13 de junio de 2024

Americana Film Fest: Crónica 2

Belleza y dolor.

Ahora que el Americana no se ciñe estrictamente al cine norteamericano y busca las producciones independientes por todo el continente, encontramos la mexicana El hoyo en la cerca de Joaquin del Paso, que aunque sigue los cánones del autoconocimiento en plena juventud, refulge en ella una mala baba unida tanto a sus raíces como al cine más batallero, pese a que en ocasiones parece que esa inquina que profesa la película se le vaya de las manos al director. En un campamento de verano donde crear a los líderes del futuro mexicanos nos introducimos en su supuesto paraíso del heteropatriarcado en el que modelar a imagen y semejanza a unos jóvenes y adinerados niños. A través de la religión y una lectura un tanto explícita de los abusos (ya sea por aprovecharse de una situación de poder o por exagerar cualquier posible miedo infundado), durante su primera parte se construye una oscura relación de equidistancias entre los jóvenes y los adultos, provocando un ambiente de tormenta a punto de estallar con bravura. El problema llega cuando la sutileza desaparece, y esta especie de El bosque de Shyamalan empieza a disparar en todas direcciones para fomentar el desprecio y el asombro. Nos vemos varados entonces en tierra de nadie, pasando límites morales sin consecuencia, de un modo en el impacto queda amortiguado por el exceso de estímulos. El resultado puede ser irregular, aunque sí sabe equilibrar una radiactiva crítica social desde los confines de una tierra sin ley cercada con una simple malla metálica.

Dual

Un asiduo al Americana como Riley Stearns no podía faltar con su nueva película, Dual, una distópica sci-fi con Karen Gillan de protagonista. En un mundo donde la muerte no implica la desaparición de una persona nos acomodamos para ver a Sarah enfrentándose a una vida que desprecia y que parece tener una fecha de caducidad corta. Ante la posibilidad de obtener una réplica idéntica que la sustituya en el futuro, acepta la oportunidad de convivir con una versión que fácilmente es capaz de mejorar su anodina vida. Quizá la gracia de Dual es enfrentar esta opción frente a un personaje gris y osco, ver cómo alguien con serios problemas para empatizar debe duplicar su futuro. Con un fino humor negro que se va incrustando en una situación mecánica, la película disfruta de cada uno de sus giros guionizados sin la necesidad de perder su lineal rumbo, siendo más poderosa en las afiladas verdades que en sus pequeños gags cómicos, consiguiendo que la tristeza o la decepción sean mejores motivos para celebrar que las segundas oportunidades.

Sobre Linoleum es difícil escribir obviando sus claras referencias. Para enfrentar la película de Colin West existen dos posibilidades. Si has visto Donnie Darko la puedes evitar porque todo lo que sucede te va a remitir a la genialidad de Richard Kelly; si no la has visto, ¿a qué esperas? ¡recibirás una propuesta mucho más gratificante! Pese a la promesa de una feel good movie, Linoleum peca de encontrar demasiados recovecos a partir de los que fomentar una historia ya conocida. A través de sus paralelismos podemos empatizar mejor o peor con su protagonista, incluso disfrutar de un decorado final donde la fantasía se alimenta de un drama positivista a partir de la reiteración exagerada, pero no siempre el envoltorio es suficiente para conseguir lo que se propone West aquí, al final el cohete se lleva tan lejos nuestro corazón que es imposible desbordarlo de ese amor que nos lanza a la cara como si fuesen millones de confetis, y claro, nos inunda los ojos de papeles brillantes y molestos en vez de lágrimas.

Linoleum

Sí hay una película que nos ha destrozado el ánimo en esta edición, sí en el mal sentido porque la sala entera suspiró y quedó paralizada al finalizar la proyección, pero también en el bueno al crear un film inolvidable y de fuertes convicciones a la hora de narrar una historia, por muy descorazonadora que nos parezca. Palm Trees and Power Lines es el debut de la directora Jamie Dack que ya tuvo la oportunidad de llevar el corto homónimo a Cannes en 2018. El largometraje trabaja con finura la idea de la coming of age dentro de un periodo estival, y donde muchos idealizan la situación, Dack aprovecha para arrojarnos la crudeza de una realidad posible pero no tan fácilmente aceptable por el espectador. Las actuación con tanta viveza de Lily McInerny junto a la credibilidad con que Jonathan Tucker consigue que salten todas nuestras alarmas —ese punto de inflexión al oírle decir «tu bikini no conjunta»— nos lleva a un inspirado drama en el que todo es idílico y a la vez horripilante con la simple idea de estar frente a dos personas que casualmente conectan. Esas últimas palabras tienen todo tipo de matices que es mejor conocer viendo la película, donde gana por momentos al no ser plenamente conscientes de la firmeza con que arrojará su conclusión, una que queda anclada en el tiempo en nuestra cabeza, una que reflexionar con frialdad pasado el tiempo no nos permite salir de ese pozo en el que nos sumerge el film.

Palm trees and power lines

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