28 de febrero de 2024

TerrorMolins 2022: Películas

Interiorizando TerrorMolins 2022.

En TerrorMolins siempre nos presentan una selección del cine de terror de lo más cuidada, dándonos opción siempre a descubrir directores poco concurridos, debuts originales y mucha diversión. Aunque este año el ‹leitmotiv› eran los musicales, ha sido extensa la selección de terror enfocado en lo rural y sus misticismos, desplegando un catálogo de propuestas dramáticas que sabían sacar partido a lo local para narrar el horror más puro.

Tuvimos la oportunidad de conocer a Ángeles Huerta, quien hasta ahora había trabajado en el documental y que, gracias a ese espíritu investigador, nos envuelve un entorno clásico amparado por las montañas gallegas limítrofes con Portugal para dar forma a un relato de Xosé Luis Méndez Ferrín. Es así como la leyenda toma vida en Cuerpo abierto (O corpo aberto), donde instaurar el terror rural a través del costumbrismo. La historia comienza con la llegada de un joven profesor a un poblado a principios del siglo XX, para no separarnos de sus vivencias y su sesgada visión de lo que allí acontece. Las intrigas vecinales se van mezclando así con las creencias sobrenaturales con un nuevo punto de vista, al afrontar la ambigüedad de género (o su ambivalencia) gracias al concepto espiritual, absorbiéndonos en una ambigüedad también narrativa, donde el espectador debe identificar a sus personajes más allá de un concepto físico. Ayuda a ello ese entorno frondoso donde jugar con una atmósfera densa y oscura en la que el retrato humano se perfila mediante la ignorancia y la superstición, provocando un enigmático cierre que acompaña los pasos febriles de su protagonista. Sin duda una curiosa intervención en la ficción la que ha logrado su directora.

Saloum

Con Saloum nos encontramos a Jean Luc Herbulot (mejor director en la sección Being Different) que tras trabajar en Francia con varias de sus películas viaja a Senegal para darnos otro enfoque de lo rural. La película comienza como un thriller con personajes tremendamente carismáticos y de aspecto inconfundible que funcionan como mercenarios internacionales. Dentro de su trama tropiezan con esa necesidad de ocultarse que transporta el relato a un primer giro de los acontecimientos, encerrando a sus tipos duros en un entorno enlazado con el pasado de uno de ellos para introducirnos en un nuevo vuelco genérico, con una estética a neo-western que juega con un arma de doble filo a partir de aquí: la acción de inspiración puramente occidental y la sintomatología que ofrece la superchería local. Tras ese enérgico cambio de estilo nos enfrenta a una última parte más confusa y sin control para estimular el terror desde lo sobrenatural, con imaginativos monstruos que nos invitan a imaginar una especie de reflexión social, sin perder la oportunidad de ofrecer un mensaje sobre la situación que generan las guerras y la explotación de infantil de las mismas. Es efectiva, pero también imperfecta por no equilibrar tan bien como insinúa sus partes.

Huesera

Huesera se va a convertir en una voz necesaria entre tanto producto de género que se desvía hacia el terror maternal. En esta ocasión su directora, la mexicana Michelle Garza, decide cambiar el objetivo al poner en el centro de esta historia a una mujer que carece de ese instinto. Natalia Solián borda el papel de una mujer ya no tan joven para los ideales maternales de antaño que queda embarazada para alegría de todos, aparentemente. A partir de su costumbre de hacer crujir sus huesos, la directora nos sumerge en un salvaje sentido del dolor físico y espiritual, además de introducir con ingenio sus referencias, añadiendo otro punto de vista sobre las creencias locales para enfatizar un mal universal. Poco a poco nos aferramos a la idea de mujer cubículo, con lo que surgen apropiados paralelismos entre las dudas existenciales de su protagonista y las transformaciones de su físico, visualizando el dolor (y podemos destacar que este traspasaba en ciertos momentos la pantalla) ante la falta de empatía de sus allegados. Esto nos lleva a un final donde mezclar ensoñaciones y ritos oscuros con los que representar esa dualidad madre/mujer sin buscar una conclusión cómoda ni común, disfrutando de una nueva lectura de un tema manido y la intención de seguir de cerca a Garza, que se llevó el premio a Mejor directora en la Sección oficial del certamen.

Jacky Caillou

Llegó la visión amable del folk con Jacky Caillou, con la que Lucas Delangle debuta en el fantástico dando un nuevo enfoque del conocimiento rural a través del concepto sanador de la naturaleza. Conocemos a Jacky, un joven sin un futuro claro, que vive muy unido a la única familia que le queda, su abuela, una reputada curandera de la comarca que le transmite sus conocimientos sobre las bondades del universo con la imposición de manos. Al quedar solo, el drama se enfoca desde su integración en el papel que ejercía la anciana, convirtiéndose así en esperanza y a la vez recelo de los habitantes que confiaban en ella. Delangle introduce simultáneamente en este paraje insólito y cómodo la licantropía, que compite con la conexión que está valorando Jacky entre la naturaleza y las normas de la civilización. Con esas imposiciones de manos el joven descubre la evolución del mal mientras intenta sincronizarse con las fuerzas vivas del cosmos, forzando a reconocerse a sí mismo, a solventar su verdadero yo. Jacky Caillou es una película diurna, sin grandes altibajos y muy emocional, un relato positivista en el que embadurnarse cómodamente con el fantástico, siendo una de las pequeñas propuestas que sí o sí hay que darle una oportunidad.

Wolfkin

Doblete de lobos con otro debut, el de Jacques Molitor con su acertada Wolfkin. De nuevo los paralelismos juegan un papel importante entre lo conocido y lo fantástico al igualar la maternidad a la sobreprotección animal. Madre e hijo nos transportan a un tour de force donde la asimilación de la naturaleza innata pasa por un filtro doloroso y a la vez asertivo. Ante los cambios salvajes del muy joven protagonista, su madre decide cortar con su vida para buscar ayuda en la familia paterna, hasta entonces desconocida, una familia adinerada, unida al campo y las comodidades, que desde un inicio provoca recelos por sus peculiaridades, introduciendo a una madre confusa el entendimiento del castigo frente a los impulsos físicos del niño. Molitor rebusca en un drama familiar convencionales con tintes sociales apoderándose de los cánones del fantástico y el terror a través de la licantropía. Poco a poco va limando su discurso para despertar recelos ante esa familia que desconoce algo que no tenga que ver con el beneficio propio, sorprendiendo con algunos claros alegatos sobre clases sociales y temas de actualidad en Europa como la inmigración. Nos encontramos de repente un final disparatado donde aniquilar las comodidades de la clase alta a partir de un entendimiento entre la madre coraje y el niño salvaje, sin dejar de lado sus inclinaciones al género, siendo este un buen año para la relectura del humano frente a su naturaleza indómita como referente universal.

Speak no evil

Se cierra esta selección con la sentenciada como Mejor película de la edición. Christian Tafdrup hizo pasar un mal rato a más de uno con su propuesta Speak no Evil, donde retorcer la normalidad y las convenciones sociales hasta ponerlas en contra de sus protagonistas. Parte de una base muy sencilla, esa equívoca idealización de los desconocidos a los que algunos se aferran en sus entornos vacacionales. Una familia danesa se cruza con una holandesa en sus días de descanso por Italia, creando unos lazos frágiles pero atractivos entre ellos. De ese modo, centrando la mirada en un padre de familia con un claro hastío por su “bonita” e idílica vida, aceptan realizar un viaje con unos anfitriones entre los que afrontar el terreno desconocido como una vía de escape a su rutina elitista. Así toma presencia la incomodidad, que se va apoderando del relato hasta que la tensión es tan alta como la negación de las señales más turbias por pura cortesía social. El ambiente comienza a desequilibrarse, introduciendo el terror en escenas que el espectador podría equiparar con sus propias vidas, por lo que potencia esos miedos al hacernos sentir tan próximos a ellos, ciertamente posibles. Todo desemboca a un punto de inflexión donde impactar y aludir al sentimiento de responsabilidad o de culpa de los personajes atrapados en su propios ideales de respeto al contrario, aunque quizá su final quede sobresaturado por tanta explicación, haciendo que lo morboso y a la vez triste sea un extra que realmente no requería la potente historia principal.

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