septiembre 19, 2020

Críticas: Lilting

Ben Whishaw (Richard) and Naomi Christie (Vann) in Hong Khaou's LILTING

Doble reseña para Lilting.

Lost in translation por Luis Suñer

El debutante director Hong Khaou, cineasta de linaje chino afincado en Reino Unido, se embarca en su primer largometraje tras una exitosa carrera como guionista televisivo. Quizás sea esta la clave para comprender como una película puede llegar a estar tan descompensada entre forma y fondo, pues Khaou firma un guión sensiblemente bien trazado, otorgando veracidad en cuanto a sus propias experiencias como persona perdida en un mundo repleto de culturas entremezcladas y sin embargo, pese al premio a la mejor fotografía en Sundance 2014, la dirección de esta obra deja mucho que desear.

No nos hallamos ante una mala planificación a la hora del filmar el drama sino ante una formalidad meramente televisiva que abusa de los primeros planos, planos generales o plano contraplano en las diferentes conversaciones, llegando a resultar aburrida la falta de ingenio para tratar de hablar con las imágenes, contaminando las escenas más dramáticas con una música que subraya en demasía, sobreponiéndose a lo que vemos en pantalla y tomando más protagonismo del deseable, a la vez que excede a la hora de calmar las elipsis con evocadores paisajes naturales, ensimismándose continuamente en el viento y el cielo grisáceo londinense.

Deslizándose por las capas de un drama en el cual se nos van dando pistas a medida que avanza la historia y sin dejar de lado un sentido del humor muy bien logrado, Lilting es un conglomerado de emociones reprimidas que tienen la necesidad de aflorar, y para ello se nos sumerge en un continuo ir y venir de flashbacks o de ensoñaciones cuya función es la de abrirnos en canal los sentimientos de los protagonistas.  Con tal de conseguirlo, se tocarán temas rabiosamente reales como los miedos que nacen de la incertidumbre que despierta confesar una identidad sexual, el contacto intercultural, el lenguaje universal del amor por encima de cualquier falta de traducción, el temor a la pérdida del ser querido que demanda la oportunidad de emancipar su propia vida, y el ya últimamente mil veces tratado pero aun no concienciado dolor e incomprensión que provoca los entresijos entre padres e hijos a la hora de recluir a los ancianos que se vuelven “viejos y torpes”, como recalca el siempre gracioso Alan, para buscar una felicidad individual en la que siempre salen perdiendo los más mayores.

Por último, sí es justo alabar un guión que se acerca acertadamente a los elementos más terrenales de la vida. Mucho más es de agradecer que esto esté acompañado de la actriz Pei-Pei Cheng, quien logra una simbiosis asombrosa con el personaje que interpreta dotando de verosimilitud el dolor, las inquietudes, el temor y el desasosiego de una mujer perdida en un mundo que no es el suyo sin el único apoyo moral que tenía y viéndose obligada a aparcar viejos prejuicios y abrirse a un mundo nuevo al que debe adaptarse para tratar de sobrevivir emocionalmente.

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Stay with me, sway with me por MariFG

Lilting: cadencioso, armonioso.

Cadencia en el amor que se profesan Richard y Kai. Paz y ternura en su manera de mirarse, de tocarse, de sentirse y de cohabitar en un hogar fruto de la calidez de su amor, en el que no hacen falta artificios ni engaños de ningún tipo. Armonía sincera.

La misma ternura que se aprecia entre Kai y su madre, a pesar de que ésta rechaza frontalmente a cualquier persona que se interponga entre ellos dos, así como a la cultura y el idioma del lugar en el que habitan. Armonía tensa, amenazada por silencios que ocultan sentimientos.

Junn y Alan. Dos personas de mundos distintos que sin entenderse son capaces de vivir un amor otoñal de la misma manera en la que se vive uno adolescente. Ambos conviven en un entorno tan estancado como la mentalidad de Junn, una residencia decorada con un estilo retrógrado para que sus habitantes “vuelvan a sentir que viven en sus mejores años”. Armonía artificial, efímera.

Armonías que se rompen en el momento en el que todos estos elementos necesitan mezclarse debido a la ausencia de Kai, el motor de la vida de Richard y el de Junn por separado, no sólo en cuanto a la historia se refiere sino también a la de la propia película.

La cadencia, la armonía que se encuentra en el título del primer largometraje como director de Hong Khaou se transmite a su forma de rodar, a un montaje equilibrado y pausado entre la realidad y la ensoñación, entre el presente y el pasado, en tiempos que se superponen para llenar el vacío que Kai ha dejado en las vidas de Junn y de Richard. Kai es el protagonista de esas ilusiones visuales, de esos momentos en los que se confunde el deseo con la dolorosa evidencia de su ausencia, el eje sobre el que gira todo el planteamiento de la historia. Sin embargo, la estructura espiral en la que se mueve Lilting y que refleja la dificultad de entendimiento de dos personas unidas por el dolor hacia el mismo hombre, se pone al servicio de un guión que no termina de encontrar su sitio. Cuando pretende ser divertida utilizando el humor más british resulta grotesca, pero cuando pretende ser emotiva en todo el climax final, sustituye la emoción por un varios melodramas independientes que tienen su colofón en uno conjunto que, en lugar de sobrecoger, acaba por convertirse en sentimentalismo puro. Lilting es una película que cuanto más permanece en la memoria más desconcertante resulta en tanto en cuanto intercala secuencias bellísimas, como la del baile rodado de manera circular combinando las parejas mientras nos habla de la vida y la muerte, con otras en las que las acciones de los personajes se tornan con una sensiblería demasiado impostada y que por momentos roza el ridículo.

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