octubre 13, 2020

Festival de San Sebastián 2020: Crónica 2

Momentos vitales en la segunda crónica del 68SSIFF.

El primer amor, la búsqueda del propio camino, el adiós a un ser querido. Tres etapas, tres puntos de inflexión vitales que nos marcan y definen quiénes somos y en qué nos convertimos. No es de extrañar, pues, que tantas veces sean protagonistas de poemas y canciones, de libros y películas; como tampoco lo es que, después de tanto tiempo, continuemos identificándonos y emocionándonos ante tales representaciones artísticas. Es el caso de tres de las películas que se han podido ver en las primeras jornadas de la 68ª edición del Festival de San Sebastián: Verano del 85, Nora y The Father.

El último largometraje de François Ozon auguraba ser ya desde un inicio uno de los platos fuertes de la Sección Oficial. Y así lo ha demostrado. Verano del 85 es un relato de esos que hablan directamente al yo del pasado, al yo de la juventud y a su corazón frágil e inexperto, ese corazón capaz de entregarse por completo a una persona que, en realidad, no deja de ser una ilusión, un reflejo de los propios sueños y deseos.

Y qué bien que se le da al realizador francés retratar ese primer enamoramiento en la vida del joven e inocente Alex. La atmósfera ochentera, la música, el baile, la desinhibición, el descubrimiento, y también esa pasión y deseo incontrolables que tan pronto se convierten en furia y tristeza inaguantables, rompiendo al protagonista para que sea luego él mismo quien recoja los pedazos y vuelva a engancharlos de nuevo, a su debido tiempo, construyendo así a la persona que será a partir de ahora y que lo definirá para siempre.

Basada libremente en la novela de Aidan Chambers Dance on my grave, Verano del 85 lo tiene todo para convertirse en una de las películas de la presente edición del festival: una historia con la que vibrar, dos espléndidas interpretaciones por parte de Félix Lefebvre y Benjamin Voisin, una paleta visual impecable y uno de esos momentos catárticos memorables, Rod Stewart mediante, que promete convertirse en la escena musical del año.

Nora

Hablando de escenas musicales. Quizá no tan catártica, aunque no por ello menos bella y significativa, la voz de la cantante vasca Izaro Andrés es la mejor banda sonora (con permiso del gran Pascal Gaigne) para el road trip de Nora, segundo largometraje de Lara Izagirre y película inaugural de la sección Zinemira. Tras la maravillosa Un otoño sin Berlín, la directora vuelve a retratar con bellísima sencillez y honestidad el camino lleno de tropezones de una joven perdida, Nora, y su viaje para conocerse y reasegurarse a sí misma.

A pesar de que su traducción literal, procedente del griego clásico, es “noble”, “Nora” en euskera también significa “¿a dónde, a qué lugar?”. Esa es precisamente la pregunta a la que tiene que hacer frente la protagonista del filme quien, tras la muerte de su abuelo, decide emprender un viaje por carretera para descubrir qué es aquello que la hace feliz y lo que verdaderamente quiere hacer con su vida.

Magnífica Ane Pikaza en el papel de Nora, conductora de un imperfecto y entrañable grupo de personajes que hacen de esta una historia en la que sentirse identificada, a gusto y un poco como en casa.

“A gusto” y “como en casa”, en cambio, no podrían ser dos sensaciones más alejadas de la realidad en el caso de la ópera prima de Florian Zeller. En The Father, el escritor adapta y dirige su propia novela, un descenso a los infiernos de la demencia senil, una experiencia que muchos hemos vivido en familiares y que tantas veces hemos visto en la gran pantalla. Esta vez, sin embargo, Zeller nos obliga a verlo, a sufrirlo, desde el otro lado, desde la confusión, el olvido, la desesperación, el miedo y el enfado constantes del enfermo.

El director juega con los espacios, mezcla los tiempos y funde a los personajes en un ejercicio de guion y montaje impecable (cómo no, la factura British siempre por delante) e implacable que tiene como capitán del timón a un soberbio Anthony Hopkins. A sus 82 años, el británico brinda una interpretación llena de matices, emotiva y demoledora, triste retrato de esa inevitable degeneración y última etapa en la vida de una persona.

Verano del 85, Nora y The Father. Tres etapas, tres momentos vitales proyectados en la gran pantalla a través de todas esas acciones que nos son tan familiares y que, al fin y al cabo, pueblan nuestro día a día. Soñar, enamorarse, equivocarse, perderse, bailar, sentir, encontrarse, equivocarse otra vez, rabiar, caer, levantarse, derrumbarse, levantarse de nuevo, crecer, amar, perderse de nuevo, doler, olvidar, morir… Y bailar de nuevo.

The Father

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