6 de octubre de 2022

Críticas: Lightyear

Una historia clásica.

«En 1995 Andy recibió un juguete. El juguete era de su película favorita. Esta es esa película». Con este letrero empieza esta película sobre un juguete de una película sobre juguetes. Lightyear nace de la primera película de Pixar Toy Story (John Lasseter, EE UU, 1995) y, al igual que ésta ­y cualquier película de Pixar­, está llena de corazón y humanidad (aunque sean juguetes), a la vez que se aleja del tejido emocional que todas las películas de la empresa poseen. En la silla de director se sienta Angus MacLane (Buscando a Dory) quien ya tiene experiencia con el personaje de Buzz al haber dirigido dos cortos de Toy Story.

Dicho esto, la conexión con la saga de Toy Story termina aquí, incluso el personaje de Buzz podría haber sido otro cualquiera nuevo y la película hubiese funcionado de la misma forma. El arranque de la película es lo más brillante de la cinta. Una historia de un héroe espacial decido a salvar a sus compañeros entre viajes espaciales y temporales. Buzz Lightyear deja de ser Buzz y se convierte en el capitán Maverick, y es que este arranque guarda similitudes notables con Top Gun: Maverick (Joseph Kosinski, EE UU, 2022). Un protagonista que ya es conocido por el púbico, un héroe y leyenda del ejército nacional, independiente, que desafía a sus superiores y realiza proezas imposibles gracias a su habilidad como piloto salvando la papeleta en el último segundo. Y no solo eso, también tenemos el grupo de jóvenes de los cuales el protagonista se hace cargo y tutela. En la segunda parte pasamos de Maverick a Star Wars, franquicia con la que ya coqueteo Buzz Lightyear en Toy Story 2.

Esta combinación de claras inspiraciones da como resultado una película de acción clásica y trepidante en sus escenas de acción. También con un guion clásico en estructura e historia, una historia espacial con robots, naves espaciales y criaturas desconocidas. El arco dramático del protagonista va creciendo conforme avanza la cinta, colocándolo en puntos de inflexión cruciales para su desarrollo y haciéndolo crecer para que al contrario que Maverick, no termine la cinta igual que la empieza. Lightyear es acompañado por un elenco entrañable como era de esperar de Pixar. A través de estos personajes y su relación con Buzz es como Pixar toca la fibra sensible del espectador y saca el lado humano de los personajes. Entre este elenco de secundarios no podía faltar el personaje hecho para crear peluches, Sox, el gato robot interpretado por Taika Waititi quien consigue robarse el show metiéndose a la sala en el bolsillo. Pese a ser una película que puede ser disfrutada tanto por los más pequeños de la casa como por adultos, se echa en falta el poso de profundidad temática e incluso filosófica que suelen tener las cintas de Pixar y Disney.

Como era de esperar, el apartado técnico es impecable. Sin innovar, se logra crear un mundo totalmente inmersivo en el que cada detalle está cuidado al milímetro, no solo me refiero a los cabellos realistas, sino al apartado de dirección de arte. Cada escenario está repleto de detalles que hablan sobre el paso del tiempo en la base y sobre la personalidad de los personajes y la situación en la que se encuentran. Lightyear consigue contarnos como son los personajes y sus pasados sin decir una sola palabra.

Las claras influencias sumadas a su guion clásico de aventuras, dan como resultado una película que se aleja del blockbuster contemporáneo, sintiéndose paradójicamente como un soplo de aire fresco en las carteleras actuales, pero pecando de tener varios momentos valle en los que la película se estanca costándole despegar de nuevo. Aún así logra ser entretenida y provocar que el espectador se agarre al asiento en más de una ocasión.

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