27 de febrero de 2024

Críticas: Irati

Cuento folklórico.

El director vasco Paul Urkijo Alijo, vuelve con su segundo largometraje al mundo de la fantasía y folklore vasco al igual que hizo con su primera película Errementari (El herrero y el diablo) en 2017, en esta ocasión fantasía épica. Irati nos sitúa en el siglo VIII en lo más profundo de las montañas del territorio que hoy conocemos como País Vasco, en una épica historia en la que seguimos a Eneko, un heredero al trono quien debe saldar cuentas con una diosa pagana por el pacto que en un pasado hizo su padre.

Irati posee una estructura clásica a nivel guion, situando a los protagonistas en un punto de partida para dirigirlos a un objetivo físico y de evolución de personaje, rodeados por un contexto que les será hostil. Pese al esquema clásico, esta es una película que se siente fresca y más aun como película española. Aunque la historia es solida y bien ejecutada, es un pretexto para lo que realmente al director le interesa, dar a conocer a todo el público la basta mitología medieval que existe en el País Vasco, desde criaturas mitológicas hasta la creación de un territorio. Tanto los dos personajes principales como todo el elenco de secundarios son personajes que se enmarcan dentro de arquetipos clásicos con las capas de profundidad justa, pero al contrario de lo que se puede deducir de estas palabras, son personajes que funcionan de forma solida a la historia que se quiere contar. Para que los personajes funcionen de forma solidad también es necesario que el espectador se crea la película. Con los modestos recursos que el director tiene, logra escenas muy sólidas, con escenarios reales y bien ambientados, teniendo desde batallas medievales épicas de gran crudeza hasta un bosque rodado de forma que desde el primer momento da la sensación de ser mágico. A excepción de una sola criatura realizada digitalmente, todo es creíble, nada desentona, incluso el director logra involucrar al espectador en la atmosfera de la cinta a un punto en el que dicha criatura creada digitalmente no estorba, no saca de la película. Destacar como el manejo de los tiempos en los planos y la creación de suspense, son una ayuda extra que las localizaciones tienen para que el espectador entre de lleno en el universo de la película.

Pese a tener personajes solidos para la historia que pretende contar y un diseño de producción y forma de rodar que introduce al espectador en el universo de la película, Irati erra en su intento de transmitir los sentimientos de los protagonistas. En todo momento se disfruta de la épica de la cinta y se quiere saber más sobre el universo que Urkijo propone, pero que esto sea el mayor interés también es un síntoma de como los personajes casi no interesan, como resulta difícil empatizar con ellos o incluso que al espectador le importe lo que les pase.

En definitiva, Urkijo consigue con Irati crear una película con un universo que envuelve y atrapa al espectador dejando con ganas de conocer más sobre este folclore dentro de un cuento épico interesante, pero cuya historia no va más allá de esto, un cuento donde los personajes son solo una herramienta que funciona dentro del engranaje pero que por sí solos se convierte en la mayor debilidad de la cinta.

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