mayo 30, 2020

Críticas: Cómo sobrevivir a una despedida

Cómo sobrevivir a una despedida - Cinema ad hoc

Maldita generación.

Llevaba tiempo reclamándose desde diversos sectores la necesidad del cine comercial español de saber asumir influencias foráneas para reciclarlas en productos propios, exportables sin necesidad de renunciar a una identidad definitoria. En los últimos años, directores como Javier Ruiz Caldera (3 bodas de más) han sabido responder a esta tendencia con un acierto mayor o menor, pero contestando a las exigencias de las cadenas de televisión productoras a la par que haciendo gala de ciertas señas personales para reproducir sus modelos.

El proyecto de Cómo sobrevivir a una despedida se presentaba con opciones de insuflar cierto aire a la comedia española, bebiendo del desmadre de éxitos globales aún frescos como La boda de mi mejor amiga o la saga Resacón y trasladando su comicidad al enclave turístico de Maspalomas. Sin embargo, la debutante en el largometraje Manuela Moreno sólo acierta a copiar sin atisbo de personalidad los rasgos característicos de títulos como los citados, olvidándose por completo de dotar a sus personajes de una profundidad que vaya más allá del estereotipo. Se desecha, además, la ocasión de convertir al reparto predominantemente femenino en algo más que cuatro trazos pronunciados –Natalia de Molina, brillante descubrimiento de David Trueba en Vivir es fácil con los ojos cerrados, poco puede hacer con su papel protagonista–, que salen a la luz durante una despedida de soltera en una isla de Gran Canaria a la que tampoco se hace ningún gran favor con lo mostrado.

Cómo sobrevivir a una despedida (2) - Cinema ad hoc

La alargada sombra de Atresmedia, compañía impulsora de la película, se deja notar en lo televisivo de la realización, nutrida de esos videoclips con los éxitos del momento en Los 40 Principales que se han convertido en dudosa bandera de la comedia juvenil nacional más reciente. Pero más allá de la insulsa dirección, el concepto que se maneja resulta erróneo y confuso desde el primer minuto. Lo que se presenta como una película dirigida a los nacidos en los 80 o los albores de los 90, que incluso aboga sin rubor por la nostalgia al incluir un cameo de Emma Bunton –la Spice Girl rubia– y una interpretación completa de Wannabe, no es sino una sucesión de chistes de difícil calado entre un público al que se supone maduro. Rimas y juegos con el lenguaje sonrojantes –“-¿Eres Dios, que estás en todas partes? -No, pero follo como Dios”, “-Eres un cerdo. -Pues del cerdo se come todo”, “Ven, que te voy a poner una orden de acercamiento”– se suceden por doquier, dejando de manifiesto la incapacidad de Moreno de ir más allá de la broma manida a la hora de construir un relato ya visto demasiadas veces. Basta con ver Pipas, el corto viral de Notodofilmfest con el que alcanzó notoriedad, para comprender una muestra de la tremenda simpleza del concepto y la realización que la catapultaron, perdida aquí al dar el salto a un largometraje que no es sino una sucesión de gags prestados. Que uno de los personajes aclare que no estamos viendo Resacón en Las Vegas no provoca que el continuo calco sea más ingenioso.

Cómo sobrevivir a una despedida (3) - Cinema ad hoc

Si aceptamos que el objetivo de Cómo sobrevivir a una despedida no se aleja de ser un producto comercial carente de originalidad pero competente en su naturaleza, su desarrollo funciona a ratos, ofreciendo un escuálido entretenimiento de garrafón sin despegarse del esquema. Las múltiples bromas basadas en fealdad o tamaño viril en boca de las protagonistas demuestran que, definitivamente, no se ha interiorizado nada de la esencia de los modelos a calcar. Y lo que podía quedar en pie se malogra por la hiperexplicación de los elementos cómicos en los que parece confiarse a ciegas: si confundir un frasco de Flores de Bach con otro de ketamina como desencadenante de la noche de locura se antoja un golpe demasiado fortuito, revelar el mismo en tres ocasiones no deja en buen lugar a un guión que repite este pecado de forma alevosa.

Pero llega su desenlace y comprendemos de repente que, además de su desganado concepto cómico, Cómo sobrevivir una despedida pretende erigirse en retrato de lo que aquí se define como Generación BY –“brand yourself”, válgame dios–. Porque resulta que la película también intenta ser un elogio hacia el emprendimiento del camino propio, la reivindicación de la búsqueda personal de una juventud que no se conforma con ser “ni perdidos ni ninis”. Más allá del supuesto ingenio encerrado en el juego de palabras “ser becaria me da urticaria” sabíamos poquísimo hasta el desenlace del conflicto de la protagonista con su carrera profesional, pero es que además su vía de superación final para el mismo pasa por abrir un blog y hacerse viral gracias al retuit de un famoso. Si como simple idea da vergüenza ajena, el hecho de querer incitar a que una generación entera en la España de 2015 se encuentre a sí misma de ese modo merece un buen aplauso en la cara del que tuviera tal idea. Gracias, Cosmopolitan.

Cómo sobrevivir a una despedida (4) - Cinema ad hoc

De este modo, lo que podía haber resultado al menos un aceptable reciclaje de ideas ajenas se pierde por culpa de un trasfondo turbio y difuso, que maniata los escasos aciertos de un guión tirando a lamentable. No sabemos si su verdadero público potencial posadolescente llegará a conectar con algo de lo mostrado, pero sí que a causa de su confusa vocación generacional Cómo sobrevivir a una despedida termina por cortarse las alas a sí misma.

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