octubre 14, 2020

Críticas: Los dos Papas

Rivalidad deportiva entre Papas.

Dos mundos antagónicos, cohabitando en la Capilla Sixtina, pero a punto de colisionar. Como si se tratara del cambio de siglo, de lo viejo a lo nuevo; no obstante, sería del siglo XIX al XX, no el presente, teniendo en cuenta la ideología de ambos, estrechamente ligada a su fe y compromiso cristiano. Las doctrinas conservadoras de Joseph Ratzinger frente a la revolución eclesiástica planteada por Jorge Bergoglio; dos visiones opuestas en la curia vaticana que tuvo victoria para el primero en 2005 al suceder al Papa Juan Pablo II y una reválida en 2013 del argentino cuando su rival optó por renunciar al cargo de jefe de la Iglesia. Los dos papas desgrana la relación entre ambos en estos últimos años y se inmiscuye en la figura y psique del actual Papa Francisco. Mucho menos crítica de lo que aparenta ser y mucho más glorificadora de lo que pretende.

Netflix ha tenido un otoño fulgurante con los estrenos de las espléndidas El irlandés e Historia de un matrimonio, así como de títulos que compraron en festivales como la magnífica ¿Dónde está mi cuerpo? y la estimulante Atlantique. La plataforma de streaming cierra el año rescatando otro director estrella de la década pasada que había caído en el olvido: el brasileño Fernando Meirelles. Los dos papas es un drama sin alma y una comedia con inspirada mirada sarcástica al mundo eclesiástico. Como si sus mejores trabajos, Ciudad de Dios y El jardinero fiel, fueran obra de otro autor, Meirelles muta en esta ocasión en un director de comedia simpática francesa sin rastro alguno de personalidad. Sus últimas películas ya fueron sonoros fracasos artísticos, pero, en esta ocasión, causa estupor observar como algunos se han rendido a su nuevo filme, congratulándolo con cuatro nominaciones a los Globo de Oro.

Sin lugar a dudas, Los dos papas funciona cuando apuesta por la comedia y por presentar a los dos pontífices como personas humanas, desprovistas de su carácter intrínseco de mensajeros de la Palabra de Dios. Como unos superhombres corrientes. El punto de partida, presentando la confrontación ideológica cual partido de fútbol, resulta interesante y también la idea de ahondar en la figura de ambos. No obstante, la vertiente dramática de la película resulta en todo momento insulsa y reiterativa; disecciona más bien poco la psique de los dos protagonistas y los flashbacks de Bergoglio son más un lastre, porque corta abruptamente el desarrollo de la relación entre ambos, que un acierto narrativo para comprender las inquietudes y temores del argentino. La hostilidad entre Benedicto XVI y Francisco I, o mejor dicho, el desprecio del primero por el segundo, va convirtiéndose, poco a poco, en una curiosa y sorprendente relación de amistad. Quizás el único método para salvaguardar aquello que amas: la cúpula del cristianismo. Renovarse o morir. Aceptar lo venidero o ver desaparecer tu mundo.

Todo ello termina derivando en una excesiva glorificación de ambos papas. A lo largo de la película, se van perfilando claroscuros en el devenir de los pontífices, pero el buenismo impera en la mirada del director hacia ellos y el último tercio los sitúa en una especia de altar. Los papas campechanos. Por no hablar de que la película, por mucho que no sea la cuestión central del filme, pasa de puntillas por temas espinosos que han rodeado a la Iglesia Católica en los tres lustros que estos dos papas han comandado la institución vaticana. El silencio –casi- absoluto sobre ello dice mucho más que las anodinas conversaciones entre Ratzinger y Bergoglio.

Por otro lado, si Los dos papas destaca en alguno de sus aspectos es en el estupendo trabajo interpretativo de Jonathan Pryce y Anthony Hopkins. El primero ofrece uno de sus mejores trabajos y sorprende con un castellano perfecto; el segundo hacía años que, en la gran pantalla, no demostraba por qué antaño fue uno de los grandes actores del panorama cinematográfico. Ellos dos sí son merecedores de nominaciones a los premios más importantes, porque reflotan una y otra vez el insustancial drama que representan y están divertidísimos cuando la película apuesta sin tapujos por la comicidad.

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