octubre 13, 2020

Críticas: Curiosa

Más que curiosa, anodina y horizontal.

Es realmente difícil comprender las intenciones de Lou Jeunet en Curiosa, su ópera prima. Al comienzo de la película aparece la definición de la palabra “curiosa”, al tiempo que se hace referencia al trabajo de Marie de Heredia como escritora, aunque la mujer siempre firmó con un pseudónimo, Gérard d’ Houville. Pese a que de una forma u otra todos los personajes están relacionados con el mundo de la literatura, la directora utiliza el texto informativo inicial como pretexto para recorrer en su película el camino que llevó a la joven a convertirse en escritora. Pero ni siquiera esto es del todo cierto: la actividad es algo muy secundario, casi un pegote dentro de un relato conducido por la correspondencia y las fotografías eróticas que compartieron Marie y Pierre Louÿs, un escritor y poeta que se dedicaba a fotografiar mujeres desnudas por puro placer. Ambos fueron amantes durante un largo tiempo, mientras ella estaba ―forzosamente― casada con Henri de Régnier, otrora íntimo amigo de Pierre.

Jeunet parece interesada en adentrarse en los recovecos más perversos o “prohibidos” de la burguesía en la Belle Époque, y desde bien pronto centra toda su atención en las sesiones fotográficas, así como en su rememoración por parte de los personajes e incluso en el simple acto de revisar las colecciones de imágenes, como decíamos, “prohibidas”. Si logramos abstraernos de la propia película, conectando algunos de sus elementos con la realidad de la época, trazando líneas y senderos que en la ficción no importan o no parecen siquiera existir, resulta verdaderamente interesante el personaje de Marie y su proceso de aprendizaje para alcanzar la autonomía, un fuerte y claro empoderamiento para esos tiempos. Pero en Curiosa todo está narrado y filmado de forma desapasionada; la mayoría de los planos podrían sustituirse por otros, cambiarse de lugar o desaparecer sin afectar en absoluto al resultado. Es difícil imaginar una forma más anodina y plana de acercarse a temas como el deseo y el erotismo.

Otro de los problemas, tan difícil de comprender como el porqué de esta película ―hay que dar demasiadas vueltas para establecer una analogía entre el carácter contemporáneo de la protagonista y algunas decisiones formales, y ni siquiera sería un ejercicio revelador―, es una cantidad nada desdeñable de escenas filmadas con planos muy cerrados y montaje trepidante, acompañadas de una música electrónica estridente en el peor de los sentidos, que cada vez es utilizada de forma más arbitraria, como una solución a las carencias del montaje y al escaso poder de las propias imágenes, igual de desapasionadas que el tono de la narración. Esto recuerda a la salsa o sopa a la que hacía referencia Danièle Huillet en el estupendo documental realizado por Pedro Costa sobre la pareja de cineastas formada por ella y su marido Jean-Marie Straub, ¿Dónde yace tu sonrisa escondida?: “Hay muchos maestros en la historia del cine a quienes admiramos mucho pero que, evidentemente, se mantienen gracias a la sopa…

Concretamente, a la sopa musical o de la banda de sonido, etc. No digo que sea ilegítimo o simplemente malo”. Por supuesto, en el caso de Curiosa no es ni mucho menos ilegítimo, pero la diferencia es que lo que debería ser un acompañamiento, un añadido, tiene aquí la función de transformar por completo lo visual, por lo que no sería incorrecto sentenciar que es “simplemente malo”.

Una de los pocos aspectos interesantes o positivos de la película es la interpretación de la actriz Noémie Merlant, muy popular ahora por su trabajo en Retrato de una mujer en llamas, quizá la razón de que una cinta como Curiosa vaya a estrenarse en España. Aunque la profundización en el personaje es mínima y su intelectualización queda relegada a un segundo plano en favor del erotismo como falso gancho para el espectador, su presencia física y su mirada anulan por completo a un ridículo Niels Schneider, que probablemente tenga poco que ver con sus cualidades interpretativas. Sin ir más lejos, hace meses pasó por nuestra cartelera Un amor imposible, de Catherine Corsini, en la que daba vida a un personaje bastante similar al de Pierre Louÿs con un resultado diametralmente opuesto.

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