26 de septiembre de 2022

Críticas: Laal Singh Chaddha

Cine-plantilla.

No es tu culpa que conozcas más la historia de Estados Unidos que la de la India. Han sido los estadounidenses los que han podido exportar a otros países sus hitos en la forma más espectacular, y es por eso que cuando piensas en magnicidios ves los sesos de JFK sobre la parte trasera de su Lincoln Continental del 61 y no a Indira Gandhi acribillada a tiros por sus propios guardaespaldas. Incluso puede que pienses que algo tiene que ver ella con Mahatma, y te equivocarías. En sus cabezas balas, 3 de un lado, 33 del otro y en la tuya una: la de un imaginario cortado a la “americana”.

Que la Paramount haya decidido estrenar en España un remake del aclamado y multipremiado repaso por la historia estadounidense que es Forrest Gump resulta cuando menos arriesgado, porque aquí se ha crecido con el Western y Bollywood suena más a cubata o modelo de coche. Pero tiene sentido, porque formalmente Laal Shingh Chadda es más estadounidense que las películas de Robert Zemeckis. Más papista que el papa, la cinta de Advait Chandan no duda en fusilar la plantilla original como si un molde de galletas se tratase a través de un movimiento de translación en el que la órbita no cambia su sentido en ninguno de sus puntos. Por momentos incluso original y copia se solapan de manera indistinguible: si no hay hippies bien se puede tirar de disputas violentas entre credos religiosos, pero a Laal le disparan en el culete y cree que algo le ha mordido el pompis, corre de costa a costa por todo el país y la chica de la que está enamorado le deja en el limbo durante décadas. Por lo icónico de sus devaneos, ya bien interiorizados por varias generaciones que han visto correr a Forrest Gump las incontables veces que ha pasado por televisión la versión India del clásico hollywoodiense es quizá la muestra más exagerada de lo que significa el ‘cine-plantilla’.

Y es algo tan común que ni nos damos cuenta, este ejercicio de apropiación o turismo fílmico, como una gira del circo del sol. Es el caso de Una novia para mi mujer, estrenada este verano apenas una semana después de Padre no hay más que uno 3, tercera parte de un proyecto que, al igual que el primero, se basa en una película argentina (y es que, en lo que vienen a ser comedias intrascendentes, nos dan mil vueltas). Y si de estos proyectos hay copias en países tan dispares como Corea del Sur, México o Italia no entiendo por qué tras este remake de Forrest Gump no podemos tener también en España un Pepito González implicado en el asesinato de Carrero Blanco, dando discursos en la Plaza del Sol durante el 15-M, cantando con Miguel Bosé o pidiéndole autógrafos a Fernando Fernán Gómez. Sería del gusto del todo el mundo, porque el humanismo estadounidense, terrorista emocional que habla de meritocracia a través de la idealizada vida de un autista (por invisible, el mayor cinismo del que se puede hablar), es el más efectivo acto colonizador de la historia del pensamiento occidental.

Laal Shingh Chadda es un refrito mimético que, a fuerza de capar todo lo que hace singular al cine de Bollywood (desde sus estridentes números musicales hasta sus épicas y desaforadas secuencias de acción), tan solo hace un par de cosas bien. La primera es repasar su historia con sentido del humor invitando al espectador ignorante a indagar en ella. La segunda intercambiar los bombones por golgappas (también conocidas como Pani Puri) una especie de bocata que consiste “esencialmente un cascarón de crepe frito crocante que es rellenado posteriormente con una mezcla de agua saborizada (denominada imli pani), chutney de tamarindo, pimiento, chaat masala, papa, cebolla o arvejas” (Fuente: Wikipedia). Tiene una pinta estupenda y, además, reformula y mejora la frase mítica y sin sentido de la película original. Porque uno ya sabe lo que le toca si se pone morado de bombones: un empacho empalagoso y lombrices en el culo. La vida, pues, es mucho más como una golgappa: “la barriga puede sentirse llena, pero el corazón siempre quiere más”.

Tras estas dos horas y media que dura este no-intento por crear algo nuevo tan solo queda revisar la original ante la duda, un tanto terrorífica, de si es tan cursi e insoportable como esta (y si la interpretación de Tom Hanks era tan machacante, reiterativa y fatalmente paródica como la de Aamir Khan).

En la escuela los profesores siempre dicen eso de “no aprobaréis si copiáis los apuntes, tenéis que explicaros con vuestras propias palabras”. Si Laal Shingh Chadda fuese un examen sería un suspenso como la copa de un pino.

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