26 de noviembre de 2022

Festival de Sitges 2022: Crónica 6

El rosa y el rojo combinan en Sitges.

Nos hemos visto encerrados, frente a un abismo oscuro, llegando a un punto en el que creíamos que jamás podríamos volver a ver de cerca el exterior. Gillaume Nicloux ha aprovechado esa abnegada sensación para realizar un trabajo de género que bebe del más oscuro drama social. Sin preludios despertamos en el interior de un edificio que, al mirar por la ventana, no tiene exterior: ahí fuera solo existe el negro absoluto. Con tal premisa La tour nos oprime a través de los miedos individuales de los habitantes de un edificio donde conviven personas de distinto poder adquisitivo, de edad y racial, donde estructurar de una forma muy evidente los estratos de una sociedad gracias a esa división de espacios y pisos que ofrece ese universo reducido a cimientos. La estructura del film es tan espesa como la oscuridad que les acecha, sin diferenciar el paso del tiempo, donde la supervivencia está supeditada a la involución de la gratitud vecinal. Con un inicio donde el compañerismo rápidamente se convierte en algo pragmático, el caos y la suciedad de los hechos son simples estigmas de una plausiblemente sociedad marchita, que no sabe sobrevivir a la codiciada individualidad. La tour es uno de esos retratos inteligentes que nos deja este mundo post-pandémico, donde el género sabe agarrarse a los eventos más dramáticos para recordarnos que somos nuestro peor enemigo.

La Piedad

Otro tipo de encierro abandera Eduardo Casanova en La piedad. El director sigue desviviéndose por lo estético, dando un personalísimo toque al afamado rosa y su contraste con la fealdad, y lo cierto es que consigue un gran salto de calidad desde su llamativa Pieles. En esta nueva aventura, y aprovechándose de la idealizada imagen de la escultura de Miguel Ángel, reduce sus intenciones a un relato próximo y conocido llevándolo al extremo con mucha empatía e imaginación. Aquí el encierro se refiere a una madre sobreprotectora y se equipara grandilocuentemente a una dictadura asiática sin necesidad de explicaciones, permitiendo que sus imágenes hablen por sí solas. Mateo está atado en la cárcel que es el amor de su madre Libertad, una osa que absorbe toda la energía de ese no tan pequeño infante. La fragilidad toma forma en la enfermedad del joven, que acelera esa necesidad de huir, de aferrarse, consiguiendo que el diálogo sea algo visual y decadente, con una colección de elementos ilusorios, anecdóticos e irracionales que ya forman parte del bestiario de Casanova. Es inteligente y diferente, imperfecta pero con suficiente empuje para que resalte algo más que el color de sus Pantones.

Pearl

Ti West supo subirse la falda y enseñar el liguero para llamar nuestra atención con X, una metacinéfila obra donde el porno, el terror y el “redneckismo” se transformaron en un divertimento de calidad. Lo que no sabíamos cuando estábamos pendientes de su evolución es que estaba germinando una trilogía con una Mia Goth camaleónica como eje central. Como ha ocurrido otras veces, con los restos se monta una fiesta, y parece que se cocía un rodaje en secreto durante X que nos iba a ofrecer una película capaz de superarla. Así nació Pearl, que se convertía en todos sus pases durante el festival en todo un acontecimiento de jovialidad y muerte. Como precuela y germen del mal de X descubrimos una faceta inquietante y desatada de Goth que brilla con cada pérdida de la razón en la película, donde vemos crecer a una estrella dentro de una psicópata en una historia más dramática que la anterior, donde se reutiliza el escenario para una historia totalmente nueva con ínfulas de una época dorada del entretenimiento que aquí toma un cariz complementario con un género totalmente ajeno. Sin duda, una de las imprescindibles.

Sobre visionarias del futuro planea la historia de LOLA, donde encontramos a otro debutante trasteando con las herramientas del cine para contar una nueva historia sobre elementos de sobra conocidos. Andrew Legge utiliza el pasado para hablar de futuros cambiantes gracias a dos eruditas que construyen una especie de televisor que sintoniza emisiones todavía no realizadas. A través de la solvente ciencia-ficción de salón, nos transporta a los inicios de la 2ª Guerra Mundial para recrear un thriller con tintes fantásticos donde se emplea la fórmula del “y si…” y nos ofrece avances alternativos de lo que sería algo próximo a nuestra actualidad a través de variantes musicales, consiguiendo convencernos de que David Bowie y su Major Tom son un himno imperecedero que no puede desaparecer de nuestras vidas. LOLA es atrevida e ingeniosa, y es una lástima que un festival tan grande vaya a fagocitar una propuesta que no ha llegado a todo su público.

LOLA

No puedo obviar la existencia de Project Wolf Hunting, la supuesta quinta esencia de la diversión malsana. La verdad es que nos pareció llamativo que en la presentación con su director Kim Hong-sun se destacara la cantidad de litros y litros de sangre falsa necesaria para decorar el film, pero es que, en realidad, nadie encontrará nada más sustancioso en el film. Llegados a este punto del festival, una película donde las muertes son excesivas, los sangrados van en contra de la gravedad, y las justificaciones ni están ni se las esperan, es un hecho a celebrar. Pero. El problema de Project Wolf Hunting es que después de una extensa presentación de personajes que sabes que no van a tener ningún agradable final, llega el momento bicho sorpresa dispuesto a acabar con todo y lo único que has hecho ha sido esperar, y no disfrutar o reír o taparte los ojos, por lo que a la fiesta parece que no estábamos todos invitados. La inventiva por la que excusar su argumento es buena, pero el conjunto carece de gracia y energía pese al derroche de recursos, cuerpos humanos y sí, litros de sangre. No obstante, el jurado no se olvidó de la película, siendo Premio especial del jurado y llevándose una mención por sus efectos especiales, ya que una vez vista, estaría feo no destacar la cantidad de líquido rojo empleado.

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