiar una película, comprando para ello los derechos de un libro ganador del Premio Nobel, contrata a la mejor directora del panorama cinematográfico para liderar el proyecto, y como protagonistas a la mayor estrella española de la actuación del panorama internacional y al reconocido como maestro de mayor prestigio del mundo de la actuación.

Los directores crean, junto al guionista Andrés Duprat, una historia simple y directa: la lucha entre el ego de la estrella que lo tiene todo y banaliza su profesión y el mundo del cine, y el ego del actor de método que considera su trabajo como algo sagrado y desprecia el cine como industria. En el centro de esta lucha tenemos a una directora difícil de tratar, no con menos ego, quien ejerce como mediadora. En este retrato satírico del mundo del cine, entregan escena tras escena que, por sí mismas, pudieran funcionar perfectamente como sketch, pero juntas tienen cohesión y forman una sola cinta. Dichas escenas son de total comodidad para el espectador, dándonos sin tapujos comedia tanto de juegos de palabras como física; además de gags que se van gestando a lo largo de varias secuencias e incluso de toda la película para culminar en una sola escena. La comedia de la cinta genera siempre la carcajada con gran efectividad. El film más que funcionar como crítica sesuda, actúa como sátira con intención de que el espectador se lo pase bien, pero eso no quita algunas escenas donde la crítica está implícita. Se puede ver cómo Iván Torres, el personaje de Óscar Martínez, pese a su superioridad moral y alarde de conciencia social, comete inconscientemente los mismos actos de desprecio hacia clases sociales más bajas que comete Félix Rivero (Antonio Banderas). Es aquí cuando la película, pese a basarse en una lucha entre dos posiciones, unifica a sus dos representantes rompiendo los bandos, sin posicionarse ni obligar a posicionarse al público, ridiculizando por igual al personaje banal que basa su vida en el disfrute y postureo, como al personaje que, pedantemente, se considera superior moral e intelectualmente. Es en el final de la cinta, cuando la sátira se convierte más en una crítica y la cinta se toma más en serio a sí misma, cuando flaquea y deja de funcionar buscando unas pretensiones más profundas que no logra alcanzar.

El eje central de la película y su punto más brillante, y esta fue la herramienta que se utilizó para vender la cinta, son sus tres actores protagonistas. Penélope Cruz y Antonio Banderas vuelven al cine de comedia, recordando lo buenos actores cómicos que son, bueno, lo grandísimos actores en general que son. Al igual que Óscar Martínez, quien en ningún momento se hace más pequeño al estar al lado de dos compañeros con mayor renombre. Los tres protagonistas junto al resto del reparto conforman una fórmula que funciona a la perfección como una máquina perfectamente engrasada.

Competencia oficial consigue ser una comedia satírica que logra el objetivo de hacer reír al público, recordándonos que el cine es tanto arte como una industria del divertimento, sin tomarse en serio así misma como película siendo en ocasiones delirante, pero sin dejar de interpelar directamente al propio mundo del cine y a los espectadores que nos sentamos en la sala a ver esa misma película y haciendo pensar a todo tipo de personas.

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