julio 12, 2020

Críticas: Hércules

HERCULES

Kriptonita para el héroe.

Si existe un mito del mundo clásico que refleje la fuerza y el poder sobrehumanos encarnados en un hombre, aunque sea hijo de la unión entre una mujer y un dios, ese mito sin duda es Hércules, un héroe legendario que ha servido como molde para crear los superhéroes, antaño alojados en el cómic mensual o las series por episodios del cine y la televisión. Y en la actualidad los grandes amos de la taquilla en las superproducciones cinematográficas. Y como carne para el hiperespectáculo de los videojuegos, la industria del juguete y los parques temáticos de atracciones. Introducida esta reflexión acerca de la magnitud referencial de Hércules, este icono sin el que no existirían Superman ni El increíble Hulk, por citar los dos personajes más fuertes del cómic, podremos hacer esta pregunta sin más dilación. ¿Es Hércules la adaptación definitiva sobre un personaje tan poderoso y eterno? Y la respuesta es muy sencilla: No, ni por asomo.

¿Cómo se puede justificar una afirmación tan tajante? Propongo hacerlo al modo referencial, inspirándose en los doce trabajos de Heracles o Hércules.

– Primera prueba, llegar a los cines. Hércules de Brett Ratner se estrena como el plato fuerte de la cartelera semanal, y con el aliciente de acaparar el interés después de Hércules. El origen de la leyenda (dirigida por Renny Harlin estrenada y olvidada en enero de 2014) O Hercules reborn (2014 otra vez) una imitación de la que nos ocupa ahora, que seguramente vaya directa al dvd o a las televisiones. Así que con la promoción y cobertura publicitaria actual, el Hércules de Ratner será el que venza a los otros dos farsantes.

HERCULES

– Segunda prueba, aguantar en cartelera hasta el miércoles y, tal vez, algunas semanas más. Sí, porque ahora mismo, aunque sea por un precio reducido, la taquilla española se revitaliza ese día de la semana, gracias a la promoción de las salas exhibidoras.

– Tercera prueba, justificar por qué este Hércules no tiene poderes. ¿Cómo? ¿Qué no derrota ejércitos enemigos a golpes? ¿Ni a monstruos gigantescos, centauros, muertos vivientes y otros seres con sus propias manos? Pues la respuesta está en el material que adapta la película, una novela gráfica con guión de Steve Moore, autor fallecido en 2014 y al que va dedicado el largometraje. El cómic se titula Hércules. La guerra de Tracia y el tratamiento que hace del semidiós es el de un guerrero fuerte, pero totalmente humano. Un personaje más cercano a Conan el bárbaro que a los superhéroes.

– Cuarta prueba, mantener en pie una hora y cuarenta minutos de metraje con un actor que impone presencia pero no vida a su personaje. Sí, ese es Dwayne Johnson (The Rock) un protagonista que resulta bidimensional en una película que en algunos cines se proyecta en 3D. Es un actor que ha demostrado solvencia como secundario en comedias y películas de acción como Be cool (2005) y Superagente 86 de película (2007) pero que como este titán funciona mejor cuando está rodado en plano general -de la cabeza hasta los pies- que en plano corto (ahora sonriente, luego enfadado) Por lógica y sentido práctico, no se contrata a un coloso como Johnson, que debe haber pasado más tiempo de su vida en un gimnasio que durmiendo, para que exhiba recursos interpretativos, antes que para lucir sus músculos.

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– Quinta prueba, apoyar al héroe con varios personajes secundarios, cuantos más mejor. Porque así estará en ocasiones con un gracioso adivino y adicto a hierbas estimulantes (Ian McShane) O con su amigo más fiel (Rufus Sewell) Además de otros personajes más o menos excéntricos que formen un equipo de mercenarios.

– Sexta prueba, emplear argumentos anteriores de éxito probado, maquillándolos un poco. A primera vista se presenta un grupo de mercenarios parecidos al Equipo A, capitaneados por Hércules. Se adereza algún cruce con Braveheart en las escenas previas a las batallas. Y se complementa  sin olvidar referencias a las dudas filosóficas y traumas vitales, más propias de  El caballero oscuro que de un héroe hecho y derecho como Hércules.

Por supuesto, estas pruebas podrían continuar hasta doce y tal vez más, pero no es éste el lugar para realizarlo, con más razón teniendo como referente esta adaptación que prescinde de seguir sus doce trabajos, salvo al ofrecer un resumen tacaño y acelerado, durante un prólogo que casi parece el trailer del film.

El tono adoptado por el director se balancea desde una comedia desmitificadora de la mitología durante el primer tercio de la película, pasando por un desarrollo lento y largo, en clave de historia bélica, que ocupa el segundo tercio y  rematado todo por una tercera parte de aventuras, venganza y drama que no acierta en los momentos de humor, anulados por una repetición excesiva de esos chistes.

HERCULES

Quizás Hércules pueda resultar una película simpática por cierto aroma de serie b y por algunas secuencias de acción resueltas con corrección aunque sin fuerza. Pero lo que se le puede reprochar es que siendo una película que promete acción, la retrasa demasiado con secuencias supuestamente dramáticas que apenas suscitan algún interés. Quizás si hubiera seguido el ejemplo de otros films de acción y fantasía como Iron man 3 o Los vengadores, dos casos recientes en los que los diálogos sí aportan diversión, drama, relaciones y lucha dialéctica entre los personajes, algo en lo que Hércules se manifiesta débil.

En conclusión hemos visto una película que podría ser mucho más intensa y divertida, partiendo de un cómic basado en la mitología griega. Es decir, un material argumental que se ha difundido durante milenios y que además ha resistido el paso de diversas civilizaciones, de la Edad Media, de la Revolución Industrial, de la devastación de las dos guerras mundiales, e incluso de una penosa adaptación animada y musical perpetrada por la Disney en los años noventa. Si todo lo mencionado no ha terminado con la leyenda de Hércules, este largometraje tampoco lo conseguirá.

Afortunadamente nos queda un as en la manga, un secundario que demuestra un poderío insuperable cuando aparece en pantalla. Este no es otro que John Hurt, el actor septuagenario que con una simple caída de párpados o media sonrisa, supera sin esfuerzo aparente al resto del reparto.

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