21 de marzo de 2023

Festival de Cinema de Terror de Sabadell 2023

El terror inunda Sabadell.

Comienza una nueva edición del Festival de Cinema de Terror de Sabadell, una que vuelve a los Cines Imperial para hacernos disfrutar del fantástico y el horror y que, como cada año, da su pistoletazo de salida con el concurso de cortometrajes en el que nos encontramos lo mejor del panorama en pequeñas dosis.

Todo comenzaba un lunes, bajo el leitmotiv de [•REC] y con una sala llena dispuesta a pasarlo bien. Es así como nos encontrábamos con Estel de Elies Villalonga, que con la excusa de la sci-fi comenzaba un tanto la edición con una propuesta que tenía una idea inteligente y un resultado totalmente amateur. Amigos haciendo del drama intenso una opción con la expresar un futuro un tanto incierto. Le seguía Fluye de Robert Rabanal, una simpática entrega que se compensa con dos únicos personajes capaces de hacer del salto de la infancia a la madurez un juego divertido y recurrente, una especie de guiño a nuestra incapacidad para afrontar o adaptarnos a los cambios que tanto deseamos alcanzar, de un modo sencillo, vistoso y desacomplejado. La única propuesta animada de la jornada llegaba manufacturada por las manos de Anna Solanas y Marc Riba con El matí del senyor Xifró donde recurriendo al stop-motion nos introducíamos en un ambiente cuidado con una corta historia intrigante y un giro final inesperado que sabe retratar con inteligencia todo lo malo que representa el hombre incluso en un mundo de fantasía. Sin duda la mejor propuesta de esta primera parte del ciclo.

Toni O. Prats y Callahan Ruiz se guían en La familia infernal por el homenaje para reinterpretar un clásico como El exorcista (que tendrá un papel importante en el festival, donde se repondrá la película) en clave de humor, adaptado a las problemáticas adolescentes actuales sin perder la oportunidad de añadir un toque castizo, lleno de guiños tanto culturales como cinéfilos que nos permitieron pasar un buen rato. Cambiando completamente de registro, Carmen Carreras hizo su aportación más expresiva y minimalista con Agorafòbia, un detallado ejemplo del interés por reinterpretar un concepto a través de la gestualidad y un pulido escenario, en un preciosista y oscuro cuento que reflexiona sobre la enfermedad dándole un aspecto físico a ese sentido de cárcel, en un muy corto extracto lleno de luces y sombras.

Un peculiar y desdichado nacimiento

Un peculiar y desdichado nacimiento de Javier Sánchez podría hermanarse con las otras comedias de la jornada. Con acidez se enfoca plenamente en su discurso para recordarnos que una persona con encefalograma plano siempre será más feliz que aquella de mente inquieta, explotando el concepto sin necesidad de grandes alardes técnicos, solo con una apropiada voz en off capaz de diagnosticar nuestra gran tontuna.

Con Cordura cambió el semblante profundizando en terrenos más serios. En este corto de Ernesto Arnal se buscaban los límites entre la enfermedad mental y lo sobrenatural a través de la tensa relación entre una madre que se movía en un débil margen de la consciencia y su hijo, deseoso de controlar el futuro de su madre y todo lo que ello conlleva. Con una producción cuidada y abiertas interpretaciones sobre la situación, la confusa mente de su protagonista abre las puertas a un drama cargado de intenciones oscuras. Con la soledad también experimentaba El refugio de César Terradas, donde una pareja se perdía en el bosque durante una excursión y transformaba una confusa neblina en una especie de encuentro con la soledad, para que Lucía, su protagonista, diese rienda suelta a la congoja de la pérdida. Aunque resulten evidentes sus intenciones desde el principio, no deja de ser interesante el modo en que el director intenta reverberar en ese momento de duda que provoca el lugar donde va a parar la joven, inspirándose en un relato ya conocido, sin grandes alardes, con el simple convencimiento de una historia correcta.

Cerraba esta primera parte Solo hay una de Mik J. López, con una Macarena Gómez en estado de gracia donde la supervivencia a una apocalipsis zombie es capaz de sacar jugo a la intimidad y la soledad a la que se ve sometida su protagonista. Sin apenas diálogos, la mujer muestra su instinto de supervivencia mientras su mente se va degradando por el peso del recuerdo y una dependiente falta de futuro. Atrevido y dispuesto a mutar la distopía hacia el drama, el corto sabe combinar la tensión propia de quien ya no tiene nada que perder con un final unido por los débiles lazos del instinto más humano, propio de la desesperación.

El umbral

En la segunda ronda de cortometrajes encontramos El umbral, donde Javier Carneros Lorenzo se atreve a deslizar mantas en un sentido literal y alegórico sobre la conciencia de clase. Con algunos detalles muy afilados y ciertas formas bruscas, nos plantamos frente a una pareja que encuentra al final de la escalera de su casa lo que aparentemente parece un sin techo refugiándose del frío. A partir de aquí los paralelismos hacen crecer por momentos la historia, donde los privilegios acaban alimentando el espectro de la pobreza en una ácida y original puesta en escena que nos somete a la reflexión sin dejar de lado el género, con un final “abrigado” y desolador. Acertada esa cita inicial a Jung que dice: «El mundo te preguntará quién eres y si no lo sabes, el mundo te lo dirá».

Sobre distopías también nos habla Ignacio Bárcena Martín en su corto El autor donde se polariza en esta ocasión la imagen de Chéjov como espejo donde se mira un personaje principal perdido en una supuesta situación cercana al fin de la existencia. Sin salir de una misma casa, tres personajes confabulan la perpetuidad de los humanos a través de sus diálogos, mientras uno de ellos va deformando su realidad frente a ese confinamiento obligatorio donde se encuentra en minoría, hasta degenerar su mente a través de la escritura, en busca de una obra perfecta que deje constancia eterna. Oscuro y decadente, el corto se apoya en sus fabuladas narraciones sin importar el contexto.

Con A.P.P. John Herrero asume esa idea de tipo encerrado en una sala sin saber el cómo ni el porqué de esa prisión. En clave de humor nos enfrentamos a un juicio en directo donde enlazar las malas praxis de una sociedad siempre dispuesta a llevarse a todo el mundo por delante en beneficio propio. Una especie de infierno sci-fi lleno de gags para dar un toque distendido a la noche.

Jorge Yúdice nos ofrece en Pisanka un trabajado ejercicio de género impulsado por la narración. Dos viejas amigas quedan a tomar un café. A plena luz del día y en un espacio público, el director sabe acrecentar la tensión mediante una conversación alarmante, donde los fantasmas cobran vida a través de las palabras de una de ellas. Sin grandes efectos, apenas detalles para cargar el ambiente, el terror y lo sobrenatural toman forma reflejados en el rostro de sus interlocutoras y de la idea del “hay algo detrás de ti”. Sí, me remito a mis propias palabras tras su paso por TerrorMolins 2022, pero debo añadir que un segundo visionado mejora muchísimo la ya grata experiencia que tuve la primera vez.

Compañeiros

Seguimos con Compañeiros de Fernando Tato, donde encontramos a Pedro Brandariz, protagonista de Jacinto, en una nueva incursión en el género, lamentablemente una de las últimas. Con la excusa del encuentro casual entre dos antiguos compañeros de colegio, el director nos enfrenta al engaño propio de las apariencias para darnos una sorpresa a mitad del metraje. Con una primera parte intrigante y tensa, su final desbarrado y casi festivo no logra mantener la tensión, dejándose llevar por la violencia gratuita, aunque el papel de Brandariz es nuevamente impecable y la mar de convincente.

La noche terminaba con Ad inferos de Ignacio Malagón, con múltiples referencias cinematográficas que nos lleva desde la presión grupal al enjambre social a través de la dualidad de su personaje principal, encerrado en una especie de universo paralelo propio de Los mundos de Coraline —por aquello de tener a una niña como protagonista—, con la intención de jugar al desafío del bien y el mal llevado a lo sobrenatural. Le falta un pequeño empuje a esas dos caras que tiene la niña, pero su enfoque, aunque conocido, es entretenido e intrigante.

Esta es solo una de las entregas del festival, donde encontramos del 13 al 19 de marzo todo tipo de ofertas terroríficas tanto en versión cortometraje como en películas indispensables del género, que iremos desgranando en los próximos días.

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