25 de octubre de 2021

Críticas: Venom: Habrá matanza

Más de lo mismo y peor.

Una de las películas de superhéroes con peores críticas y a su vez más taquilleras: Venom. Pocos se aventuraron a augurar su fulgurante éxito tras las primeras reacciones tan tibias. De hecho, el filme de Ruben Fleischer parece haber tenido una segunda vida en el formato doméstico y las plataformas digitales a tenor de sus cifras en la taquilla USA (la secuela ha obtenido más recaudación en su primer fin de semana mejor que en 2018). El fandom ha crecido. Entonces, ¿por qué cambiar la fórmula? ¿Les volvemos a dar lo mismo?

Efectivamente Venom: Habrá matanza es exactamente la misma película, aunque peor. Si en la primera película, las disputas entre Eddie Brock y Venom funcionaban como una buddy movie, ahora todo resulta tedioso cuando busca irremediablemente la carcajada del público. En el pase de prensa había silencio sepulcral ante cada nuevo gag o chascarrillo. Servidor fue benevolente con la primera Venom, ya que tiene suficientes alicientes: presenta muy bien al personaje, funciona el tono cómico entre ambos y Riz Ahmed era un buen villano, sin más. Un aprobado raspado (lo de la pobre Michelle Williams es de juzgado de guardia). En cambio, esta secuela parece no despegar nunca y perderse en peleas sin gracia entre Eddie y Brock, la comedia ha perdido el inspirado humor y el nuevo villano (Woody Harrelson) hace acto de presencia demasiado tarde y aporta bien poco. Solo una mera pieza para la necesaria batalla final en el cine de superhéroes.

De hecho, el tercer acto es lo único remarcable de este deslucido blockbuster. Andy Serkis ha tomado las riendas de la película y ejecuta muy bien el clímax de acción en una espectacular secuencia en una iglesia. El escenario idóneo para expiar los recelos entre los protagonistas y hacer frente al enemigo en común: la Matanza del título (Carnage, uno de los villanos más reconocibles de Spider-Man). El principal problema es que uno llega ahí tras una hora de la más absoluta indiferencia y un ridículo in crescendo en el intento constante de hacer reír con cada nueva ocurrencia. Un sopor de incredulidad.

Tom Hardy continua entregadísimo en su doble rol, pero la frescura y gracia de la primera son ausentes en todo momento en una secuela tan rutinaria como olvidable al terminarse los créditos. Por cierto, unos créditos finales con una escena añadida que sí hace vibrar, sobre todo, a los más fans del superhéroe arácnido, entre los que servidor se incluye. Eso sí, Tom Holland charló más de la cuenta con su “Are The Rumors True” en redes sociales. Un cliffhanger no arregla ni una mísera parte de una mala película, pero sí las ganas de Spider-Man: No Way Home. Habrá tercera Venom, no hay duda, pero esperemos que le den tres o cuatro vueltas al concepto, guion e historia.

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