julio 9, 2020

Críticas: God Help the Girl

God help the girl

Sweet sixteen.

Si hubiera visto God help the girl cuando tenía 16 años, probablemente en aquella época se hubiera convertido instantáneamente en mi película favorita. Adolescentes que se escudan de su inadaptación social en su pasión por la música, con una estética y un sonido reminiscentes de tiempos pasados y un halo de diferenciación con respecto a la juventud contemporánea, son los pilares básicos para que cualquier quinceañero la reciba con los brazos abiertos y la eleve a los altares de “película de culto”. Hoy, la recordaría con la nostalgia con la que se recuerdan las películas que se ven una y otra vez hasta que te sabes los diálogos y las canciones de memoria, y como un objeto intocable, no tanto por el riesgo de estropear la cinta al ponerla de nuevo, sino por el de dañar mis recuerdos al revisarla y darme cuenta de la cantidad de imperfecciones que tenía.

Porque es precisamente lo que el líder de la banda indie Belle & Sebastian, Stuart Murdoch, consigue con su primera incursión tras las cámaras: que por un momento nos olvidemos de sus muchos defectos, que los tiene, en pos del encanto que destila el trío protagonista y sobre todo de sus voces y de una banda sonora que cambia el indie por el pop más pegadizo. El hecho de que Stuart Murdoch haya creado un guión a partir de un conjunto de canciones sobre el paso de la pubertad a la madurez femenina que escribió en 2006, hace que lo que cuenta God help the girl sea tan simple como las propias letras de las mismas. Nuestra protagonista, Eve, está recluida en un centro para tratar sus problemas alimenticios derivados presumiblemente de algún tipo de conflicto emocional que no se explica en la película. Su vía de escape es la composición de canciones en las que habla de lo que hace en todo momento, como el primer tema que se escucha y en el que va relatando cómo se fuga del centro para ir a ver un concierto de varias bandas. Entre ellas se encuentra la de James, un músico solitario con el que Eve se siente identificada inmediatamente, y con el que, junto a Cassie, alumna de aquel, se embarcan en la aventura de formar su propio grupo.

God help the girl 2

God help the girl podría muy bien englobarse en ese tipo de películas musicales que parten de canciones ya escritas anteriormente para crear una historia en la que meterlas, como se suele decir con calzador, provocando en la mayoría de los casos guiones tan forzados como insustanciales en ejemplos como otra producción británica de la que hablábamos no hace mucho, Amanece en Edimburgo. Pero al contrario que en ésta, cuya historia tenía un componente de drama familiar y romántico que se tomaba a sí misma demasiado en serio como para ser tan realista como pretendía ser, la película de Murdoch es muy autoconsciente de estar planteada como una película por y para espíritus adolescentes. Utiliza para ello unos personajes que, a pesar de su buena química y el encanto al que me refería antes, no llegan a resultar del todo carismáticos debido a unas actuaciones un tanto anodinas, a excepción si cabe de la ingenua y enamoradiza Cassie a cargo de Hannah Murray, pero que sin embargo sacan lo mejor de sí cuando de actuar musicalmente hablando se trata. Y es precisamente este aspecto el que aleja a God help the girl de películas como la mencionada y la asemeja a films en los que son los propios cantantes o grupos los que se interpretan a sí mismos, ya fueran los Beatles en sus primeras incursiones en el cine, las Spice Girls o, ¿por qué no?, los Hombres G, películas eminentemente realizadas para disfrute de sus fans.

God help the girl 3

Por ello, por mucho que parezca que el guión intenta incidir en los problemas de jóvenes inmersos en plenas crisis existenciales, con todo lo “profundas” que suelen ser las crisis existenciales de los adolescentes, no deja de ser una sucesión de videoclips con los que narrar una historia a todas luces irreal desde un punto de vista dramático. Prácticamente todas las canciones están cantadas a cámara por los protagonistas, en forma de monólogos o diálogos insustanciales, e incluso hay números en los que aparecen cuadros de baile o están realizados con distinta fotografía que el resto para enfatizar su esencia de mero videoclip al servicio de una historia. Se permite además Murdoch introducir homenajes a otras cintas musicales como la carrera de los protagonistas delante de un gran número de jóvenes que intentan alcanzarles para entrar en su banda, al estilo de la huida de los Beatles de sus fans en Qué noche la de aquel día, o la inclusión de un personaje que simula ser la Julie Andrews de Sonrisas y Lágrimas, así como bromas con respecto a la troupe de fans que les siguen, denominándoles en los créditos simplemente como “hipsters”.

Podríamos definir God help the girl con adjetivos como fresca, deliciosa y todas esas cosas que se dicen, cuando se perdonan momentos supuestamente dramáticos que rozan el ridículo o tan aburridos como ese interminable paseo en canoa por el río, debido a la luminosidad, la efervescencia juvenil, el colorido y el optimismo que desprende el film. Pero éste no sería ni la mitad de delicioso sin esos temas de puro pop nostálgico de épocas pasadas, como el que da título a la película, I’ll have to dance with Cassie o Musician, please take heed, aun con letras, como decía, sin ningún tipo de profundidad o carácter poético. Pero seamos sinceros, ¿a quién no le entran ganas de bailar escuchando I should have known better de los Beatles con perlas como “that when I tell you that I love you, you’re gonna say you love me too…”? En definitiva, una película con la que dejarse llevar por el adolescente que todos seguimos llevando dentro, y disfrutar simplemente bailando como Cassie “…is dancing madly like a boxing kangaroo.”

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