23 de mayo de 2022

Festival de Málaga 2022: Crónica 1

Día 1: Inicio del festival.

La ciudad malagueña vuelve a reunirse como cada año en un intento de día soleado que se ve frustrado por las consecuencias del posible (o no) temporal. Mientras se asoma el sol entre las borrascas, se junta el polvo sahariano con las pequeñas gotas de la misma manera que acuden los espectadores al encuentro con las películas que este año acoge el festival. Encontramos los primeros indicios de que la ciudad hospeda películas con denominación de origen, España es la localización, el cine es su país.

El festival se inaugura por la mañana con la proyección de una película en Sección Oficial, Código Emperador, la nueva película de Jorge Coira, protagonizada por un Luis Tósar que parece absorbido por el thriller ‘fincheriano’ que tanto le gusta a España y que tan difícil le es de imitar. Con unos toques temáticos a El Reino (Rodrigo Sorogoyen, España, 2018), sin alcanzar ni un gramo de lo que el film de Sorogoyen nos aporta, la película trata sobre el control y cómo la vigilancia aporta poder. Parte de una regurgitación de algo que ya se había quedado bien dónde estaba. Por no hablar de los personajes femeninos, mujeres en nevera, sufrimiento femenino el cual sirve para que la trama del hombre avance, secundarios instrumentalizados…

Código Emperador nos trae un thriller errático que bebe de clichés con una temática suficientemente interesante como para querer avanzar más en la trama sin que ésta nos aporte mucho de dónde rascar. Estilística y formalmente pobre, con un sistema de planos-contraplanos de lo más convencional, con sus planos de situación aéreos de Madrid como si se tratara de una gran urbe americana, queriendo ser una película política, pero sin militar ninguna ideología ni posicionamiento, careciendo de discurso con el que dialogar lo crítico/social.

El Test

Según pasan las horas, el cielo se despeja y el azul del cielo se deja ver entre tantas nubes, presentándonos un nuevo paisaje, como la programación del festival. Una película como El Test de Dani de Dani de la Orden, también en la Sección Oficial, se proyecta después del descanso para comer, dando un giro genérico. En este caso hablamos de una película de comedia y enredo. Y es dónde me vuelvo a preguntar por qué España quiere vivir tanto en el exterior sin sentirse cómodo en casa. El Test trabaja terrenos neoliberales, la ética en un mundo que ha perdido la razón, la doble moral en eras del capitalismo. Pero más allá de un elenco digno de cualquier película de comedia española, es indudable que está lejos de ser una película memorable con una pretenciosidad de ser la nueva comedia española del año, un producto estudiado hecho para triunfar, una puesta en escena vehicular por la cual la imagen es el medio, pero no el idioma en el que habla. Un uso de la planificación meramente expositiva con movimientos de cámara que solo tienen la intención de exponer a través de una técnica perfecta, pero carente de ideas formales, hacen de El Test una película pretenciosa queriendo provocar la risa sin trabajar las bromas.

El sol se pone tras el final de la proyección y aparece la lluvia esperada, que dura pocos minutos, pero que acaba disipando el miedo a un festival pasado por agua. Finalizando la primera corta jornada, se acaba el día, se pone el sol y nos retiramos a callejear por las diferentes alfombras rojas de la ciudad, mañana será otro día.

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