mayo 19, 2020

Críticas: Michael H.

Michael H

Uno de los directores fetiche de la web al otro lado de la cámara.

Un esbozo superficial de las virtudes del cine y la figura de Michael Haneke. Tal vez no pueda argüirse rotundamente que sea un documental fallido: un estilo muy clásico, que hace un recorrido por lo más destacado de la obra del personaje, que resulta interesante por momentos… Posiblemente para aquellos que no conozcan la filmografía del director austriaco, saldrán con una idea de quién es y si podría interesarles o no. Pero claro, si la única intención de Yves Montmayeur es la de colectar una serie de testimonios y fragmentos de películas para que  los neófitos, en lo que se refiere a Haneke, se acerquen a su cine… Pues por un lado suena un poco pobre, por otro lado serían bastante discutibles algunas decisiones. Por ejemplo en la elección de muchas de sus escenas, que desvelan momentos esenciales de las películas. No haremos nosotros el spoiler, pero para aquellos que hayan visto Caché, Funny Games, 71 fragmentos de una cronología al azar o El vídeo de Benny, pueden imaginar a qué podríamos referirnos.

Michael H. 2

Precisamente, el documental se inicia a mitad de una de las escenas capitales de El vídeo de Benny y tras ella, un primerísimo primer plano de los ojos de Michael Haneke observando la escena. Un plano algo desencuadrado que tampoco permite escudriñar esos ojos protegidos por sus gafas. Y entonces surge la pregunta: ¿habría empezado así el propio director austriaco una de sus películas? Y no será la última vez que este tipo de interrogación se nos venga a la cabeza, sobre todo escuchando algunas de sus sabias reflexiones. La impresión es la de que Montmayeur ha ejercido muy poco la autorreflexión, no ha extraído gran cosa del estudio de un personaje como éste, como si no se hubiera atrevido a adentrarse en el cerebro de la persona que tenía enfrente. Es una mirada más temerosa que respetuosa. Dice Haneke “soy un hombre aterrado, hago películas para explorar mis miedos”. Y Montmayeur no asimila para sí mismo esta frase, prefiere huir e irse a la materia conocida, en vez de hurgar con el bisturí y ahondar en esos miedos. No busca profundizar y reflexionar sobre Amour, Código Desconocido o cualquiera de sus películas, o en sus propuestas formales dadas de la mano de los conceptos y temas que trata. Nombra a la película, Haneke dice algo al respecto y se pasa a la siguiente, como quién lee una sucesión de hechos históricos sin detenerse a ver cómo surgieron o que relación guardan unos y otros. Un relato además que se vuelve más sesgado cuando esquiva Funny Games U.S y El Castillo, posiblemente los dos únicos “tropiezos” en la filmografía del austriaco. No reciben siquiera mención.

Estamos ante la descripción de un tipo absolutamente brillante, dicho por todos los entrevistados y de todas las maneras. Una brillantez que no vemos surgir, como si siempre hubiera estado allí, que nunca se pone en duda. Se obvia lo menos genial de su carrera y aquello que le ha llevado hasta allí. Es decir, que seguimos sin saber detalles de los inicios de su carrera, de su etapa televisiva en Austria y en la Alemania anterior a la caída del Muro de Berlín. Películas de las que realmente se ha hablado muy poco, de difícil adquisición y cuyo interés por tanto se hace más necesario. La estructura del documental es cronológicamente inversa, parte desde la última película estrenada (Amour, 2012) hasta la ópera prima cinematográfica (El Séptimo Continente, 1989), parándose ahí. La humanidad del personaje queda patente en algunas de sus reflexiones como la anteriormente mencionada, pero no dejan de resultar sorprendentes y reiterativos los constantes ensalzamientos, su absoluto ingenio en todo lo que dice y hace… Y esa filantropía no deja de existir, pero el relato es de alguien que jamás ha cometido un error, de alguien que nunca se equivoca, de alguien que parece más irreal que humano.

Michael H. 3

Michael H. Profession: Director muestra por tanto aquello que ya sabíamos y que cualquiera podría saber viendo las películas de Haneke y sus making-offs. Un ejercicio cómodo y sencillo, fácilmente digerible y que induce más indiferencia que otra cosa. Es decir, un documental que provoca unas sensaciones completamente antagónicas a las que genera el cine del personaje retratado.

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