septiembre 19, 2020

Críticas: La hermandad

Lydia Bosch meets Monjes Benedictinos.

La hermandad (4) - Cinema ad hoc

Lydia Bosch llevaba ausente de las pantallas de cine desde que en el lejano y loquísimo año 2000 protagonizase You’re the One de Garci. Pero era cuestión de tiempo que alguien pensara en ella para ser la nueva musa del terror español. Si Belén Rueda pudo, ¿por qué Lydia no? ¡No puede ser que a nadie se le ocurriera antes! Pero el recorrido no fue fácil. El estreno de La hermandad tuvo que aplazarse varias veces, alguna de ellas por causa de fuerza mayor (?). Finalmente no hubo suerte, pero el angosto camino que conduce a su lanzamiento termina con la avalancha de estrenos de estas fechas. Por fin los numerosos y apasionados fans de Lydia, siempre cariñosa con ellos, podrán ir en masa a verla de nuevo en los cines.

La hermandad (2) - Cinema ad hoc

La nota de prensa de La hermandad nos la presenta como lo que es: una obra esperadísima que sin duda va a convertir al valenciano Julio Martí Zahonero, debutante en el largometraje con apellidos de árbitro de Segunda B, “en uno de los directores de referencia del cine español dada su sorprendente maestría y seguridad a la hora de rodar que ha demostrado en su primera película” (sic). Lydia tampoco duda en tirarse a la piscina: “Es una película cuidadísima, con una fotografía maravillosa. Los escenarios son espectaculares, se han conseguido unos resultados extraordinarios con poco presupuesto pero con mucho talento. Es una película llena de ilusión capitaneada por Julio que es un maestro, y que va a ser el próximo Amenábar”.

Hombre, tampoco voy a ser yo el que le quite la ilusión. Porque, yo que sé, ¿imagináis a la Belén Rueda de El orfanato sufriendo durante una estancia gratuita con los monjes de El gran silencio? Ahora podéis.

La hermandad (1) - Cinema ad hoc

Pero afortunadamente el carisma de Lydia Bosch es muy superior al de Belén, y Martí Zahonero deja en bragas a Bayona con una dirección que trolea a su protagonista y nos hace sentir como espectros al colocar la cámara en ángulos locos para dejarnos contemplar así, ocultos en sus fastuosos escenarios, su desconcierto. También apuesta muy fuerte por tajantes frases de corte turbio-existencialista, debidamente colocadas en rótulos durante el primer tramo de la película. Por poco creíble que suene, os prometo que no me las he inventado yo (bueno, puede que alguna a medias, porque nunca entiendo mi letra en las notas que tomo durante los pases de prensa). Son de Zahonero, amigos, son obra de Zahonero.

¿Y qué es exactamente lo que cuenta La hermandad? Vamos por partes. Lydia Bosch es Sara, una escritora de novelas de misterio que sufre un accidente en una carretera alejada de la civilización cuando se dirige a una reunión con su editora. Tras varios días, despierta en un monasterio de clausura alejado del mundo, uno de los pocos que aún cumplen religiosamente (?) con los votos de austeridad extrema de los primeros cristianos, en palabras de uno de los monjes. Allí vivirá una agitada convalecencia.

La hermandad (5) - Cinema ad hoc

Imaginad la escena al despertar en una abadía y encontrarse a Manuel Tallafé o Borja Elgea vestidos de monjes. No sé, el misterio pasaría a ser lo de menos. Aunque lo hay: voces de niños, una fotografía antigua, un libro sobre la Hermandad. Sabemos que existe algo turbulento entre las paredes del monasterio, pero el director apuesta inteligentemente por vacilar a la protagonista hasta su resolución y llevar la película a los terrenos del drama social, para convertirla en un sórdido alegato contra la violencia infantil en dos épocas distintas. Al ruidoso grito de “¡Hijos de puta!”, Lydia se rebela contra los monjes. Pero poco después llora, ellos también y lo que vemos gana enteros hasta aproximarse a un final con la consabida sorpresa en forma de cicatriz.

La hermandad (3) - Cinema ad hoc

El sufrimiento de la escritora, por tanto, se convierte en el gozo de un espectador que contempla cómo el laboriosísimo esfuerzo en la recreación de interiores y exteriores, o la música que supone el debut de la Gran Orquesta del Liceu en el cine, quedan aniquilados por la fuerza de la tragedia que se cuenta. Es de agradecer la apuesta por un cine de terror y misterio decididamente viejuno en detrimento de la supuesta frescura de películas como Viral, con la que comparte varias similitudes. No es casualidad que aquí la protagonista aterrice en un monasterio carente de electricidad, evocando otra época para el cine de género patrio en la que La hermandad podría haber supuesto un revolucionario éxito sin necesidad de ser aplazada por la tiranía de los Goya. Valiente incursión, Zahonero.

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