junio 1, 2020

Críticas: A 20 pasos de la fama

A 20 pasos de la fama portada

“And the coloured girls go, do doo do doo…” (Walk on the wild side – Lou Reed).

Las chicas de color a las que se refería Lou Reed eran las coristas, la mayoría de ellas hijas de pastores evangélicos criadas al amparo de los coros de gospel donde comenzaron sus primeros pasos en la música. Chicas con voces prodigiosas que en la década de los 60 irrumpieron en la escena musical para dar soporte con sus voces a los cantantes de aquellos años, y que a lo largo de los años han contribuido a engrandecer la música rock con el toque de soul y blues intrínseco de la música negra. El oscarizado documental A 20 pasos de la fama hace alusión a los pasos que separaban en el escenario a esas coristas de los cantantes a quienes acompañaban, y hace un repaso por la carrera de varias de las chicas que a lo largo de los años han servido de apoyo a grandes nombres de la música, y pocas veces han tenido el reconocimiento que se merecían.

Como dice en un fragmento del documental el productor David Lasley, “lo que se esperaba de una corista era que cantara bien, no se atribuyera el mérito y se fuera pronto a casa”. En la década de los 50, el acompañamiento de los crooners o de los cantantes melódicos consistía en tres guapas mujeres blancas que leían sus partituras casi sin moverse del sitio. Fue a mediados de dicha década cuando empezaron a surgir cantantes afroamericanas a cambiar la percepción de las voces femeninas que contribuían a la armonía de los temas. Morgan Neville, quien ya dirigiera otros dos documentales sobre la música en los años 60, Respect Yourself: The Stax Records story y Troubadours, expone en A 20 pasos de la fama la evolución de la profesión de las coristas a través de las distintas décadas, que fue desde el simple acompañamiento vocal hasta la total libertad en el escenario junto al grupo o cantante principal, pasando por ejercer de símbolos sexuales en los años 70 como lo hicieran las Ikettes (el trío que acompañaba a la pareja formada por Ike y Tina Turner). Incluso nos desvela cómo muchas de estas chicas no sólo secundaban a un gran artista, sino que algunas cedían su talento en grabaciones para que otras se lucieran y consiguieran la fama haciendo playback. El documental se centra en las vidas de media docena de estas chicas, incidiendo sobre todo en la de Darlene Love, una de las primeras coristas de color que, poco después de la decepción que le supuso escuchar su voz en los discos de The Crystals, consiguió un éxito efímero con su propio grupo y acompañó a artistas mundialmente conocidos durante varias décadas hasta que, cansada de las giras se retiró y acabó trabajando como asistenta doméstica.

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El caso de Darlene es de los más llamativos de A 20 pasos de la fama, un documental que pasa muy superficialmente por los malos tiempos de las chicas, convirtiéndose en una especie de cuento de superación personal que tanto gusta en los Estados Unidos y que, por esa misma razón, era fácil adivinar su gran éxito de crítica y premios allá por donde fuera. Pero el mayor problema de la película es que no sigue una progresión cronológica, va saltando de corista en corista intercalando sus vidas personales y profesionales sin una cohesión temporal definida, pasando de hablar de las revueltas sociales de los años 60 a la muerte de Michael Jackson, y de vuelta a los excesos de los Rolling Stones en pocos minutos. Además, la inclusión de numerosas estrellas del pop y del rock como Bruce Springsteen, Mick Jagger o Sting hablando de “sus chicas”, y por supuesto de una magnífica banda sonora compuesta por actuaciones y grabaciones de archivo, algunas inéditas, en la que las voces de estas mujeres consiguen poner los pelos de punta a cualquiera, eclipsan muchas historias de fracaso hasta el punto de que todo en el documental destila un buenrollismo a veces demasiado impostado. Y no es que moleste en demasía, al contrario, uno sale de ver A 20 pasos de la fama con un subidón de buena música y de testimonios de mujeres felices por poder escuchar sus voces en las emisoras de radio y tener un mínimo de reconocimiento profesional, pero se echa en falta quizá una mayor incidencia en la frustración que supone el haber derrochado ese talento tan abrumador al servicio de otros y no haber conseguido el éxito merecido al probar suerte en solitario.

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Voces femeninas tan espectaculares como la propia Darlene Love, Lisa Fisher, Merry Clayton o la más joven Judith Hill que vio frustrado su debut al fallecer el Rey del Pop a quien iba a acompañar en su último espectáculo, se dan cita en A 20 pasos de la fama representando a todas esas mujeres que ayudaron a aumentar el prestigio de estrellas ya consagradas, desde un anonimato que con este documental se pretende abandonar pero en el cual no deja de ser curiosa la importancia que tienen las declaraciones de los cantantes a quienes dan soporte, como si de alguna manera la película fuera la extensión de esos papeles secundarios a los que están relegadas las chicas. Y es que, como dice Stevie Wonder en la parte final del documental, “el éxito depende de cosas que no tienen que ver con la música”, frase que sirve tanto para las coristas de las que habla como para el éxito del documental en sí.

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