septiembre 15, 2020

San Sebastián 2013: Día 6

Club Sándwich

Hoteles, asesinatos y SIDA en una nueva jornada del Zinemaldia.

Si son seguidores habituales de la cobertura que venimos haciendo de la 61ª Edición del Festival de San Sebastián, habrán comprobado que uno de los temas centrales del mismo es ese matriarcado que parece haberse establecido en este nuevo siglo, una consecuencia lógica de la crisis económica que venimos viviendo. Puede que Club sandwich pueda englobarse bajo esta misma etiqueta matriarcal pero lo hace desde una faceta más clásica, la de la relación filial y la resistencia materna al paso de la infancia a la edad adulta de su prole. Enarbolando la enseña del minimalismo visual (no hay apenas un movimiento de cámara en toda la película) y temático (tres personajes conforman el tronco de la historia), Fernando Eimbcke dibuja una historia sorprendentemente divertida e interesante en cuanto a su estudio de las relaciones familiares, planos largos que refuerzan una tensión mantenida y un entorno aislado, un hotel «a lo Marienbad» que sirve como laboratorio para que el autor mexicano juegue con sus personajes. Uno de los puntos álgidos de una Sección Oficial mucho más vulgar de lo que desearíamos.

Devil's Knot

Hemos hecho alguna broma durante estos días de la cantidad de directores «de los 90» que presenta este año el Zinemaldia, buen ejemplo de ello es el canadiense Atom Egoyan que nos conquistó en aquella época de despertar cinéfilo con películas como El dulce porvenir o Exótica. No sabemos si queda algo de aquel hombre en el tipo que hoy presentaba Devil’s Knot pero, desde luego, no lo parece y es que la película, que recupera un caso real de asesinato infantil sucedido en Arkansas hace 20 años, es de una atonía en lo visual y de un simplismo en lo temático que nos hace albergar serias dudas sobre el futuro de la carrera de Egoyan. En ocasiones hemos tenido la sensación de estar viendo un publirreportaje que utiliza los mismos medios que, pretendidamente, debería combatir, esto es, el uso de métodos acientifícos en las investigaciones judiciales. Si a esto le añadimos algún destello de sensiblería absurda (muy United Colors of Benetton, por cierto) que ha provocado alguna risa nerviosa en la decepcionada platea ya tienen el pack completo y la recomendación de mantenerse lejos de ella.

Dallas Buyers Club (Foto película) 3309

Terminábamos el día con Dallas Buyers Club, dirigida por aquel tipo que ya nos conquistó con C.R.A.Z.Y. Jean-Marc Vallée (de nuevo otro autor canadiense), un biopic centrado en la figura de Ron Woodrof: electricista, paleto de Texas, cocainómano irredento, follador, enfermo terminal de SIDA y, finalmente, defensor de los derechos civiles y opositor a los poco claros negocios de las empresas farmacéuticas en USA. Ya se imaginarán que con todos estos datos el relato biográfico se sostiene en describir al aparato estatal como el verdadero villano de la historia (estamos en Texas, señores) y, aunque uno ve de lejos los hilos que mueven la trama, el film se mueve con la precisión de un reloj, sobre todo gracias a las dos soberbias interpretaciones que nos regalan Matthew McCounaghey y Jared Leto, dos actores con una capacidad dramática bastante discutida en un pasado no muy lejano y que ahora nos impactan no sólo por su espectacular transformación física (algo obligado por los personajes a los que dan vida) sino por su amplia gama de registros. Una fantástica sorpresa para rematar la agridulce jornada, en definitiva.

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