26 de mayo de 2024

Críticas: The quiet girl

La niña sin amor.

Colm Bairéad consigue la nominación al Oscar a Mejor Película Internacional con su primera obra tras las cámaras. Basándose en una historia de Claire Keegan de 2010, Bairéad dirige y escribe el guion de The Quiet Girl, una historia situada en la Irlanda rural de los años ochenta y rodada en gaélico irlandés, que cuenta la historia de una niña tímida y callada que pasará el verano con la prima de su madre y su marido, descubriendo un mundo de cuidados y cariño que jamás ha conocido en su casa.

La decisión de rodar la película en gaélico acentúa el carácter rural de la cinta, una ruralidad que, sin perder el realismo, nos transporta a un mundo atemporal. Esta historia bien podría situarse a mediados de siglo o incluso varios siglos atrás, llevándonos a un lugar perdido en el tiempo al igual que lo está Cáit al principio de la película. Con dicha atemporalidad presente, pese al marcado carácter irlandés del film, Bairéad huye de utilizar el telón de fondo histórico, apuesta por centrarse en una historia contada desde la mirada de la infancia que perfectamente podría ser adaptada a cualquier espacio temporal. En el recurso idiomático se ve como el padre de la niña habla en inglés, un elemento que evidencia aún más la brecha que existe entre Cáit y su padre biológico.

En la casa de sus familiares encontrará el amor y cuidado que no ha conocido en sus nueve años de vida en su casa completamente negligente y desolada. Por primera vez será tratada con humanidad, incluso Seán con su masculinidad tóxica le trata con más cariño, amor y respeto del que nunca ha visto en su casa. The Quiet Girl se centra en la evolución de la niña, el descubrimiento de una nueva forma de percibir el mundo y las relaciones humanas. La cinta no huye de convencionalismos en la historia para crear emociones lacrimógenas, pero logra hacerlo creando una evolución en Cáit creíble y nada artificiosa, más merito aún al lograrlo casi sin líneas de guion por parte de la niña. La actuación casi mística de la infante Catherine Clinch conquista la película haciéndola suya, sus ojos azules y rostro confuso consiguen transmitir el remolino de sentimientos de su personaje con un solo pestañeo.

Mediante el apartado artístico y visual Colm Bairéad divide claramente los dos mundos de Cáit. El mundo de la infelicidad, su casa falta de amor, donde las escenas se encuentran invadidas por los tonos grises y colores lúgubres, por la suciedad, con una puesta en escena en la que los personajes siempre se encuentran separados dentro del plano. En contraposición, en el hogar que sus familiares le dan durante el verano los colores son más saturados, con colores pastel y amarillos y verdes muy vivos. Pese a los problemas que puedan existir en esa casa, Cáit siempre se encuentra junto a Eibhlín dentro del plano, y cada escena más cerca de Seán. Nuevamente en el cine se hace uso del recurso del protagonista que corre. En esta ocasión, para Cáit el gesto de correr es un gesto liberador, un gesto en un inicio incitado por Seán.

The Quiet Girl es una cinta conmovedora, un puñetazo al estomago del espectador que siempre duele más cuando la protagonista es una niña. Una cinta que no huye ni pretende esconder su intención de provocar tristeza, emoción y llanto entre su público. Una tormenta de emociones, una película que al finalizar no sabrás si todo ha salido bien o la vida de la niña será más triste a partir de ahora que conoce el amor.

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