octubre 15, 2020

Entrevistas: Diao Yinan

Diao Yinan 2

Entrevistamos al director de Black Coal.

Para muchos, Black Coal siempre será la película que arrebató el Oso de Oro de Berlín a Boyhood, la alabada cinta de Richard Linklater. No obstante, el filme chino reúne elementos de interés como para ser considerado por sí mismo. Su autor, Diao Yinan, se formó como guionista, faceta en la que destacó con La ducha,  y logró ganarse un nombre entre la cinefilia más exquisita con su ópera prima, Uniform, y especialmente gracias a Night Train, que consiguió el premio a la Mejor Película en el Festival de Varsovia. Su tercer filme es un thriller que sigue los pasos de un detective de policía que investiga un crimen que ha escandalizado a los trabajadores de una serie de minas donde se han encontrado los restos dispersos de la víctima. Obsesionado por un caso que no ha podido resolver, el agente de la ley se convierte en un hombre borracho y asocial. Cinco años después del suceso, se interesará por una serie de asesinatos que guardan ciertas similitudes con aquel trabajo que inició su particular descenso a los infiernos. Bajo la evidente trama de suspense, Yinan nos muestra a un protagonista solitario, al que da vida un estupendo Liao Fan, que se mueve en una China que, casi parafraseando el título en inglés (Black Coal, Thin Ice), es tan oscura como el carbón y tan fría como el hielo.

Después de su paso por el Festival de San Sebastián, donde la cinta participó en la sección Perlas, el realizador charló con nosotros de su tercer largometraje y su pasión por Luis Buñuel, la literatura negra norteamericana o el expresionismo alemán.

– Fue guionista de una comedia como La ducha y, previamente a Black Coal, había dirigido dos dramas. ¿Por qué escogió una historia propia del cine negro para su tercer largometraje?

Diao Yinan: Porque me permitía explorar la soledad del ser humano.

– ¿Qué le lleva a obsesionarse con esos personajes tristes y solitarios tan habituales en su carrera como realizador?

D. Y.: Creo que simplemente son un reflejo de la realidad. Todos nosotros vivimos la soledad. Aunque nos relacionemos mucho en la vida diaria, siempre tenemos un rincón en el que nos encontramos solos. Además, tenemos sentimientos de locura, que están prohibidos por las normas sociales y éticas. Todo ello se revela normalmente en la noche, mientras estamos durmiendo. Lo que yo quería conseguir era encender esas locuras y pasiones.

– La película comienza en 1999, ¿por qué eligió precisamente esa fecha?

D. Y.: Porque en el año 1999, el uso de análisis basados en el ADN que utilizaba la policía china todavía no estaba regularizado. En el año 2000 ya empezó a ser normal su utilización. Antes de esa fecha, se podía hacer análisis de ADN, pero había que ir a Pekín, la capital, y se pagaba la cantidad de 20.000 yuanes.

– Como ocurre con otra película china reciente, Un toque de violencia, Black Coal dibuja un panorama del país triste y deprimente, ¿en qué medida es así?

D. Y.: Esa tristeza es la que siento yo personalmente. Por supuesto, en China hay días despejados y ciudades hipermodernas, pero yo elegí un lugar casi surrealista.

– Hablando de surrealismos, usted es un gran fan de Luis Buñuel, ¿de qué manera esta pasión  por el cineasta español ha dejado huella en su filmografía?

D. Y.: He hablado tanto de ella que casi me da vergüenza hacerlo de nuevo. Cada poco tiempo tengo que ver una película de Buñuel y, dependiendo de la época en que veas sus filmes, me despiertan diferentes sensaciones. Lo que más me gusta de su obra es el valor que tiene al explorar las identidades del ser humano de manera irónica

La ducha, una película donde usted ejerció como guionista y tuvo cierta repercusión  en España, era una comedia. ¿Cómo se explica que en su carrera como director haya encaminado sus pasos por sendas más dramáticas?

D. Y.: La ducha no reflejó verdaderamente mi personalidad, sino la del director de aquella cinta. Yo simplemente trabajaba para él como guionista profesional.

– Algunos han comparado Black Coal con Zodiac, de David Fincher. ¿Qué le parece?

D. Y.: David Fincher no creo que haya sido una influencia. No obstante, también he leído críticas que decían que la película tenía similitudes con El tercer hombre o El halcón maltés. Todo depende de lo que piense cada comentarista, aunque no pienso que estos títulos sean los que más me han influido.

– Entonces, ¿cuáles han sido sus referentes?

D. Y.: Creo que han sido más literarios que cinematográficos. Por ejemplo, novelistas estadounidenses de los años cuarenta como James M. Cain, Raymond Chandler o Dashiell Hammett. Estos escritores dieron la vuelta a Sherlock Holmes, porque pensaban que el detective no es un Dios, sino un ser humano. Desde el punto de vista del cine, quizá la mayor influencia vino del cine mudo alemán, de Fritz Lang y su Doctor Mabuse, que son el origen del cine negro. 

– ¿Cómo se sintió al ganar en Berlín el Oso de Oro, que casi todo el mundo pensaba que iría a parar a Boyhood, de Richard Linklater?

D. Y.: No sé cómo conseguí este éxito y ganar a Boyhood. Habría que preguntárselo al jurado. No obstante, antes de abandonar China, mi círculo de amigos chinos bromeaba diciéndome que iba a ganar. Eso muestra que tenemos mucha confianza en nosotros mismos y que no tememos a ningún rival.

– ¿Cómo calificaría el cine de su país en la actualidad?

D. Y.: El mercado del cine chino es muy dinámico, no solamente desde el punto de vista de las ideas, sino también como una industria. Cualquier director que trabaje mucho y se sitúe un poco acaba triunfando. Hay, además, mucha inversión.

– ¿Tiene alguna idea para su próxima película?

 D. Y.: Estoy todavía buscándola.

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