28 de septiembre de 2022

Críticas: Un amor intranquilo

Litio para la psicosis.

La vida padeciendo cualquier enfermedad, ya sea física o mental, se ve dificultada por las estructuras productivas en las que se encuentra preso el humano en sociedad. Unos lo llamarán capitalismo, otros meritocracia, pero no hay mérito en tener que seguir trabajando de forma insana, no hay capital que valga la integridad física o mental. Probablemente, y con casi toda seguridad, si le dieran a elegir a Damien, uno de los protagonistas de Un amor intranquilo (Les intranquilles, Bélgica, 2022) -quien sufre trastorno de bipolaridad- entre estabilidad mental o capital/capacidad para ser productivo, escogería la primera.

Joachim Lafosse nos presenta su último film como un drama de resiliencia ante una enfermedad mental que es capaz de llevarse la integridad mental de quien la sufre junto con el tsunami que arrasa con todo lo de su alrededor. Presenta una familia, la de Damien, compuesta por su mujer Leïla y Amine, el hijo que tienen en común. Desde la primera secuencia, se observa un hecho un tanto marciano: Damien y Amine se encuentran en un barco (en la costa mediterránea de Francia) cuando Damien decide quedarse nadando en medio del mar y Amine -un niño que aún va a educación primaria- vuelve solo con el barco hacia la orilla, donde se encuentra su madre. A partir de aquí, Leïla y Amine se verán con la responsabilidad de tomar roles en la familia que no les corresponden.

El film se mueve dándonos cada una de las perspectivas de los tres integrantes de la familia. Sobre todo la de Leïla y Amine. Con planos medios y primeros planos entramos en el retrato íntimo familiar que el director belga nos presenta, a través de la cámara en mano. Encontraremos pocos planos fijos, estos se mostrarán en momentos de calma o desconcierto, una especie de calma que precede a la tormenta. Si bien nos encontramos ante una película que trata la enfermedad mental, Lafosse en alguna de sus entrevistas ya declaró que no era el tema principal de la película, si no, más bien, el amor o la imposibilidad de amar por las circunstancias y el contexto en el que los personajes se encuentran, en este caso un trastorno bipolar, pudiendo ser el conflicto intercambiable a cualquier otro.

Estas declaraciones establecen unos límites peligrosos en los cuales se puede caer separando un concepto del otro en compartimentos estancos, usando la enfermedad mental como vehículo para contar la historia, sin tener en cuenta que, nada más lejos de la realidad, son indisociables. En el caso de Damien, su expresión vital viene dada, en casi la totalidad de la película, a través de su conflicto con la medicación y, por ende, con la relación que tiene para con su trastorno. El protagonista se representa a través de ese conflicto, por lo tanto, si se separa del mismo y se concreta en la relación que tiene él para con su familia, quedan muchos vacíos por en medio. No se puede entender al personaje si no es a través de su enfermedad, porque así se presenta, porque así se desarrolla.

Más allá de la intención de Lafosse y las declaraciones que pueda dar, el tema principal es lo anteriormente descrito, todo conflicto pasa por y a través de él, no hay intertextualidad en su obra, estamos frente a un estilo realista, lo que es, es lo que se ve, nada resulta metáfora de nada, no se usan figuras retóricas, es simple, cristalina como el agua de la costa azul francesa. Quizás es allí donde el film pierde fuerza, en un intento de realismo dramático, nos quedamos con un retrato sin posibilidad de continuidad, no hay esperanza. Responsabilizando a sus personajes de las “malas decisiones” que toman ante la situación, sin hacer un análisis transaccional para entender lo complejo del puzle que resulta la vida en sociedad padeciendo una enfermedad. Si en algo peca Un amor intranquilo no es en el dramatismo en sí de la cuestión, si no el dotar de dramatismo hechos que por sí mismos pueden serlo o no, dependiendo de cómo se abarque el asunto. Sujetándose en cómo esos personajes se relacionan. La falta de esperanza en estos terrenos no ayuda a nada, crea cliché. No cae en la frivolización del tema, pero no aporta perspectiva para que se puedan tener diferentes puntos de vista sobre la cuestión, dando una panorámica de lo que es el problema, pero no la solución, algo que en el cine y su historia se viene repitiendo en innumerables casos.

Un amor intranquilo nos presenta una mirada realista hacia un tema que a muchas personas le atañe, nos regala una pieza con la que reflexionar, lejos de visiones oníricas y psicosis en primera persona, se ve representadas las etapas de manía y momentos de calma de Damien a través del filtro de su red emocional creada a su alrededor. Resultando un film no necesariamente pretencioso pero que se queda a medio camino de dejar una huella en el espectador. Dejando un espacio suficiente entre la ambigüedad y el verismo dando como fruto ni una ni la otra.

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