mayo 27, 2020

Críticas: La candidata perfecta

Asfaltar una calle como derecho de todas.

Convenientemente estrenada en esta semana de la celebración del Día de la Mujer, La candidata perfecta es una lúcida y encomiable lucha por los derechos de igualdad entre hombres y mujeres en Arabia Saudí. Un país en constantes cambios en los últimos años, por ejemplo, desde hace pocos meses las mujeres pueden conducir automóviles cuando antes lo tenían prohibido. Esta acción tan habitual en el día a día ya puede ser recogida en la película de forma natural, sin que sea un dato relevante a destacar en la trama. No obstante, no todo el mensaje y la crítica social está plasmada con la misma sutilidad, al contrario, el excesivo tono divulgador y los subrayados innecesarios lastran el resultado final.

La lucha inquebrantable de Maryam es el motor de este drama que arranca con el cupo de paciencia de la joven doctora rebosando por todos lados. Su jornada laboral es una constante batalla para ganarse el respeto de sus compañeros y pacientes y el hecho de ser mujer la limita en todos los ámbitos de su vida: no puede ir a un Congreso de Medicina por un error burocrático de su tutor legal (un hombre, claro). Su deseo y ambición por asfaltar el camino del parking a la puerta de la clínica donde trabaja la conducirá a presentarse a las elecciones del Ayuntamiento y a poner de manifiesto el machismo enquistado en una sociedad patriarcal que minusvalía a la mujer por el hecho de ser mujer. Su candidatura política pone patas arriba el pueblo en el que vive y sacude el bienestar de su familia.

La directora Haifaa Al-Mansour debutó con la muy superior La bicicleta verde, una película rodada tan solo 7 años atrás, pero con muchas más restricciones de derechos para la mujer. En aquella funcionaba mucho mejor tanto el plano documentalista de la situación de ellas, como el mensaje e incluso el componente emocional en su desenlace. En este hiato temporal ha estrenado Mary Shelley, un interesante y sólido biopic con mirada feminista (y necesaria) sobre la figura de la escritora de Frankenstein. Con La candidata perfecta, presente en la competición por el León de Oro en Venecia, vuelve a sus orígenes con menos acierto, pero con la misma voluntad y la férrea convicción de denunciar una (o unas) situación injusta. Si la película funciona medianamente en todas sus secuencias, es en el acto final cuando todo se precipita al abismo: un par de secuencias redundantes y con mensaje incrustado con brocha gorda, resumiendo todo lo acaecido anteriormente, en dos conversaciones que congenian más en un anuncio conmemorativo de esta semana que no en una película con pretensiones artísticas.

Lástima de este atropello en el desenlace, pues el resto de la película era un buen drama reivindicativo que mostraba lúcidamente los cambios de la monarquía aperturista de estos últimos años en Arabia Saudí: de esconderse para rodar La bicicleta verde a poder quitarse el velo en algunos casos o conducir un coche. Muy interesante también es la confrontación de la protagonista con sus hermanas, dos visiones antagónicas sobre cómo avanzar en la igualdad entre hombres y mujeres. Lamentablemente, éstos son solo pequeños avances y ahí radica la fuerza de una película como La candidata perfecta: seguir lanzando dardos en la diana de los usurpadores de libertades y derechos. Sin embargo, todo ello debería ser mucho más natural y menos impostado; la entereza de Maryam y perseverante lucha es elogiable y hubiesen merecido mayor sutileza en su trazo; más cine y menos discurso. Más poder de la imagen y menos texto masticado.

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