mayo 28, 2020

Críticas: Cuestión de justicia

La lucha por la misericordia merecida.

“Lo contrario a la pobreza no es la riqueza. Lo contrario a la pobreza es la justicia”. Una lucha por los derechos constitucionales de todo ciudadano en base a las fuertes debilidades de un sistema judicial que perjudica a los más desfavorecidos. Cuestión de justicia es un notable drama judicial que enarbola un discurso esperanzador en favor de la justicia, como elemento primordial en una sociedad progresista, pero que no escatima en criticar duramente a un ordenamiento jurídico y unas instituciones corrompidas por el racismo enquistado. Resulta curioso, y es de agradecer, encontrarse con películas que te sorprendan por una u otra razón; en este caso, porque la cinta reunía varios ingredientes que para servidor eran motivo de ir con pies de plomo y, sin embargo, el potencial dramático del filme es de calado, no impostado. La fuerza de la historia y de cómo decidir contarla.

Todo por el compromiso social y ayudar a los más desfavorecidos frente al sistema. El protagonista de Cuestión de justicia es Bryan Stevenson, un joven afroamericano, recién licenciado en Derecho por Harvard, que decide dedicar su carrera a defender a personas que han sido condenadas erróneamente y no tuvieron una representación legal adecuada en el estado de Alabama en vez de labrarse una carrera en un bufete de prestigio en alguna gran ciudad. La mayoría de sus clientes son miembros de la comunidad negra que se encuentran en el corredor de la muerte esperando la ejecución de su sentencia. Uno de ellos es Walter McMillian, condenado en 1987 por un asesinato que no cometió y cuyas pruebas no apuntaban a su culpabilidad, solo la declaración dudosa de un testigo. La película narra la investigación, el laberinto legal y las horas de desasosiego de Bryan para dar con la verdad y conseguir la libertad de Walter.

Una historia real que aglutina todos los componentes para caer en el relato bienintencionado, en el maniqueísmo más agotador o en la sensiblería marca de la casa, pero afortunadamente Cuestión de justicia no cae en ese juego. Destin Cretton, autor de la magnífica Las vidas de Grace, recupera el vuelo tras la rutinaria El castillo de cristal y ofrece un drama judicial hecho con oficio, cine artesanal de la vieja usanza y con emociones surgidas de la verosimilitud de los hechos reales, sin necesidad de buscar la complacencia sentimental del espectador. Todo fluye orgánicamente, sin trucos de montaje ni emociones impostadas; la fuerza de la película emerge de la impotencia al constatar el calvario, alargado en el tiempo, que sufrió Walter entre rejas, esperando la muerte. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce: alguna secuencia sí que está de más, como esa glorificación de Bryan en la Iglesia, o también algún (ab)uso de la música, o algún personaje que aparece como herramienta manipuladora (el joven guarda del corredor de la muerte).

El poder dramático de Cuestión de justicia también recae en buena medida en Michael B. Jordan, protagonista absoluto de la cinta que se adueña del personaje con su habitual carisma y una fuerza arrebatadora para construir un hombre tan tierno e introspectivo como feroz en sus convicciones. Su alegato final es una lección de interpretación. A su lado, Jamie Foxx ofrece una de sus mejores actuaciones de los últimos años en la piel de Walter McMillian, su rostro en la soledad de la celda o al escuchar los distintos veredictos es sobrecogedor. Por último, del elenco, también merece la pena destacar el excelso trabajo de Tim Blake Nelson, un habitual secundario del cine y la televisión que aquí se planta como un robaescenas de los que dejan atónito. En definitiva, grandes interpretaciones en un muy estimable drama judicial; Cuestión de justicia es afortunadamente mucho más que la prototípica película de esta índole y, pese a sus errores, es eficaz en todo momento y puntualmente conmovedora.

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