7 de diciembre de 2021

Entrevistas: Juanjo Giménez

Juanjo Giménez: «El sonido es la salvación del cine.»

Tras ser nominado al Oscar por su cortometraje Timecode, Juanjo Giménez estrena su segundo largometraje de ficción. Con motivo del estreno de Tres charlamos con el director catalán de su nueva película, Marta Nieto y la experiencia de ir a una sala de cine y disfrutar del sonido.

– La protagonista padece una desincronización entre lo que ve y escucha. ¿De dónde surgió la idea de esta premisa argumental?

Juanjo Giménez: Soy un apasionado de la posproducción de sonido, no soy un profesional, pero sí he hecho algún trabajo de sonido para cortos. Te pasas muchas horas dentro el estudio, como la protagonista, y cuando estás ahí 12 o 14 horas seguidas y sales a la calle, hay como una especie de borrachera sensorial y empiezas a sentir el sonido de la vida real como si fuese una banda sonora. También dudas si la gente que te habla está fuera de sincro o no. Esta pequeña sensación, y que compartimos muchos técnicos de sonido, es el punto de partida: “y si realmente le ocurriera esto a alguien”.

– La desincronización es la herramienta narrativa para explorar el vació existencial de la protagonista. ¿Cómo llegó a convertirse en el quid de la película?

J. G.: Al principio del proyecto, la disincronía era la absoluta protagonista. Más adelante la película tomó otra dimensión y la disincronía la vinculamos a un personaje protagonista. Desarrollando el personaje empezaron a surgir las ideas de espejo: las disincronías emocionales de ella y este síndrome que nos inventamos, pero que hemos descubierto que sí existe. A partir de aquí, empezamos a jugar con las relaciones entre la disincronía emocional y fantástica.

– ¿Cómo fue combinar el drama familiar con este dispositivo narrativo más propio del fantástico?

J. G.: En el trabajo de guion fue clave buscar el alma a este punto de partida potente, porque corríamos el riesgo de que se agotara rápidamente. La evolución de la protagonista nos permitió explorar la búsqueda de los orígenes de ella: la propia (quién es ella) y la regresión en su trabajo (pierde el cine sonoro y se comunica con intertítulos). La película al final habla del “quién soy” y de “dónde venimos”, incluso a través del propio juego con el cine mirando atrás en el cine mudo.

Tres

– De hecho, la espina dorsal de la película termina siendo el drama de la protagonista.

J. G.: Sí, durante las 18 versiones de guion, la película encontró su espíritu y nosotros ya íbamos detrás de ella. La película nos llevaba por caminos que ni nos pensábamos que podía tomar. Nunca quisimos tener una concatenación de peripecias o que la propia pirotecnia eclipsara el resto del relato. Por eso nos esforzamos para que la protagonista tuviese una profundidad y densidad interesante y que la película fuese más que el puro juego de imagen y sonido. Y la idea primaria era esto plenamente, pero finalmente Tres tiene muchas capas.

– De hecho el título es Tres y hace referencia a la vertiente del drama familiar, en cambio, el título internacional (Out of sync) se centra más en el elemento fantástico.

J. G.: Me gusta mucho más Tres como título, el otro es mucho más descriptivo y obvio. Y precisamente la película no es así, ningún personaje dice nada a la cara, los secretos tienen protagonismo, las cosas se descubren a destiempo. Todo ocurre por debajo. Por otro lado, el título internacional no hace daño alguno y es una buena forma de captar la atención del espectador.

– La actriz protagonista se convirtió en una figura muy relevante cuando la película mutó hacia este relato. ¿Fue Marta Nieto la primera opción?

J. G.: No, de hecho, hicimos un casting, aunque Marta tuvo ventaja. Presentamos el proyecto en el Festival de Cans de Galicia y ella ahí vio el material que teníamos hasta el momento. Ella se acercó y me comentó que le fascinó la propuesta. En el casting, la llamamos y quedó claramente que sería la escogida. No marcó la diferencia que conociese el proyecto, pero su determinación fue absoluta desde buen principio para creer en el personaje y la historia.

– ¿Cómo fue la preparación del personaje: hay trabajo previo o mucha posproducción?

J. G.: Hay mucha posproducción, pero sobre todo mucho trabajo previo y en rodaje. Era un acto de fe: del mismo modo que ella se puso en mis manos cuando entró en el proyecto, luego fue justamente al revés, ella era la película y yo estaba en sus manos. Marta tuvo que hacer su doble trabajo: el emocional, asociable a cualquier película, y uno puramente técnico, de rememorar sonoramente los espacios. A veces, el sonidista directo le ayudaba con playbacks si la situación lo permitía, pero en muchas otras secuencias ella tenía que ponerse emocionalmente y sonoramente en un lugar que temporalmente ya había sucedido. Fue un trabajo puramente personal, porque no teníamos referentes para hablar de su labor en la película.

– Qué complicado y habla mejor del gran trabajo de Marta. No obstante, ¿algún referente sí tuvisteis para la película?

J. G.: Estrictamente de la sincronía no, porque no existen demasiadas obras. Encontramos un corto alemán, Delay, y luego algunas películas que juegan en un momento dado con ello como, por ejemplo, los gags en Cantando bajo la lluvia. En la fase de escritura del guion sí hicimos búsqueda de películas y ahí trabajamos con Berberian Sound Studio (Peter Strickland), La conversación (Francis Ford Coppola), Blow Out (Brian De Palma) y Thelma (Joachim Trier) por su tránsito entre lo sobrenatural y realista.

Tres

– ¿Suele ser la edición de sonido la parte técnica menos apreciada por los espectadores, más allá de excepciones como en blockbusters tipo Dune o Star Wars?

J. G.: Claramente sí. En los making-of el 80% del tema está enfocado en el tema visual: los efectos, la fotografía, el vestuario… El sonido queda relegado a un segundo plano. La primera escena de Tres es un acto de amor y una reivindicación de los técnicos de sonido y su trabajo.

– ¿Cómo sería tu vida si padecieses esta disincronía?

J. G.: En Tres llevamos al extremo la situación desde el fantástico, pero el público se puede identificar porque la protagonista refleja la distancia emocional con uno mismo, la desconexión con el presente y el hecho de observar desde fuera que lo que te está sucediendo no va por el buen camino. Esto es un sentimiento universal.

– De hecho es una desconexión total: su hogar, su madre, sus amistades, su trabajo…

J. G.: La única conexión con el mundo que llega a tener es su estudio. Es el lugar donde pasa muchas horas y es lo último que pierde. Cuando pierdes el último resquicio de realidad, en su caso es el trabajo, es cuando estás en el vacío absoluto. Ella lo pierde absolutamente todo.

– Lo que más me ha gustado es la relación maternofilial que cruza toda la película. ¿Cuándo descubristeis que ahí estaba la película realmente más allá del artefacto de la disincronía?

J. G.: La relación maternofilial no estuvo desde buen principio en la película. No es autobiográfica en ningún caso, pero está nutrida de mi experiencia: mi madre falleció durante la escritura del guion. Esto afectó a la película y su desarrollo. Cuando uno pierde a sus padres y no tiene hermanos se produce un punto crítico en tu vida en que pierdes tus referentes. Es un punto de desamparo emocional que quise reflejar en la película y ella lo vive en total disincronía. Todos lo vivimos un poco así, aunque sea sin el síndrome explícito. Tú estás en otro presente. Ahí creo que nos podemos seguir muy identificados.

– La película ha sido presentada en Venecia, Toronto y Sitges. ¿Cómo habéis vivido este triple estreno de altura?

J. G.: Estamos muy contentos por haber podido ir a los tres festivales y además las reacciones han sido muy buenas. El estreno con público en Venecia fue un momento catártico. En cada festival, cada uno con su audiencia particular, se fija en cosas distintas y las preguntas iban por caminos distintos. Ahí te das cuenta que la película tiene vida propia, que no tienes todas las claves y que el público ve cosas que tu como creador ya no ves. Es algo muy rico y estoy aprendiendo de mi propia película. Es muy gratificante observar la vida propia de la película.

Tres rinde homenaje a la edición de sonido, parte fundamental de la experiencia cinematográfica. ¿Cómo ves el futuro de la industria y las salas de cine?

J. G.: Hay mucho que comentar sobre este tema. Si lo relacionamos con la propia película, la protagonista va al cine y va arrastrada por el sonido. Ahora muchos se preocupan por ver las películas en las mejores condiciones en su casa, pero el sonido es una cosa muy difícil. Sonorizar una sala debe hacerlo un experto. Los cines que ofrecen una gran sonorización es una experiencia inmersiva que no puede tenerse en casa. Más allá de la experiencia comunitaria de ir al cine y la liturgia, que lo defiendo como cinéfilo que soy, la experiencia sonora es un tema del que se habla poco y es muy relevante. El sonido es la salvación del cine.

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