agosto 15, 2020

Críticas: Las buenas intenciones

La gran familia global.

La comedia es un lenguaje eficaz para transmitir mensajes sociales a gran escala. Pocas cosas más universales que la risa y la diversión para que digiramos y reflexionemos sobre algún problema de nuestra cotidianidad, para discernir los cambios que debemos encarar para hacer de este un mundo mejor. En muchas ocasiones, la comedia sirve de didáctica encubierta. Y en Europa algo sabemos sobre comedia. La producción comercial española se sustenta en su mayoría en ellas, y pocos países nos abastecen de carcajadas audiovisuales con el volumen de Francia. Gran país de cine, del que nos llegan tanto peliculones como cine familiar o comercial que tan sólo atesora la taquilla como argumento. Pero bien puede venderse en el extranjero por su temática o por el nombre de alguna estrella de su reparto. Es este el caso de la película gala que se estrena este viernes. Se trata de la historia multiétnica Las buenas intenciones, dirigida por Gilles Legrand y protagonizada por Agnès Jaoui. Un filme que nos llega por sorpresa, y que me encontré cubriendo de manera inesperada pero sin prejuicios previos ni malas sensaciones, pues no sabía que esperar. Un lienzo en blanco que es siempre la mejor manera de descubrir una obra cinematográfica y aproximar su análisis. Por tanto, me encontré en aquella sala oscura por azares y malentendidos del destino, dispuesto a ser sorprendido por lo que Legrand tenía que ofrecer. Y si bien es cierto que abandoné la sala tras haber contemplado un producto cinematográfico al que no estoy acostumbrado, no podría sugerir que sustraje del mismo enseñanza de ningún tipo. Una película de temática humanista y solidaria de mensaje y forma amables, conciliadoras y tiernas, pero de entidad visual y textual escasa y tosca.

Isabelle vive una vida atareada. Combina su tensa vida familiar con su ajetreada actividad laboral, implicada hasta la médula en todo tipo de actividades humanitarias y poniendo todo lo que está en su mano para una plena y satisfactoria integración en la sociedad de inmigrantes y refugiados, a los que da clase de francés. Un afán por ayudar a los más necesitados que le pone en constante conflicto con su entorno, sus seres queridos y las limitaciones y problemáticas de su puesto, que se ve puesto en peligro por la llegada de una joven y competente profesora como competencia a unos alumnos que exigen de ella otro tipo de favores, como son un puesto de trabajo o una licencia para conducir. Cuando decida dar un paso adelante por ellos, todo lo que había formado su vida hasta ese momento se pondrá en riesgo.

Una comedia de enredos sobre una heroína solitaria logrando concienciar a su egoísta entorno familiar de la importancia de su lucha tanto a nivel social como a nivel personal, sentimental. La odisea de una profesora fuerte e irredenta en la formación de una nueva familia de todas las naciones. Un filme que juega su baza a disparar al corazón, desternillando en la superficie mientras enternece bajo la fachada. Una película, en suma, de la que podemos rescatar el factor humano, ofreciendo un plantel de personajes con los que simpatizamos instantáneamente. Aún si bien los alumnos es un grupo humano hilarante lleno de química fruto de un buen trabajo de casting, el conjunto no se sostendría sin la entrega en su núcleo de una sólida Jaoui. El visionado es ameno, y ocasionalmente lograr sustraer alguna carcajada.

Cómo cabía esperar, la construcción visual del filme es de una nulidad extraordinaria. La deriva argumental carece de sorpresas o energía cinematográfica, ateniéndose a estereotipos y fórmulas propias de la comedia familiar. Y el planteamiento y desarrollo de los conflictos es tan burdo como simple y bobo su humor. Digestión ligera y perecedera, película mascada y de mensaje único y fácil de interpretar y asumir para toda la ciudadanía. Película útil, que cumple la papeleta tanto como rechaza frontalmente cualquier tipo de estímulo o desafío sensorial para la bancada. Filme que rellena el tiempo entre evento y evento, relato tan asequible como intrascendente y olvidable a medio plazo.

Si sientes un deseo imperioso por conocer la totalidad de la cartelera cinematográfica, o si conectas de manera incondicional con la causa de los refugiados y los relatos humanitarios, esta es tu película. Para el resto, es aconsejable aplazarla, si acaso, para el visionado ante el televisor. Hay muchas mejores opciones en las que invertir nuestro tiempo.

Podéis leer más artículos de Nestor Juez Rojo en Celuloides en Remojo.

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