7 de diciembre de 2021

Críticas: Encanto

El mayor triunfo de Disney en años.

Un festín de música, color y fantasía desbordante. Encanto es la unión de la tradición del mejor musical Disney, con una sorprendente y magnífica galería de personajes y el talento de Lin-Manuel Miranda, creador de las magníficas canciones que componen la BSO de este nuevo clásico del estudio del ratón. Una película que, aunque con el ADN Disney en su columna vertebral, es narrativamente distinta a las recientes producciones y aborda temas muy adultos desde lo fantástico y lo cómico para ofrecer una película familiar de altura.

La protagonista de Encanto es Mirabel, la benjamín de los Madrigal, una familia afincada en un pequeño pueblo escondido en las montañas de Colombia. El hogar familiar tiene vida propia (imposible no acordarse de El castillo ambulante de Miyazaki) y en torno a ellos se ha forjado una leyenda de salvadores: la madre sana con alimentos, una hermana tiene fuerza sobrehumana, una tía que escucha a metros de distancia… La casa está presidida por una vela que nunca se apaga. Una luz que cristaliza el amor, la valentía, el espíritu luchador y el equilibrio de todo un pueblo. Una presión mayúscula, acrecentada en Mirabel, cuyo destino no le ha deparado ningún poder mágico a ella.

Mirabel se ha convertido rápidamente en una de las mejores protagonistas de Disney de la historia. Una joven que se siente relegada por todos los lugareños y carga a sus espaldas con el sentimiento de culpa de haber decepcionado a su abuela, la matriarca de los Madrigal. Disney hablando de la frustración y los miedos internos frente a la presión social por ser/convertirse en aquella persona que se espera de nosotros. Un tema adulto en una producción destinada sobre todo al público infantil. En cambio, Mirabel, sin ningún poder heredado del ritual familiar, es la primera en detectar la pérdida de la magia de Encanto. Ella hace una llamada de socorro para defender el hogar familiar.

La casa de Encanto es la expresión arquitectónica de la familia desestructurada, un derroche de imaginación para plasmar las inquietudes, los peligros y los sentimientos de todos los miembros de la familia. Las grietas en sus paredes son las heridas internas fruto de la frustración y las consecuencias de no afrontar los problemas de cara y guardar secretos bajo la alfombra. Lo mejor de la película es que, pese al protagonismo de Mirabel, todos los personajes tienen su espacio y aportan distintos puntos de vista al mismo problema: la hermana forzuda, la hermana ensimismada con la supuesta vida perfecta, la madre protectora, el tío ausente, la abuela testaruda… Todos tienen espacio para hablar, expresarse y cantar sus sentimientos e inquietudes.

Efectivamente, sobre todo, cantar. Como en los mejores musicales de Broadway todos los personajes tienen su canción, su momento de lucirse y adueñarse de la obra. No es la archiconocida estructura de los clásicos Disney de «balada de amor» (no la hay), «canción del villano» (el único villano es la presión social) y «canción del secundario gracioso» (no hay un Genio, Lumière u Olaf). Sí están las dos canciones capitaneadas por Mirabel, como cualquier protagonista, pero todos los miembros de la familia tienen espacio para cantar y tener entidad como personajes dentro de la película. Así pues, Surfrace Preasure, que bien podría ser el himno de toda una generación, We Don’t Tak About Bruno, expresión colectiva al miedo a lo desconocido, y Dos Oruguitas, la más emotiva de todas, son las mejores canciones de una magistral BSO compuesta por Lin-Manuel Miranda y Germaine Franco.

Con la llegada en 2008 del ahora denostado John Lasseter a Disney (tras la compra de PIXAR), el estudio inició una quinta época con Bolt. Después llegaron títulos ilustres como Tiana y el sapo o Big Hero 6 y grandes películas como ¡Rompe Ralph!, Frozen, el reino de hielo y Vaiana. Tras dejarla reposar una semana y apreciando todos sus numerosos hallazgos, uno puede decir en voz alta que Encanto es la mejor película de Disney de este siglo o, como mínimo, forma un impresionante Top5 junto a las últimas tres citadas y Lilo & Stitch.

La película de Jared Bush, Byron Howard y Charise Castro-Smith es un derroche de imaginación: la creación del hogar familiar es una de las máximas cotas a las que Disney ha llegado en el terreno de la animación. El espacio como expresión de los sentimientos de los personajes. A su vez, Encanto es un relato coral absolutamente arrebatador, tan afinado en su humor como conmovedor en su disección de la familia y los cimientos del amor. Y la BSO es para tenerla en bucle durante días, tal y como en su día sucedía con las de Alan Menken en los 90 o recientemente con las de Frozen y Vaiana. Pasen, disfruten, rían y lloren con los Madrigal.

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