septiembre 13, 2020

Críticas: Gloria

1

El amor y la soledad en la madurez.

“Gloria, campo de sonrisas, agua en el desierto, corazón abierto…”

La protagonista de la película que nos ocupa tiene el mismo nombre que la famosa canción de Umberto Tozzi, y no existe una conjunción más precisa entre canción y personaje porque todo eso y más es Gloria. Libre, activa, ilusionada por la vida que todavía le queda por vivir, pero sola. Tiene más que superada su separación del padre de sus dos hijos hace 12 años y la relación con éstos, aunque muy desapegada por las vidas de cada uno, es bastante buena. Gloria está envejeciendo pero es una persona activa, tiene un buen trabajo en una oficina, tiene amigos, es independiente, segura de sí misma y a sus casi 60 años sigue siendo hermosa, divertida y sexy. Pero a pesar de todo esto, Gloria sale cada noche a bailar con la esperanza de encontrar el amor y calmar la soledad que la impulsa a engancharse a una persona que a su vez no es capaz de desengancharse de su vida anterior.

Gloria es Paulina García y Paulina García es Gloria. Sin Paulina, Gloria no tendría razón de ser, porque la película entera es ella, su mirada, su sonrisa, esa madurez amable y a la vez extremadamente sensual de la que hace gala, y con la que compone un personaje inolvidable con el que, por derecho propio, se alzó con el Oso de Plata a la mejor actriz en el pasado Festival de Berlín. No hay ni una sola escena de la película en la que Gloria no esté presente y lejos de saturar con su presencia, Sebastián Lelio es capaz de sacar de Paulina García tanta fuerza y tanta expresividad tan solo con su imagen en pantalla, que se permite no dar explicaciones que con sólo mirarla resultan innecesarias, y potenciar los silencios, únicamente cubiertos en determinados momentos por la propia Gloria cantando mecánicamente las canciones trasnochadas que escucha en su coche.

2

El director chileno Sebastián Leilo vuelve en su cuarto largometraje a titular con referencias místicas (La sagrada familia, Navidad, El año del tigre) un drama cotidiano y costumbrista, alejado de la temática político-social de las últimas producciones chilenas que han pasado por nuestro país, como Violeta se fue a los cielos o la estupenda y nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa No, dirigida por cierto por uno de los productores de Gloria, Pablo Larrain. A diferencia de ellas, cuyo objetivo era el de remover conciencias, Gloria busca la emoción dentro de las vivencias personales del espectador a un nivel puramente íntimo, mostrando situaciones en las que cualquiera se puede sentir identificado, como la negación hacia los demás de los sentimientos de soledad que bullen dentro de Gloria, las distintas maneras de entender la familia, o la exhibición de las escenas de sexo con cuerpos de la tercera edad sin parecer coreografiadas como la mayoría de las escenas de este tipo, pero al mismo tiempo de una ternura y una belleza como sólo puede serlo en la vida real.

3

Leilo ha conseguido que nos enamoremos de Gloria y de su vitalidad sin necesidad de presentarla como una mujer madura que ve cómo se le escapa la vida ni de buscar la lágrima fácil, que hubiera sido un recurso muy cómodo en una película como esta. Al contrario, Gloria es una película que, aunque parezca una incongruencia, es profundamente triste y optimista a la vez, que nos deja un poso agridulce mientras se nos pone una amplia sonrisa en la boca contemplando la escena final, y que nos descubre a uno de los personajes más maravillosos del cine actual.

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